Los estudios sobre la cibercultura y los new media. Extendiendo el campo de la literatura comparada

Cyberculture and New Media Studies. Expanding the Comparative Literature Field[*]

Domingo Sánchez-Mesa Martínez (Universidad de Granada)

Artículo recibido: 15-09-2015 | Artículo aceptado: 20-11-2015

ABSTRACT: This article attempts to establish some basic conceptual coordinates for a better comprehension of the conditions of possibility for Comparative Literature within cyberculture. Since the extension of the literary and the field of Comparatism itself at the crossroads and borders of both Cultural & Visual Studies, and Audiovisual Communication & New Media Studies, a review of Pierre Levy¬īs theoretical description of cyberculture and cyberspace is proposed. Such review is conveyed through a counterpointes critique, addressed both to Levy¬īs arguments as to the texts of three relevant representatives of the cultural critique of cyberculture. The need for a renewed critical theory of cyberculture is stressed, whenever a deep knowledge and experience of its specificity is provided. Likewise, the idea that any technological determinism must be overcome in this discussion is highly emphasized (technologies and new media do not determine but condition social change). The author aims to favor and contribute to the upraising of a debate where relevant cultural answers, besides technical and informational ones, will be given to the great challenges and sociocultural conflicts being experimented in this late global phase of capitalism.
RESUMEN: En este art√≠culo se trazan algunas de las coordenadas conceptuales b√°sicas para un mejor entendimiento de las condiciones de posibilidad de la Literatura Comparada en el contexto de la cibercultura. A partir de la expansi√≥n del concepto de lo literario y del √°mbito propio de disciplinas como el comparatismo, en las fronteras con los estudios culturales y visuales, de comunicaci√≥n audiovisual y nuevos medios, se propone una revisi√≥n de la descripci√≥n te√≥rica (fundacional y de referencia) de la cibercultura y el ciberespacio de Pierre L√©vy. Dicha revisi√≥n se articula a modo de cr√≠tica en contrapunto, tanto de dicha descripci√≥n como de algunas de las voces m√°s relevantes de la cr√≠tica cultural de la cibercultura. Se enfatiza la necesidad de una renovada teor√≠a cr√≠tica de la cibercultura, suficientemente ilustrada sobre la especificidad de la misma que, trascendiendo todo determinismo tecnol√≥gico (las tecnolog√≠as no determinan, solo condicionan el cambio social), sea capaz de dar respuestas adecuadas, m√°s all√° de soluciones t√©cnicas o informacionales, a los grandes conflictos socioculturales que se registran en esta fase global √ļltima del sistema capitalista.

KEYWORDS: comparative literature, cyberculture, capitalism, transparency, Big Data
PALABRAS CLAVE: literatura comparada, cibercultura, capitalismo, transparencia, Big Data

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‚ÄúLas disciplinas acadeŐĀmicas tienen historias, pero no esencias‚ÄĚ
Saussy, 2006: 66

1. Límites en movimiento del campo de estudio

Una de las citas que me han acompa√Īado y a la que mi memoria ha sido m√°s fiel cuando he tratado de explicar en qu√© consist√≠a mi √°mbito de reflexi√≥n, el fundamento de mi especialidad acad√©mica, se debe al fil√≥sofo ruso de la literatura y la cultura, Mija√≠l M. Bajt√≠n:

En la afición especificadora se menospreciaron los problemas de relación y dependencia mutua entre diversas zonas de la cultura, se olvidó que las fronteras entre estas zonas no son absolutas, que en diferentes épocas estas fronteras se habían trazado de maneras diversas, no se tomó en cuenta de que la vida más intensa y productiva de la cultura se da sobre los límites de diversas zonas suyas, y no donde y cuando estas zonas se encierran en su especificidad. (Bajtín, 1989: 347)

En los a√Īos 80[1] una declaraci√≥n semejante reforzaba las posturas m√°s favorables a la apertura y proyecci√≥n de las categor√≠as te√≥rico-literarias y po√©ticas a otros √°mbitos de la creaci√≥n art√≠stica y cultural. Pod√≠a leerse como un apoyo m√°s para un comparatismo interart√≠stico, con frecuencia cuestionado, que sumado al concepto del signo ideol√≥gico de Valent√≠n Voloshinov (1929) favorec√≠a igualmente un desarrollo del comparatismo en cuanto teor√≠a del discurso. Esta tendencia, de orientaci√≥n en principio sociosemi√≥tica,¬† maduraba ya en los a√Īos 90, percutiendo disruptivamente en el panorama espa√Īol de los estudios te√≥rico-literarios, mayoritariamente en guardia contra el temido potencial desconstruccionista de aquella teor√≠a y su cuestionamiento de la fragmentaci√≥n disciplinar e intelectual,¬† supuestamente c√≥mplice en muchos contextos de un mantenimiento f√©rreo de las estructuras de poder institucionales o de unas prioridades presupuestarias bastante conservadoras en lo relativo a la investigaci√≥n y docencia. En los 35 a√Īos transcurridos desde la publicaci√≥n de aquella entrevista a Bajt√≠n hemos asistido al declive, con momentos de repunte y sucesivas ca√≠das, de los estudios de Humanidades en su concepci√≥n m√°s cl√°sica (S√°nchez-Mesa, 2010).

Ya entrada la segunda d√©cada del siglo XXI es m√°s visible el discurso de las Nuevas Humanidades, incluso de las Humanidades Digitales, una entelequia en nuestro pa√≠s hace algunos a√Īos pero cada vez m√°s una realidad en el ‚Äúcampo de juego‚ÄĚ de la educaci√≥n y la investigaci√≥n, con grupos e institutos de investigaci√≥n, t√≠tulos universitarios y publicaciones que demuestran esta proyecci√≥n del pensamiento cr√≠tico, historiogr√°fico, ling√ľ√≠stico, filol√≥gico y art√≠stico a las nuevas realidades de la sociedad global y la cultura de los nuevos medios digitales, de la cibercultura en todas sus dimensiones (S√°nchez-Mesa 2009; Warwick et al, 2012; Terras et al, 2013;).

La Literatura Comparada, por su parte, es una disciplina que en su evoluci√≥n acad√©mica reciente ha ido incorporando a las l√≠neas tradicionales de investigaci√≥n en aquellos fen√≥menos literarios que se manifiestan m√°s all√° de las fronteras y lenguajes nacionales, la revisi√≥n de las metodolog√≠as comparatistas a la luz de los desplazamientos e impacto de los llamados nuevos medios (videojuegos, redes sociales, apps, etc.). con el macro o metamedio de Internet como espacio integrador del nuevo paisaje medi√°tico. En este contexto, la funci√≥n del comparatismo, entendido tanto como teor√≠a del discurso como cuanto uno de las ramas del sistema institucional de los estudios literarios y culturales, responde, en primera instancia, m√°s a una actitud ante la comunicaci√≥n y los textos culturales que a una definici√≥n estrecha y estricta de su objeto de estudio. Como ya se√Īalaba Benedetto Croce en 1903 e insist√≠a, desde una posici√≥n distinta, Ren√© Wellek (1958), y tal y como recordaba Antonio Monegal, un siglo despu√©s en el √ļltimo gran homenaje a Claudio Guill√©n (2008), la Literatura Comparada vive parad√≥jicamente la recurrente necesidad de defender una especificidad que no es del todo exclusiva, puesto que su objeto de estudio, la internacionalidad de lo literario, y su m√©todo, la comparaci√≥n y conexi√≥n de textos y fen√≥menos literarios m√°s all√° de lo nacional, no le son privativos y son compartidos por las Filolog√≠as y otras disciplinas human√≠sticas e incluso de Ciencias Sociales. Claudio Guill√©n, en la misma l√≠nea se√Īalada por Harry Levin, se decantaba por considerar que el comparatismo, m√°s que un m√©todo, consist√≠a en una actitud, una perspectiva que comportaba una serie de preguntas (Guill√©n, 2005). Guill√©n hablaba de la irreductibilidad de la literatura, cualidad que Monegal eleva a la categor√≠a de aut√©ntico lema para justificar la extensi√≥n de la disciplina a problemas y √°reas de investigaci√≥n que van m√°s all√° de los tradicionales. De cualquier forma, si convenimos que una disciplina se define por las preguntas y problemas que se plantea, y estamos de acuerdo tambi√©n en que la Literatura Comparada debe seguir precisamente el impulso de revisi√≥n y extensi√≥n que demanda la experiencia real de lectores y escritores a lo largo del tiempo dando cuenta de esa metamorfosis permanente en que consiste, a su vez, la respuesta de la literatura al cambio social, hist√≥rico y ling√ľ√≠stico, entonces no resultar√° extra√Īo o contraproducente que cuando el paradigma de la comunicaci√≥n digital y sus tecnolog√≠as se instala con la actual fuerza de penetraci√≥n y transversalidad en las sociedades contempor√°neas (cibercultura) y en el conjunto de las ciencias sociales y humanas, la Literatura Comparada no deje de reaccionar a dicho paradigma. Nos encontramos, por tanto, en el umbral de un nuevo cap√≠tulo (el fen√≥meno no es radicalmente nuevo) de la evoluci√≥n de la literatura aumentada (S√°nchez-Mesa, 2011b), una coyuntura en la que el comparatismo nos ayuda comprender de qu√© modo lo literario se expande o comprime, prolongando la negociaci√≥n de sus fronteras al tiempo que avanza una de las transformaciones culturales e hist√≥ricas, a nivel mundial, m√°s radicales de la historia moderna y contempor√°nea, cuyos perfiles y caracter√≠sticas apenas estamos empezando a comprender en esta segunda d√©cada del siglo XXI.

Estoy del todo de acuerdo con Antonio Monegal cuando afirmaba, en el citado trabajo, que la literatura comparada puede considerarse el termómetro del estado de los estudios literarios (Monegal, 2008).  Si en la coyuntura de 2006 los recurrentes e inevitables temores sobre la pérdida de centralidad de la literatura como objeto de estudio de la Literatura Comparada parecían atenuados o relativamente superados[2], esto era posible porque, una vez asumida la imposibilidad del consenso absoluto sobre la definición de lo literario (su irreductibilidad), la disciplina se vería liberada de la presión de la supuesta ilegitimidad de ocuparse de otros discursos o prácticas culturales, que se prestaran a un análisis o comprensión fructífera desde las preguntas propias de la disciplina. O dicho de otro modo, la Literatura Comparada no tendría por qué ocuparse exclusivamente de leer literatura (Saussy, 2006: 23) o de acometer análisis e interpretaciones de textos verbales, abriéndose decididamente a prácticas culturales y objetos de estudio no verbales o bien claramente intermediales[3].

En otro orden de cosas y en t√©rminos de longe dur√©e, sabemos bien que ning√ļn estado cultural suprime del todo y de un plumazo el estado o fase cultural anterior. De este modo, la llamada sociedad red (Castells, 2006), que nosotros venimos llamando, desde una perspectiva paralela pero no id√©ntica, cibercultura, nos ofrece un panorama de transici√≥n e intersecci√≥n entre modos de comunicaci√≥n, creaci√≥n y representaci√≥n cultural propios de la sociedad de masas y otros propios de esta nueva sociedad emergente. La cibercultura se encuentra marcada por el signo de la complejidad creciente, la fragmentaci√≥n, la descentralizaci√≥n de los focos tradicionales de poder e influencia y por una oscilaci√≥n, que podemos entender como contradictoria o al menos parad√≥jica entre, por un lado, la intervenci√≥n de millones de agentes (antes meramente receptores) en la comunicaci√≥n cultural a trav√©s de Internet y los nuevos medios digitales interactivos y, por otro lado, la concentraci√≥n empresarial e institucional sin precedentes de la titularidad de los medios de comunicaci√≥n, producci√≥n cultural y de tecnolog√≠as del llamado info-entretenimiento. Nos encontramos ante lo que Henry Jenkins denomina cultura de la convergencia (2008).

Hace ahora casi 20 a√Īos Joaqu√≠n Aguirre se preguntaba por el impacto de Internet en el sistema literario, en sus dimensiones creativa, lectora, educativa, cr√≠tica, editorial y comercial (1997)[4]. Desde entonces, la irrupci√≥n del libro electr√≥nico y de las tabletas como soportes e instrumentos de lectura, almacenaje y compra de los nuevos formatos literarios; los repositorios y bibliotecas digitales; la edici√≥n online de revistas acad√©micas; Amazon y otras grandes librer√≠as virtuales; Scribd; la blosgosfera; la educaci√≥n abierta en las redes y la introducci√≥n de esquemas y modelos m√°s interactivos y negociados en los programas y metodolog√≠as de formaci√≥n en estudios literarios; la expansi√≥n y multiplicaci√≥n exponencial de los fen√≥menos relacionados con la adaptaci√≥n o reescritura intermedial; la emergencia y desarrollo de nuevos modos de creaci√≥n literaria, interactiva, multimedia y colaborativa; la producci√≥n y consumo transmediales de los mundos y relatos de ficci√≥n o no ficci√≥n que se expanden y adaptan en distintos medios y plataformas tecnol√≥gicas, etc., todo ello no son m√°s que algunos de los s√≠ntomas que podemos identificar en la evoluci√≥n de aquel claro ‚Äúimpacto‚ÄĚ que Internet y los nuevos medios empezaban a tener en el sistema literario, hace ahora dos d√©cadas.

Sin abandonar la plataforma de la mirada o actitud comparatista frente a lo literario y otras pr√°cticas culturales susceptibles de ser estudiadas desde un m√©todo relacional, dial√≥gico y cr√≠tico como el aqu√≠ propuesto, lo cierto es que podemos identificar un desplazamiento progresivo desde la centralidad del texto verbal como foco de atenci√≥n de la teor√≠a literaria y la literatura comparada, hacia conceptos y problemas m√°s amplios tales como la intermedialidad, la noci√≥n de medio, la remediaci√≥n, la adaptaci√≥n y, movidos por el empuje de los nuevos modos multiplataforma de producci√≥n, consumo y participaci√≥n en mundos de ficci√≥n distribuidos y expandidos en distintos medios, las nuevas formas de transmedialidad¬† (Baetens y S√°nchez-Mesa 2015).¬† En este contexto, y siendo conscientes que estos planteamientos son, probablemente, muy gen√©ricos en el contexto de esta publicaci√≥n, nos disponemos a continuaci√≥n a trazar un breve recorrido, fragmentario y a la fuerza provisional, por algunas de las cuestiones que considero clave en el debate sobre las condiciones de posibilidad de un pensamiento cr√≠tico sobre la cibercultura, a partir del cual afrontar temas que deben considerarse propios de la reflexi√≥n te√≥rico-literaria y comparatista entendidas como teor√≠as cr√≠tico-culturales. Entre esas preocupaciones est√°n la compleja red de relaciones √ļltimas entre cultura, tecnolog√≠a y sociedad, los cambios en la configuraci√≥n de las identidades individuales y colectivas en la cibercultura, la evoluci√≥n de las relaciones de poder en las mutaciones del sistema de medios de masas en transici√≥n hacia (o hibridaci√≥n con) los nuevos medios interactivos y, por ende, las posibilidades de entornos m√°s genuinamente democr√°ticos en las formas de comunicaci√≥n cultural que se dan cita en la cibercultura.

2. La cibercultura: Complejidad creciente de las relaciones entre Cultura, Tecnología y Sociedad

¬ŅCu√°les son las funciones que puede y debe seguir cumpliendo la Literatura Comparada, en estrecha correlaci√≥n con la Teor√≠a de la Literatura y los Estudios de Comunicaci√≥n y de Medios?[5] Revisamos aqu√≠ algunos temas o problemas que se mantienen en la agenda de los estudios comparatistas volcados en la especificidad de las culturas y sociedades llamadas de la informaci√≥n y el conocimiento, donde modernismo y postmodernismo siguen enlazados en una contradanza llena de roces que, de momento, arrojan el resultado del imperio del tecno-capitalismo cuyas relaciones y modos de producci√≥n mutan en din√°micas marcadas por la complejidad y el conflicto, exasperando la lucha de los sujetos y las comunidades por configurar identidades suficientemente definidas como para no caer en las nuevas formas de anomia, las del exceso o saturaci√≥n informativa, la hipervisibilidad y la mercantilizaci√≥n progresiva del ser, seg√ļn la versi√≥n m√°s acr√≠tica de la l√≥gica y la est√©tica de las bases de datos.

El fil√≥sofo tunecino Pierre L√©vy, implicado en los √ļltimos a√Īos en el desarrollo de un lenguaje simb√≥lico, el IEML (Information Economy Meta Language), que constituir√≠a la base de una aut√©ntica web sem√°ntica, capaz de aprovechar todo el potencial computacional de la inteligencia algor√≠tmica, ha sido una de las autoridades de referencia en la descripci√≥n e interpretaci√≥n de la cibercultura desde mediados de los a√Īos 90. A pesar de la velocidad de la evoluci√≥n de las realidades que denomina dicho t√©rmino, los 18 a√Īos transcurridos desde su c√©lebre informe a la UE (L√©vy, 1997, traducido al espa√Īol en 2007) no han hecho envejecer en exceso aquel informe, manteni√©ndose vigentes muchas de las observaciones all√≠ recogidas. Es cierto que el estado de cosas, en t√©rminos de violencia b√©lica y estructural o en los niveles de desigualdad econ√≥mica y social a nivel mundial, no ha cesado de deteriorarse en estas dos d√©cadas y que el optimismo (que no euforia) que desprend√≠a aquel informe respecto a las posibilidades emancipatorias del ciberespacio podr√≠a verse empa√Īado si uno se limita a comprobar en qu√© medida aquellas expectativas se habr√≠an cumplido. No obstante, aquel estudio nos sigue pareciendo una magn√≠fica piedra de toque, entre otras cosas, para tomarle el pulso al estado de la cr√≠tica de la cibercultura.

En la parte tercera y final de aquel informe y tras una brillante y bastante equilibrada descripci√≥n de los fundamentos de la cibercultura y del ciberespacio como matriz y medio de comunicaci√≥n en que aquella deviene una realidad tecno-social, Pierre L√©vy contestaba las grandes cr√≠ticas o razones por las que este estado cultural (que √©l relacionaba con la cuarta gran revoluci√≥n cultural de la historia: tras la aparici√≥n de la escritura, los alfabetos, la imprenta y los medios electr√≥nicos de comunicaci√≥n) generaba (y sigue generando) un amplio escepticismo cuando no una oposici√≥n radical entre los principales c√≠rculos de la cr√≠tica cultural. Antes de repasar, en contrapunto con los argumentos de L√©vy, conviene recordar el pilar nuclear de la presentaci√≥n de la cibercultura que hizo L√©vy, esto es, el concepto de inteligencia colectiva. Esta ha sido una idea especialmente influyente y relevante, entre otros aspectos, en la pujante emergencia de las nuevas narrativas transmediales y/o del transmedia storytelling, seg√ļn la definici√≥n seminal de Henry Jenkins (2008). En primer lugar, es oportuno aclarar que L√©vy plante√≥ este concepto en t√©rminos de un ‚Äúproyecto‚ÄĚ, un proyecto b√°sicamente heredero de la modernidad y movido por intereses b√°sicamente emancipadores. El principio del conocimiento ‚Äúen red‚ÄĚ est√° en la base de este concepto de inteligencia compleja, que nosotros denominar√≠amos ciborguesca, dado el nivel de integraci√≥n ‚Äúhumano-m√°quina‚ÄĚ que supone, y que L√©vy hace descansar en el poder de la conexi√≥n e interacci√≥n de los saberes individuales, cuya suma resultar√≠a inferior al del funcionamiento reticular de dicha agregaci√≥n a trav√©s de las plataformas tecnol√≥gicas y las instituciones y pr√°cticas sociales y culturales integradas en el ciberespacio. M√°s que una ‚Äúutop√≠a tecnol√≥gica‚ÄĚ, L√©vy la reivindicaba como la reactivaci√≥n del viejo proyecto de emancipaci√≥n de lo humano a partir de las disponibilidades t√©cnicas del presente, y ello a partir de tres tesis fuertes (Levy, 2007: 183-184):¬† a) tanto la inteligencia colectiva como los dispositivos t√©cnicos que la apoyan no pueden imponerse por poder central alguno, siendo sus beneficiarios tambi√©n responsables de su funcionamiento, el cual deber√≠a ser progresivo, integrador, incluyente y participativo; b) la inteligencia colectiva es m√°s ‚Äúun problema abierto‚ÄĚ que un programa aplicable de forma inmediata. L√©vy siempre admiti√≥ que hay versiones distintas de la red (desde el ‚Äúgran supermercado‚ÄĚ[6] o el mayor espacio de vigilancia conocido, hasta versiones m√°s pol√≠ticas y democr√°ticas como la que su informe promocionaba) y que este modelo, siguiendo el lema plat√≥nico-derridiano del pharmakon, puede ser tanto remedio (para los que se atreven a intervenir y aprovechar el complejo de opciones abiertas y en conflicto) como veneno de los que quedan fuera, excluidos o autoexcluidos de alguna forma; y c) los dispositivos t√©cnicos no garantizan la actualizaci√≥n de sus potencialidades m√°s beneficiosas. Las tecnolog√≠as del ciberspacio no determinan sino que condicionan los posibles cambios o evoluci√≥n social.¬† Esta es una lecci√≥n aprendida de la historia del cambio tecnol√≥gico. Ninguna revoluci√≥n cultural ha sido la consecuencia autom√°tica de un cambio tecnol√≥gico. El futuro, en este sentido, siempre est√° abierto.

El rechazo del determinismo tecnológico es una de las premisas que cualquier agente en este debate debe tomar muy en serio pues, no importa si se alinea en las filas de los apocalípticos o en la de los integrados, dicho determinismo es el lastre que normalmente ha perjudicado este debate, al menos y sobre todo en el campo del pensamiento y de las Humanidades Tecnológicas o Digitales.

Como dec√≠amos m√°s arriba, nuestro prop√≥sito es revisar el debate actual sobre las vinculaciones entre cultura, tecnolog√≠a y sociedad en el contexto de crisis econ√≥mica y pol√≠tica que aqueja a las democracias propias de los estados naci√≥n contempor√°neos. Y en este punto lo haremos contrapunteando la cr√≠tica de la cr√≠tica que ensayaba ya Pierre L√©vy, en el texto al que venimos refiri√©ndonos, con los argumentos de tres autores que, desde perspectivas paralelas, han ejercido dicha cr√≠tica de la cibercultura en ensayos recientes de indudable relevancia: el fil√≥sofo alem√°n Byung-Chul Han, en particular en su ensayo Psicopol√≠tica (2014), y dos te√≥ricos y cr√≠ticos de la cultura espa√Īoles, ambos poetas, Antonio M√©ndez Rubio, en Comunicaci√≥n, cultura y crisis social (2015) y el soci√≥logo C√©sar Rendueles, en Sociofobia. El cambio pol√≠tico en la era de al utop√≠a digital (2013) .

Para Byung-Chul Han la cibercultura formar√≠a parte del r√©gimen neoliberal que transforma la explotaci√≥n ajena en autoexplotaci√≥n, aislando al sujeto e inhabilit√°ndole para toda acci√≥n colectiva que implique a un ‚Äúnosotros‚ÄĚ. Esta es la inteligencia del capitalismo, su habilidad para evitar toda resistencia, producir una mayor√≠a de ciudadanos depresivos y desactivar la pol√≠tica en un r√©gimen dominado por la¬† dictadura de la transparencia (2014: 20), una suerte de volcado universal y voluntario de informaci√≥n que el individuo entrega sin coacci√≥n alguna, transformando su ser en una colecci√≥n fragmentaria de datos, listos para ser convertidos en mercanc√≠a.¬† La obsesi√≥n contempor√°nea por la transparencia ir√≠a mucho m√°s all√° de la lucha contra la corrupci√≥n o por la libertad de informaci√≥n, convirti√©ndose en una ‚Äúcoacci√≥n sist√©mica‚ÄĚ dirigida a eliminar el potencial opositivo de la negatividad a base del encumbramiento incontestable de la informaci√≥n (2013: 13). Las apelaciones continuas a la positividad (no solo en cuanto a aceptaci√≥n afirmativa del estado de cosas sino en cuanto a la cosificaci√≥n de la vida y del propio yo) y a la disponibilidad permanente en la comunicaci√≥n (el relato continuo de la propia vida), junto a la borradura de la ‚Äúnegatividad‚ÄĚ, acaban convirti√©ndose, parad√≥jicamente, en una negaci√≥n de la vida, impensable (para Han) sin el dolor ni la negatividad y, a√Īadir√≠amos nosotros, sin el silencio. ‚ÄúSin negatividad, la vida se atrofia hasta el ‚Äúser muerto‚ÄĚ, en expresi√≥n de Hegel (2014: 49). Desde el √°mbito de la cultura visual, habr√≠a que relacionar este imperio de la transparencia con lo que en la cultura audiovisual se ha registrado como el impulso a la dominaci√≥n del tiempo a trav√©s de la emulaci√≥n o clonaci√≥n de la visi√≥n total, un r√©gimen esc√≥pico que estar√≠a dominado por la cronoendoscopia (Felipe y G√≥mez, 2014).

Han define este r√©gimen como el de la psicopol√≠tica digital, trascendiendo la teor√≠a foucaultiana de la biopol√≠tica, que habr√≠a sido apropiada para comprender el r√©gimen de poder sobre los cuerpos en las sociedades industriales modernas, pero no tanto para comprender las din√°micas de control y explotaci√≥n de la libertad que el nuevo pan√≥ptico de las redes digitales pone en juego, con la conformidad de quienes aceptan ‚Äúuna vigilancia sin vigilantes‚ÄĚ. El pan√≥ptico benthamiano dejar√≠a paso al imperio de la total visibilidad y exposici√≥n, en el cual la avasalladora irrupci√≥n del Big Data le parece un ‚Äúinstrumento de dominaci√≥n‚ÄĚ (2014: 25). En cuanto¬† herramienta de ‚Äúpredicibilidad‚ÄĚ del comportamiento humano, la que considera ideolog√≠a del ‚Äúbigdata√≠smo‚ÄĚ cercenar√≠a la apertura o percepci√≥n de la apertura necesaria del futuro para una aut√©ntica libertad. Han es apocal√≠ptico en su juicio: ‚ÄúEl Big Data anuncia el fin de la persona y de la voluntad libre‚ÄĚ (26)[7].

Son varios los aspectos de la cr√≠tica de Han que merecer√≠a la pena confrontar con los argumentos de L√©vy, entre ellos la simplificaci√≥n en la dicotom√≠a del car√°cter f√≠sico/virtual del producto tipo del r√©gimen industrial respecto a la desmaterializaci√≥n (‚Äúno-f√≠sico‚ÄĚ) de las ‚Äúproducciones inmateriales e incorp√≥reas‚ÄĚ en el r√©gimen neoliberal. En efecto, cabe aclarar que la ‚Äúvirtualizaci√≥n‚ÄĚ no equivale a ‚Äúdesmaterializaci√≥n‚ÄĚ (L√©vy, 2007: 40).¬† Una imagen virtual no es irreal o inmaterial, su codificaci√≥n inform√°tica precisa de un soporte f√≠sico para existir ‚Äúocupa una porci√≥n determinada del espacio, moviliza un material de inscripci√≥n, una maquinaria que cuesta y pesa, exige una energ√≠a f√≠sica para ser grabada y restituida‚ÄĚ (40). Lo que sucede es que ocupa menos, es m√°s fluida y vol√°til que la fotograf√≠a en papel y es m√°s f√°cil de manipular. El gran cambio o ‚Äúventaja‚ÄĚ no es solo la maleabilidad de la imagen sino la posibilidad de hacerse visible seg√ļn modos distintos a los propios de ‚Äúla reproducci√≥n masiva‚ÄĚ, una circunstancia relevante a la que no llega la argumentaci√≥n de Byung-Chul Han.

En el fondo, con lo que nos estamos enfrentando es con la necesidad de percibir y comprender la centralidad del software en la cultura contempor√°nea, algo que la filosof√≠a y los estudios literarios no pueden desde√Īar.¬† En palabras de Lev Manovich, autor pionero en la caracterizaci√≥n del lenguaje de los nuevos medios siguiendo una arqueolog√≠a muy cercana a los estudios de la intermedialidad:

El software ha reemplazado toda una serie de tecnolog√≠as f√≠sicas, mec√°nicas y electr√≥nicas que antes del siglo XXI se empleaban para crear, almacenar y distribuir¬† y acceder a los objetos culturales [‚Ķ]. El software se ha convertido en nuestra interfaz con el mundo, con los dem√°s, con nuestra memoria y nuestra imaginaci√≥n: un lenguaje universal que el mundo emplea para hablar y un motor universal que propulsa el mundo‚ÄĚ. El software, en definitiva, es el motor de combusti√≥n y la electricidad de comienzos del siglo XXI. (Manovich 2013: 16-17)

3. ¬ŅCu√°l es la correlaci√≥n entre informaci√≥n y cultura en el contexto de la cibercultura?

Una de las grandes met√°foras, totalmente asumida por los gobiernos, grandes instituciones y corporaciones empresariales internacionales, con la que se ha denominado a la cibercultura es la de la Sociedad de la Informaci√≥n (Castells, 2001). Siendo nuestro principal foco de inter√©s la especificidad que en dicho modelo de sociedad adquiere la compleja matriz de pr√°cticas, instituciones, normas, h√°bitos de creaci√≥n, circulaci√≥n, experiencia y uso de bienes que llamamos ‚Äúcultura‚ÄĚ, se hace precisa la pregunta ¬Ņde qu√© hablamos cuando hablamos de informaci√≥n? Antonio M√©ndez Rubio, uno de los cr√≠ticos culturales provenientes de la teor√≠a de la literatura m√°s conspicuos del panorama espa√Īol, acierta al sacar a la luz la duda de si una relaci√≥n meramente ‚Äúinformativa‚ÄĚ (obtenci√≥n, selecci√≥n, clasificaci√≥n, recuperaci√≥n, distribuci√≥n, procesado, gesti√≥n de datos) puede llegar a ser aut√©nticamente ‚Äúdial√≥gica‚ÄĚ, es decir, si se da un intercambio aut√©ntico entre emisores y receptores en dicho tipo de relaci√≥n.¬† ‚ÄúUna relaci√≥n informativa – afirma M√©ndez Rubio – no requiere este intercambio de posiciones, esta interacci√≥n dial√≥gica, este movimiento mutuo de puesta en com√ļn‚ÄĚ (2015: 43).¬† No hay, seg√ļn esto, garant√≠a de que el perfeccionamiento y aceleraci√≥n de la distribuci√≥n de la informaci√≥n en las redes tecnol√≥gicamente avanzadas redunden en un aumento de la comprensi√≥n y, menos a√ļn, de la acci√≥n social. Y recordemos que la diferencia esencial entre ‚Äúinformaci√≥n‚ÄĚ y ‚Äúconocimiento‚ÄĚ es precisamente el paso por el ‚Äúfiltro‚ÄĚ de la comprensi√≥n para poder acceder al segundo. En una direcci√≥n paralela, desde el √°mbito de la sociolog√≠a de la comunicaci√≥n, establec√≠a Manuel Castells la diferenciaci√≥n entre el paradigma productivo informacional (sociedad informacional), basado en las tecnolog√≠as de la informaci√≥n y el m√°s amplio de sociedad de la informaci√≥n, vinculando dicha diferencia a la articulaci√≥n del poder y los contrapoderes en la sociedad red global (2009).

En resumen, la ‚Äúnaturalizaci√≥n‚ÄĚ e implantaci√≥n del concepto de ‚Äúsociedad de la informaci√≥n‚ÄĚ, desde los a√Īos 70 hasta el arranque del siglo XXI, precisar√≠a hoy de una problematizaci√≥n de la asunci√≥n de que la comunicaci√≥n social es una cuesti√≥n b√°sicamente ‚Äúinstitucional‚ÄĚ, cuyos motores ser√≠an ante todo gobiernos y empresas (M√©ndez Rubio, 2015: 51), tanto m√°s cuanto sabemos que su impacto sobre las pol√≠ticas y programas educativos no ha dejado de crecer en los √ļltimos a√Īos.¬† La clave est√° en resistirse a la separaci√≥n de la ecuaci√≥n tecnolog√≠a‚Äďsaber respecto de la de cultura‚Äďpoder¬† lo que, al final, dar√° como resultado en la reflexi√≥n cr√≠tica, la elucidaci√≥n del funcionamiento en este contexto del binomio¬† saber‚Äďpoder (M√©ndez Rubio 2015: 58).

Por otro lado, la descripci√≥n a la que llega C√©sar Rendueles de la red es clara: no es que en Internet parezca no haber compromisos fuertes en sentido normativo, es que resulta ahora mismo dif√≠cil creer que los haya. Independencia y cooperaci√≥n parecen incompatibles con ‚Äúautogobierno fuerte‚ÄĚ o ‚Äúsistema burocr√°tico‚ÄĚ (la descentralizaci√≥n es la clave). En cualquier caso, la producci√≥n de ‚Äúcontenidos libres‚ÄĚ en Internet es ‚Äúparasitaria‚ÄĚ, depende de otras v√≠as de sustento o del tiempo libre (2013: 107). Las redes digitales, en el fondo, estar√≠an generando la ficci√≥n de un nuevo tipo de comunidad: ‚Äúla cooperaci√≥n en red se parece tanto a una comunidad pol√≠tica como una gran empresa se parece a una familia extensa. Internet es la utop√≠a postpol√≠tica por antonomasia‚ÄĚ (Rendueles, 2013: 117).

4. Primera crítica de la crítica:  la sustitución

Uno de los mantras de la cr√≠tica de la cibercultura es la virtualizaci√≥n o desmaterializaci√≥n de la vida operada por las tecnolog√≠as digitales, como si los ciudadanos hubi√©ramos comenzado a vivir en un universo paralelo o se hubieran cumplido las peores expectativas del efecto de simulacro baudrillariano. Ante dicho discurso del miedo a la virtualizaci√≥n de la vida[8] Pierre L√©vy reivindica la responsabilidad intelectual de sacar a la superficie y valorar las posibilidades que para el desarrollo humano tiene la emergencia de la cibercultura, frente a pr√°cticas (en el momento en que L√©vy escribe) solo parcialmente dominantes en ella, tales como la mundializaci√≥n capitalista, la hegemon√≠a estadounidense o de una nueva clase de tecnopoder; otras minoritarias (como la criminalidad en las redes) o simplemente mal comprendidas (como la idea de que el desarrollo de grandes espacios virtuales supongan el final del espacio f√≠sico com√ļn).¬† En este sentido, ¬Ņes correcto pensar que el ciberespacio ‚Äúdetermina‚ÄĚ la sustituci√≥n de las relaciones humanas personales, directas, por relaciones virtuales? Desde luego es evidente que ni Internet ni el ciberespacio han acabado con grandes tecnolog√≠as culturales y modos de comunicaci√≥n del pasado (ni las culturas orales, escritas, ni los medios de masas como la televisi√≥n o el cine desaparecen con al cibercultura). Eso s√≠, han modificado sus modos de creaci√≥n, producci√≥n, distribuci√≥n y consumo. Igualmente el crecimiento exponencial de la conectividad y acceso a Internet, como de las redes inal√°mbricas, una tecnolog√≠a fundamental para comprender el desarrollo reciente de la cibercultura (Castells, 2009), no ha disminuido ni la movilidad y n√ļmero de contactos internacionales. Los mayores usuarios del ciberespacio son, seg√ļn L√©vy, los m√°s m√≥viles y los m√°s sociables.

A pesar de lo plausible de estos argumentos, ¬Ņno han resultado afectados otros aspectos cruciales de la vida social por la proliferaci√≥n de sus extensiones o prolongaciones en el ciberespacio? Ya ve√≠amos m√°s arriba c√≥mo C√©sar Rendueles, quince a√Īos despu√©s del informe de L√©vy, destacaba la debilidad de la ecuaci√≥n entre ciberactivismo y compromiso o acci√≥n social efectiva. En la misma direcci√≥n, Byung Chul Han habla de la domesticaci√≥n por el capitalismo del ‚Äúme gusta‚ÄĚ, del modo en que la explotaci√≥n de las emociones lleva a una ludificaci√≥n que, como modo de producci√≥n, destruye el potencial emancipador del juego‚ÄĚ (Han, 2014: 81).

L√©vy, por su parte, cuestionaba la falacia de la sustituci√≥n o de la existencia de dos mundos paralelos, que identificaba tanto del lado de tecnoesc√©pticos como Paul Virilio, como del lado de tecnout√≥picos como Nicholas Negroponte, cuyo lema del paso del mundo de los √°tomos al de los bits era una simplificaci√≥n igualmente falsa (Negroponte, 1995). Es preciso, a√Īadimos nosotros, insistir y analizar la materialidad de las tecnolog√≠as de lo virtual, algo que ya discuti√≥ con gran eficacia Katherine N. Hayles (1999).

En este √°mbito debemos enfrentarnos a uno de los problemas o tendencias que m√°s ansiedad generan en la percepci√≥n, vivencia y cr√≠tica de la cibercultura, la cuesti√≥n de la velocidad.¬† Probablemente aqu√≠ est√° uno de los efectos culturales m√°s evidentemente merecedores de un an√°lisis adecuado y una cr√≠tica bien fundamentada. Porque adem√°s la cuesti√≥n no depende solamente de la rapidez del cambio tecnol√≥gico y la vertiginosa obsolescencia de los dispositivos, sino tambi√©n del crecimiento casi inconmensurable de la econom√≠a de la informaci√≥n. Si bien es verdad que la interconexi√≥n existente entre realidades virtuales y realidades f√≠sicas puede rastrearse sin muchos problemas, no es menos cierto que el¬† aumento exponencial de nuestro universo informacional (se habla de que el 90% de la informaci√≥n disponible hoy ha sido generada en los √ļltimos pocos a√Īos), que habr√≠a provocado la configuraci√≥n de la teor√≠a y percepci√≥n del Big Data, es de tales dimensiones que el ciberespacio se experimenta de forma creciente por el ciudadano medio desde un desfase enorme entre los mundos virtuales y los reales.¬† En este sentido y por lo que a posibles soluciones de gesti√≥n de este desfase cultural se refiere, coinciden defensores y cr√≠ticos de la cibercultura, sobre la base de que la tecnolog√≠a no es aut√≥noma y sus desarrollos pueden estar, y a menudo est√°n, m√°s en las manos de sus usuarios de lo que creemos, lo que nos llevar√≠a a recuperar la c√©lebre teor√≠a de los efectos limitados de los medios de Lazarsfeld.

En definitiva, respecto a la cr√≠tica de la sustituci√≥n, si la cibercultura se convierte, como intu√≠a L√©vy en el ‚Äúcentro de gravedad de la galaxia cultural del siglo XXI‚ÄĚ eso no significa que ‚Äúlo virtual‚ÄĚ sustituya o vaya a sustituir a ‚Äúlo real‚ÄĚ.¬† Hace ya alg√ļn tiempo, bas√°ndonos en la teor√≠a bajtiniana de la dialog√≠a, propon√≠amos un modo de comunicaci√≥n dial√≥gico para la cibercultura (S√°nchez-Mesa, 2003), uno de cuyos fundamentos era la retroalimentaci√≥n, en bucles rizom√°ticos continuamente oscilatorios, entre la vida offline, donde se siguen tomando, por cierto, las decisiones que gobiernan el mundo, y la vida online, donde se han construido los espacios m√°s obviamente accesibles (todo el que tenga conexi√≥n a una terminal de la red puede participar en ese espacio global com√ļn) en las cuales aquellas decisiones se hacen efectivas.

5. Segunda crítica de la crítica: Crítica de la dominación

L√©vy sostiene que el dinamismo de la cibercultura hace posible una articulaci√≥n efectiva, ‚Äúverdadera dial√©ctica‚ÄĚ, dice √©l, de la utop√≠a y los negocios (2007: 194). Las dudas, sin embargo, abundan entre los te√≥ricos cr√≠ticos de la cultura para quienes las din√°micas de poder no se ver√≠an realmente alteradas por la evoluci√≥n de los nuevos modos de comunicaci√≥n e informaci√≥n e incluso tender√≠an a ser borradas por los intereses tecnocr√°ticos. ¬ŅQui√©n controla las innovaciones tecnol√≥gicas? ¬Ņla sociedad o los m√°s poderosos en la sociedad? ¬Ņqu√© es lo que hacemos en Internet? ¬Ņcomunicarnos con el suficiente tiempo y nivel de profundidad o navegar, es decir, informarnos? (M√©ndez Rubio, 2015: 45). Si bien es verdad que estas dudas se mantienen como oportunas y razonables, tambi√©n lo es que las posibilidades abiertas por las redes sociales est√°n apenas por explotar, y as√≠ lo reconoce el propio M√©ndez Rubio: ‚Äúlas redes sociales podr√≠an ser m√°s que un espacio de entretenimiento [‚Ķ]. Pueden ayudar a liberar la relaci√≥n entre sociedad y poder‚ÄĚ (45).

Los estados, junto a las grandes multinacionales y el gran capital de las finanzas y las empresas de tecnolog√≠a avanzada (Google, Microsoft, Facebook, Oracle, etc.)¬† no podr√°n determinar (absolutamente habr√≠a que matizar hoy) ‚Äúel desarrollo de un dispositivo de comunicaci√≥n que ser√° crucial en el funcionamiento de la econom√≠a y la tecnociencia planetarias‚ÄĚ (L√©vy, 2007: 195). El World Wide Web, desarrollado entre 1990-1997 en el CERN de Ginebra por una peque√Īa comunidad de investigadores, no fue el resultado de la acci√≥n de los grandes agentes del negocio multimedia (IMB, ATT, Microsoft, el ej√©rcito de EE. UU.) sino de los propios cibernautas.

Sin embargo, las dudas persisten:

¬ŅEst√° orientada la Sociedad de la Informaci√≥n, tal como hoy se presenta a si misma, hacia un crecimiento, avance y desarrollo real del ideal democr√°tico? ¬Ņo, por el contrario, nuestro modelo social se rige por principios de rentabilidad sectorial para los que la comunicaci√≥n y la democracia est√°n como mucho en un segundo plano? (M√©ndez Rubio, 2015: 52)

La cuesti√≥n est√° en si seremos capaces de reivindicar el pensamiento cr√≠tico a favor de la participaci√≥n en las din√°micas de orientaci√≥n de las tecnolog√≠as digitales interactivas de la info-comunicaci√≥n, sin sentirnos por ello autom√°ticamente c√≥mplices del tecno-fascismo. Al mismo tiempo, hay que dirigir el discurso cr√≠tico a esas otras grandes tendencias que explotan, como eficaces aliados, los nuevos medios, para consolidar las estructuras de dominaci√≥n vigentes, aumentando a√ļn m√°s los desequilibrios y situaciones de injusticia en que se encuentran los individuos y las comunidades. As√≠ pues, a Dios rogando y con el mazo dando, si se me permite la castiza expresi√≥n, contagiada del esp√≠ritu religioso (de re-ligare) tan propio de toda intervenci√≥n en este debate. Los m√°s poderosos adquieren, probablemente, m√°s poder en los circuitos comunicativos y productivos de la cibercultura, pero, al mismo tiempo, la complejidad de las estructuras y din√°micas que rigen el ciberespacio, convierten en m√°s incierto el proceso de cambio tecnosocial, donde no todo el mundo se agolpa en las puertas y portales web de los grandes almacenes para comprar un m√≥vil de 600 euros en el Viernes Santo de la Sociedad de la Informaci√≥n (Black Friday).

Especialmente polémico resulta el papel de los medios de comunicación en el debate, siendo sintomático que Lévy desvíe hacia la televisión las críticas de irrealidad y bloqueo de la acción que recibe  el ciberespacio. Precisamente éste, por más cercano a la vida, deformaría menos la existencia, al concitar también no pocos actores e intereses con poco honestas intenciones. Es evidente que un medio en el que los puntos de referencia y nodos informativos son tan innumerables, hace mucho más difícil la manipulación frente a otros, con la televisión a la cabeza, con muy pocos centros de emisión (Lévy, 2007: 198).

A fin de cuentas, la ra√≠z del debate descansa en la oposici√≥n que atraviesa las teor√≠as culturales de la transici√≥n del XX al XXI, que prolongan las escenificadas a prop√≥sito de los medios de masas en el XX. Por un lado el liberalismo (cl√°sico, no radical) de posiciones como las del fil√≥sofo tunecino para quien el ‚Äúcomercio no es un mal en s√≠‚ÄĚ y¬† el gran zoco mundial y la red de redes de cooperaci√≥n y construcci√≥n cultural no son excluyentes ni incompatibles con la democracia, como tampoco la inteligencia colectiva lo ser√≠a con el supermercado planetario, por lo que no estar√≠amos obligados a elegir entre uno y otro (L√©vy, 2007: 200-201). Por otro lado, las posiciones de la cr√≠tica cultural de orientaci√≥n postmarxista que, como en el caso de C√©sar Rendueles, se√Īala que la econom√≠a capitalista tiene ‚Äúuna relaci√≥n parad√≥jica con el desarrollo tecnol√≥gico‚ÄĚ: mientras que la innovaci√≥n es fundamental para el fortalecimiento del sistema, al mismo tiempo, tiene consecuencias sobre las ‚Äúfuentes de plusvalor consolidadas‚ÄĚ (2013: 53). En efecto, no est√° claro c√≥mo contribuir a que se armonicen dos din√°micas que parecen confrontadas: 1¬™ la transversalidad, apertura y extensi√≥n global de las fuentes de saber que trae consigo la sociedad de la informaci√≥n y 2¬™ los consiguientes l√≠mites de la propiedad y control de la cultura (M√©ndez Rubio, 2015: 58). La misma crisis de los ingresos y sistemas de protecci√≥n de la propiedad intelectual en la econom√≠a del conocimiento no dejar√≠a de acusar la paradoja de que las industrias que mayores beneficios generan (software de aplicaciones y entretenimiento, farmac√©uticas, productos culturales online) requieren de sistemas de protecci√≥n de la propiedad intelectual (favorecida por los gobiernos estatales) y luego son ellas precisamente las m√°s dispuestas a la especulaci√≥n en los mercados financieros (Rendueles, 2013: 60). El auge de las pol√≠ticas de protecci√≥n de la propiedad intelectual no es un s√≠ntoma de la valoraci√≥n de la econom√≠a cognitiva sino una ‚Äúpalanca legal‚ÄĚ para seguir asegurando el predominio de las potencias econ√≥micas sobre la periferia global en un momento en que siente la presi√≥n de √©sta geopol√≠ticamente hablando. Los beneficios de Google, App Store, Amazon o eBay est√°n igualmente en esa financiarizaci√≥n de la propiedad intelectual digital (62).

En cualquier caso, y a pesar de que Internet es un espacio en el que el altru√≠smo es posible y se desarrollan formas de cooperaci√≥n de gran originalidad y atractivo la realidad no parece demostrar que un acceso creciente a Internet aumente las cotas de democracia (participaci√≥n y cooperaci√≥n). De hecho, en opini√≥n de Rendueles, ‚Äúno solo no conduce a la cr√≠tica pol√≠tica y la intervenci√≥n ciudadana sino que, en todo caso, la mitiga‚ÄĚ (2013: 52). Las opciones reales de una acci√≥n social con potencial transformador pasan por el compromiso, es decir, por la permanencia y estabilidad en los v√≠nculos generados online, algo distinto al altru√≠smo, cuya estructura psicol√≥gica de decisi√≥n no se diferenciar√≠a del ego√≠smo (es una decisi√≥n personal voluntaria que no tiene que ver con los dem√°s). Rendueles incluso observa una proporci√≥n baja de participaci√≥n o preocupaci√≥n en el ciberactivismo sobre la crisis de representatividad pol√≠tica, el paro estructural, la desigualdad de g√©nero‚Ķ (2013: 93).¬† En este sentido, el mismo Pi√©rre L√©vy ya mostraba una clara conciencia de que la inteligencia colectiva deb√≠a asegurar tambi√©n orientarse hacia el establecimiento de lazos estables de confianza, duraderos y no simplemente a la capacidad de innovaci√≥n o aprovechamiento de los recursos colectivos de conocimiento (2007: 182).

6. Tercera: crítica de la crítica

Esta tercera contra-cr√≠tica, planteada desde los argumentos del mismo Pierre L√©vy, no est√° tan dirigida a conceptos o grandes percepciones sobre la cibercultura como hacia el estamento de expertos en saberes institucionalizados que han (hemos) ejercido de intermediarios en el estado cultural que est√° en crisis. Es posible que la cr√≠tica deba ajustar su discurso a estas nuevas din√°micas de autorregulaci√≥n del gusto y valoraci√≥n culturales (folksonom√≠as) y que todo un estrato como el de la cr√≠tica especializada (fundamental en la instituci√≥n literaria moderna) deba adaptarse a esta p√©rdida de prestigio e incidencia real en la experiencia cultural (y en su mercado). No obstante, la necesidad de semejante adaptaci√≥n no debe hacernos perder de vista que algunas de las aplicaciones de la inteligencia informacional que se identifican con tendencias tan poderosas como las del Big Data puedan llegar a encumbrar a sistemas como el de las recomendaciones automatizadas de Amazon en una suerte de ‚Äúavance cultural‚ÄĚ en el √°mbito del comercio y el consumo online. Merece la pena recordar la peque√Īa historia de este sistema, no solo porque se ha convertido en un modelo del comercio en la red (Amazon es la mayor tienda virtual del mundo), sino por la conexi√≥n, siquiera lateral, con la instituci√≥n de la cr√≠tica literaria. Originalmente, Amazon contrataba a cr√≠ticos literarios para la realizaci√≥n de cr√≠ticas de sus libros. Sin embargo, ante el crecimiento masivo de su cat√°logo y la imposibilidad de responder econ√≥micamente de forma satisfactoria a dicha funci√≥n de intermediaci√≥n (por no hablar de la perversi√≥n en algunos casos de dicho sistema[9]), a finales de los 90 el ingeniero Greg Linden les plante√≥ la posibilidad de aplicar un algoritmo denominado ‚Äúfiltrado colaborativo √≠tem a √≠tem‚ÄĚ, que funcionaba cruzando los datos de millones de clientes (Amazon cuenta con m√°s de 150 millones de cuentas de clientes) y de los cientos de millones de √≠tems adquiridos por aquellos, buscando coincidencias que permitieran recomendar otros productos que hab√≠an interesado a los compradores del mismo √≠tem reci√©n adquirido o considerado por el nuevo cliente. La valoraci√≥n de Scott Rughfield (directivo de programaci√≥n de Amazon) nos ahorra m√°s comentarios:

El cerebro del propietario de una librería no es tan grande como el cerebro colectivo de todo el mundo. Intentamos sacar a los humanos de la ecuación. Los humanos creen que son expertos e intentan adivinar las pautas. Pero por lo general se equivocan. (citado en Parra, 2011)

Lo que se compra poco, por lo tanto, no existe en el sistema de recomendaciones automatizado, la interpretaci√≥n experta desaparece y, a√ļn m√°s, cualquier tipo de interpretaci√≥n tiende a desaparecer (las rese√Īas de los lectores). Ni siquiera las posibles razones por las que un libro determinado haya obtenido un alto √©xito de compras estar√° a nuestra disposici√≥n, dando por hecho un funcionamiento motivacional fundamentalmente homog√©neo del p√ļblico y alimentando de modo efectivo esa homogeneidad que se convierte en la ley de consumo: ‚Äúsi tanta la gente lo ha comprado no puede ser malo‚ÄĚ. El an√°lisis de las emociones de los consumidores a trav√©s del procesamiento del lenguaje natural y los metadatos avanza a pasos agigantados en el terreno de las redes sociales.¬† Existe un nuevo software de ‚Äúan√°lisis emocional‚ÄĚ capaz de rastrear las estimaciones emocionales de los consumidores ante determinados productos a trav√©s de sus textos de opini√≥n en las redes sociales o blogs[10]. El software se convierte as√≠ en el medio de proporcionar una objetividad orientadora para la industria, en este caso editorial.

L√©vy no pretende ingenuamente que el ciberespacio conlleve algo as√≠ como una superaci√≥n de las relaciones de poder y las desigualdades econ√≥micas, pero imagina que el efecto que el ciberespacio puede tener sobre una ‚Äúmayor transparencia‚ÄĚ del mercado deja abierta la posibilidad de que puedan convivir las dos versiones extremas del liberalismo capitalista: la de la igualdad de oportunidades para los talentos en libre competencia (gran n√ļmero de peque√Īos productores) y la de los grandes grupos de comunicaci√≥n y su ambici√≥n de reducir la diversidad al m√≠nimo (2007: 205). La voz cr√≠tica que denuncia el ‚Äútotalitarismo‚ÄĚ de este escenario sentir√≠a nostalgia, dice L√©vy, de su propio dominio total del campo.

7.  Final (provisional)

En este art√≠culo hemos ensayado el mapa de algunas de las coordenadas conceptuales b√°sicas para un mejor entendimiento de las condiciones de posibilidad del ejercicio de una disciplina acad√©mica como la Literatura Comparada en el contexto de la cibercultura. En el territorio espec√≠fico de las conexiones entre teatro y cibercultura sigue abierto un debate fascinante sobre los posibles cambios en estos nuevos entornos comunicativos y tecnol√≥gicos experimentados por el cuerpo as√≠ como sobre los nuevos modelos y funciones del espect√°culo teatral o la performance en el seno de unas sociedades caracterizadas por una complejidad conflictiva y de un campo cultural donde la hibridez y la intermedialidad se hacen m√°s patentes con el concurso de las tecnolog√≠as multimedia y las nuevas formas de creaci√≥n y recepci√≥n transmediales. En dicho contexto, el que algunos de los investigadores que m√°s est√°n profundizando en la reconfiguraci√≥n y experimentaci√≥n de las formas de espect√°culo dram√°tico y las nuevas formas y modos teatrales en la cibercultura se identifiquen, administrativamente, con el √°rea de Teor√≠a literaria y Literatura Comparada, no es una casualidad (Anxo Abu√≠n,¬† Jos√© M¬™ Paz Gago, Virgilio Tortosa, M¬™ √Āngeles Grande, M¬™ Jos√© S√°nchez Montes, Laura Borr√†s, Teresa L√≥pez Pellisa, etc.) y ello merece la pena ser destacado y valorado, abri√©ndose extraordinarias perspectivas para esta faceta de las Nuevas Humanidades.

En el fondo, esta es la premisa fundamental, las tecnolog√≠as no son ajenas a la cultura, de ah√≠ la impropiedad de reducir la discusi√≥n, como se√Īalaba el mismo Pierre L√©vy, a la recurrente met√°fora del ‚Äúimpacto‚ÄĚ de las tecnolog√≠as sobre la cultura (2007: 5). En efecto, la reivindicaci√≥n del pensamiento te√≥rico y humanista sobre la relaci√≥n entre cultura y sociedad (Molinuevo, 2006; S√°nchez-Mesa, 2010) sigue siendo una empresa necesaria, toda vez que Internet y el ciberespacio no son simples tecnolog√≠as que usamos, sino espacios sociales y culturales que habitamos, lo que nos condiciona a dar respuestas cr√≠ticas y culturales a los grandes problemas de este tiempo, ‚Äújunto a‚ÄĚ y tambi√©n ‚Äúm√°s all√°‚ÄĚ de las soluciones t√©cnicas e informacionales que emanan de los √°mbitos de la ingenier√≠a inform√°tica y la gesti√≥n de datos.

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  1. Este art√≠culo es publicado con el apoyo y en el marco del Proyecto I+D del Ministerio de Econom√≠a y Competitividad, ‚ÄúNarrativas Transmediales: Nuevos modos de ficci√≥n audiovisual, comunicaci√≥n period√≠stica y performance en la era digital‚ÄĚ, Referencia CSO2013-47288-P.
  2. El texto se public√≥ originalmente en ruso en 1979, y fue traducido por Tatiana Bubnova y publicado en espa√Īol en 1982, en M√©xico, Siglo XXI.
  3. Recordemos la alarma previa del peligro que se avecinaba con la expansión de los Estudios Culturales (postcoloniales, feministas y de género sexual) que suscitó el informe Bernheimer, titulado Comparative Literature in the Age of Multiculturalism (1995).
  4. Una d√©cada despu√©s de aquella declaraci√≥n, el informe que cada d√©cada edita la ACLA, coordinado esta vez por Ursula Heise (UCLA), 2014-2015, est√° disponible, por vez primera, en formato online y bajo la modalidad de ‚Äúcall for papers‚ÄĚ <http://stateofthediscipline.acla.org> con una secci√≥n titulada ‚ÄúParadigm Shift‚ÄĚ, donde aparece destacado un trabajo firmado por Totosy de Zepetnek, que ha encabezado la secci√≥n de la ACLA sobre Humanidades digitales y nuevas formas de validaci√≥n y publicaci√≥n cient√≠fica en al disciplina.
  5. Aquel art√≠culo fue precisamente un texto para la discusi√≥n durante el primer curso europeo en Humanidades a trav√©s de nuevas tecnolog√≠as (Humanities I), programa Socrates-ODL de la UE (1995), coordinado desde el Dpto. de Ling√ľ√≠stica General y Teor√≠a de la Literatura de la UGR.
  6. Hacemos un gui√Īo aqu√≠ a una corriente de estudios bien establecida y que corre en paralelo a algunos de nuestros planteamientos, los estudios CTS (Ciencia, Tecnolog√≠a y Sociedad), cambiando bajo la ‚ÄúC‚ÄĚ Ciencia por Cultura, desde el convencimiento que la segunda engloba, sin duda, a la primera.
  7. El propio L√©vy recuerda que Bill Gates se refiri√≥ al significado del ciberespacio como el advenimiento del ‚Äúmercado √ļltimo‚ÄĚ (Gates, 1995).
  8. El profesor Francisco Herrera, experto en soft computing de la UGR, ofrece la siguiente definici√≥n: ‚ÄúEn resumen big data son datos cuyo volumen, diversidad y complejidad requieren nuevas arquitecturas t√©cnicas, algoritmos y an√°lisis para gestionar y extraer el valor y conocimiento encerrado en ellos‚ÄĚ (2015: 97).
  9. Pierre L√©vy ya rebati√≥ filos√≥ficamente la simplificaci√≥n de ‚Äúlo virtual‚ÄĚ como algo ajeno a la realidad en sus primeros libros sobre la cibercultura Qu¬īest ce que est le virtuel? (1995) y Cyberculture (2000).
  10. Se registró la incidencia tanto del comercio de críticas positivas para favorecer las ventas como de la intervención de algunos autores en la crítica negativa de rivales, como fue el llamativo caso del mismo James Ellroy.
  11. Es el caso de Tekstum, un software (start-up de Big Data) dise√Īado para el sector editorial.

Caracteres. Estudios culturales y críticos de la esfera digital | ISSN: 2254-4496 | Salamanca