Teléfonos inteligentes y humanos extendidos. Una mirada crítica

Smartphones and extended humans: a critical view

Rubén Ramos Antón (Universidad de Zaragoza)

Gloria Andrada de Gregorio (Universidad Autónoma de Madrid)

Yolanda López del Hoyo (Universidad de Zaragoza)

Artículo recibido: 30-09-2017 | Artículo aceptado: 28-11-2017

RESUMEN: Este artículo propone una mirada crítica sobre el papel que los teléfonos inteligentes o smartphones juegan en nuestras prácticas cotidianas. En primer lugar, analizamos el rol de dichos dispositivos en nuestra vida diaria desde los estudios contemporáneos de la tecnología y la comunicación. Para ello, presentamos la forma mediante la cual los smartphones funcionan como extensiones de la actividad humana e identificamos cuáles son los elementos que lo hacen posible.  En segundo lugar, analizamos el impacto de estos dispositivos en nuestro sistema cognitivo, atendiendo a debates recientes en filosofía de la ciencia cognitiva, la psicología y la epistemología contemporánea. Tomando como prisma los debates en torno a la cognición extendida, nos centramos en el papel de los smartphones en nuestras habilidades cognitivas.  Finalmente, hacemos un llamamiento hacia una integración consciente y reflexiva,  que no cae en un discurso tecnofóbico pero sí nos aleja de una integración automática.
ABSTRACT: In this article, we propose a critical approach towards the role that smartphones play in our ordinary practices. First of all, we analyze the role of these devices in our daily life drawing from contemporary studies on technology and communication. In order to accomplish this, we begin by presenting the way in which smartphones function as extensions of human activity and identify the key elements that make it possible. Second of all, we analyze the impact that these devices bear on our cognitive system, following recent debates on the philosophy of cognitive science, psychology and epistemology. Taking extended cognition as our conceptual background, we focus on the effects that smartphones have on our cognitive abilities. Finally, we call for a conscious and reflexive integration, which does not fall into a technophobic discourse but nevertheless prevents us from an automatic integration.

PALABRAS CLAVE: Teléfonos inteligentes, tecnologías de la información y la comunicación, extensiones cognitivas, habilidades, integración
KEY WORDS: Smartphones, information and communication technologies, cognitive extensions, abilities, integration


1. Introducción

La mayor√≠a de nosotros llevamos ahora mismo en nuestro bolsillo un tel√©fono inteligente o smartphone. Nos acompa√Īa cuando caminamos, cuando trabajamos, cuando dormimos. Este dispositivo contiene notas, n√ļmeros de tel√©fono, fotos, canciones… De una manera no trivial perderlo supondr√≠a una p√©rdida de algo m√°s que un mero objeto. Como un miembro fantasma su p√©rdida dejar√≠a una ausencia, una sensaci√≥n de carencia. Dejando de lado factores econ√≥micos m√°s que relevantes (como el pago de la l√≠nea y el coste del dispositivo en cuesti√≥n), la sensaci√≥n de carencia a la que nos referimos es la consecuencia de la absoluta permeabilidad e integraci√≥n de dichos dispositivos en nuestras pr√°cticas ordinarias. Memoria, datos, comunicaci√≥n, entretenimiento, pagos online, b√ļsqueda de informaci√≥n, citas… el universo de posibilidades de acci√≥n que un tel√©fono inteligente posibilita es muy amplio.

El smartphone ha cambiado la forma de ver y de interaccionar con el entorno en el que vivimos, transformando a ambos. Ante dicha mediaci√≥n, una pregunta leg√≠tima que podemos hacernos -sin alimentar demasiado nuestras ansias metaf√≠sicas- se dirige a los l√≠mites que mejor nos definen. ¬ŅD√≥nde termina el ser biol√≥gico y d√≥nde comienza nuestro entorno? ¬ŅEs la barrera org√°nica el l√≠mite decisivo? Esta pregunta puede parecer un mero capricho filos√≥fico, sin embargo, no s√≥lo desde las teor√≠as sobre la identidad personal sino tambi√©n desde la biolog√≠a y la ciencia cognitiva, el cuestionamiento de lo org√°nico como la frontera decisiva se encuentra en tela de juicio. Hibridaci√≥n frente a clases naturales perfectamente definidas es la norma en el dominio natural m√°s que la excepci√≥n. Otra cuesti√≥n interesante deja de lado la pregunta ontol√≥gica sobre qu√© elementos nos conforman y se centra en nuestras habilidades en tanto que agentes cognitivos. Nuestra cognici√≥n implica distintas pr√°cticas que parecen haber sido ampliadas en esta sociedad tan mediatizada (a la vez que otras parecen haberse perdido o modificado dr√°sticamente).

La utilizaci√≥n de la tecnolog√≠a como extensi√≥n del ser humano no resulta una novedad en la historia. De hecho, el ser humano ha recurrido a la t√©cnica tradicionalmente para enfrentarse a una naturaleza hostil y vencer sus propias limitaciones. Desde la antropolog√≠a social, Harris (1984: 47) explica este fen√≥meno incluso entre otros animales, argumentando que es la propia selecci√≥n natural la que favorece la integraci√≥n de √ļtiles como modo normal de existencia. De un modo paralelo, algunos bi√≥logos hablan de construcci√≥n del nicho cognitivo. Y es que somos ingenieros epist√©micos (Sterenlyn, 2003). La tecnolog√≠a, por lo tanto, nos rodea y conforma nuestra naturaleza, aunque no seamos conscientes de ello (Broncano, 2000: 20).

A día de hoy y como decíamos al principio resulta innegable la trascendencia que ha adquirido el smartphone en nuestro mundo. Por ello, en un intento de analizar esta relación y estas preguntas propias de la época en la que vivimos, pero bien ancladas en la tradición, en este ensayo nos centramos en nuestra interacción con los teléfonos inteligentes.

Si bien esta cuestión puede abordarse desde distintos prismas, en esta ocasión nos organizaremos en torno a dos ejes fundamentales que quedan recogidos en sendas partes diferenciadas. En el primer apartado presentaremos desde los estudios contemporáneos el papel que los smartphones han adquirido en nuestra sociedad. En el segundo, analizaremos el caso de estos dispositivos, atendiendo a la reciente filosofía de la ciencia cognitiva y la epistemología contemporánea. Finalmente, en las conclusiones esbozaremos las conclusiones con las que pretendemos relacionar ambos ejes y a través de las cuales trataremos de aportar una nueva visión sobre las implicaciones de este elemento tecnológico, que ocupa cada vez un lugar más central en nuestra sociedad.

Los objetivos que se persiguen con este artículo parten del análisis del papel que desenvuelven estos dispositivos en la vida diaria. En primer lugar se trata de identificar la forma en la que los smartphones funcionan como extensiones de la actividad humana y cuáles son los elementos que lo hacen posible. El segundo de los objetivos, se centra en reflexionar sobre la noción de habilidad e integración entre dichos dispositivos y nuestras prácticas cotidianas.

Frente a una integración automática, haremos un llamamiento hacia una integración más consciente y reflexiva. Este artículo recoge conclusiones tentativas de un trabajo que estamos desarrollando y que pretendemos completar con una metodología más empírica.

2. El papel de los smartphones en nuestra sociedad

Sin lugar a duda los tel√©fonos m√≥viles se han convertido, en muy pocos a√Īos, en uno de los elementos tecnol√≥gicos m√°s importantes de nuestras vidas. Caracter√≠sticas como la portabilidad, ubicuidad o instantaneidad se encuentran totalmente asociadas a ellos, especialmente desde que estos dispositivos disponen de acceso a Internet, as√≠ como multiplicaron su oferta de aplicaciones, dando lugar a lo que conocemos como smartphones (tel√©fonos inteligentes). Hoy en d√≠a la penetraci√≥n de estos elementos tecnol√≥gicos ha provocado importantes transformaciones en nuestra forma de actuar y de relacionarnos con los dem√°s.

Todos estos cambios, adem√°s, se han producido en el transcurso de un periodo de tiempo especialmente breve. De hecho, en muy pocos a√Īos la telefon√≠a m√≥vil ha logrado convertirse en la tecnolog√≠a que m√°s r√°pidamente se ha popularizado en el mundo (Pisani y Piotet, 2009: 277). Curiosamente super√≥ a Internet, que entre finales del siglo XX e inicios del siglo XXI se convirti√≥ en la tecnolog√≠a que hab√≠a conseguido la m√°s r√°pida progresi√≥n de la historia, hasta ese momento (Pisani y Piotet, 2009: 18).

La penetraci√≥n de la telefon√≠a m√≥vil abarca a buena parte de la poblaci√≥n mundial. Actualmente el n√ļmero de suscriptores de l√≠neas de este tipo de telefon√≠a supera ya los 7.000 millones, alcanzando, en t√©rminos relativos, a 96,8 l√≠neas por cada cien habitantes en todo el planeta. De ellos se considera que existen unos 4.700 millones de suscriptores √ļnicos. Esto es, el 63% de la poblaci√≥n mundial (GSMA en Urue√Īa, 2016: 18). Nos encontramos por lo tanto ante un fen√≥meno tecnol√≥gico presente en todo el mundo. Con el paso del tiempo, adem√°s, se ha comenzado a desdibujar la denominada brecha digital (digital divide), entendida como la separaci√≥n entre personas, colectivos y pa√≠ses con capacidad para acceder a las tecnolog√≠as de la informaci√≥n y las que carec√≠an de ella (Serrano y Mart√≠nez, 2003: 8). Mart√≠n-Barbero (2008: 30) ya apunt√≥ hace casi una d√©cada c√≥mo en Am√©rica Latina esta diferencia estaba desapareciendo, al menos en cuanto a lo que se refiere al acceso a la tecnolog√≠a. Los √ļltimos datos confirman que la diferencia generacional tambi√©n comienza a disiparse (Fundaci√≥n Telef√≥nica, 2017: 33). En ambos casos los smartphones parecen haber jugado un papel determinante, dada la popularidad que han alcanzado.

Por otro lado, las funciones de la telefon√≠a m√≥vil en estos pocos a√Īos en los que se ha generalizado su uso tambi√©n han ido transform√°ndose, al mismo tiempo que se desarrollaba tecnol√≥gicamente. Actualmente se trata del dispositivo preferido para acceder a Internet, registrando en el Estado espa√Īol unos datos que se acercan a la totalidad de la poblaci√≥n: el 91,7% de los internautas se conectaban a la red en 2016 a trav√©s del tel√©fono m√≥vil, mientras que el 73,1% lo hac√≠a por el ordenador (Fundaci√≥n Telef√≥nica, 2017: 110). Este fen√≥meno ya se comenz√≥ a evidenciar hace m√°s de una d√©cada en Jap√≥n, donde los j√≥venes recurr√≠an prioritariamente a los tel√©fonos m√≥viles, incluso siendo estos anteriores a los smartphones (Ito, Okabe y Matsuda, 2005). Algunos a√Īos despu√©s un estudio demostraba que en el Reino Unido las llamadas representaban la quinta funci√≥n m√°s popular de los tel√©fonos m√≥viles (por detr√°s de acceso a Internet, medios sociales, m√ļsica y juegos) (D√≠az Nosty, 2013: 86).

Un precedente de la utilización de otras aplicaciones del teléfono móvil, ajenas a las llamadas, se encontraba en los SMS (Short Message Service), una aplicación que apareció en los primeros teléfonos móviles como un servicio marginal y que se popularizó centralizando muchas de las comunicaciones que se desarrollaban a través de este dispositivo. Este hecho llevó incluso a las teleoperadoras a mejorar el servicio (Alonso y Perea, 2008). Por ello, se podría considerar que los SMS ya representaron una suerte de killer app (aplicación asesina) con respecto a los primeros teléfonos móviles. Este concepto, que proveniente del marketing, define una aplicación que da sentido a otro programa, tecnología o incluso a un hardware específico (Downes y Mui, 1998).

Para entender la forma en la que los usuarios utilizan las tecnolog√≠as y el sentido que les dan, en ocasiones diferente al que pretend√≠an sus impulsores, surgen las teor√≠as que abordan la construcci√≥n social de la tecnolog√≠a. Entre ellas, Pinch y Bijker (1984) desarrollan el concepto de flexibilidad interpretativa, esto es, las diferentes interpretaciones que los usuarios otorgan a un hallazgo o innovaci√≥n tecnol√≥gica. En el caso de los tel√©fonos m√≥viles, antes incluso de que la aparici√≥n de los smartphones, su interpretaci√≥n ir√≠a mucho m√°s a la de la comunicaci√≥n interpersonal. De hecho, la confluencia de diferentes aplicaciones en un mismo elemento tecnol√≥gico podr√≠a invitarnos a pensar que este se convirtiera en la caja negra (un dispositivo que ocupe una posici√≥n central, puesto que en √©l convergen todos los dem√°s) una idea, sin embargo, no compartida por Jenkins (2008: 25), quien argumentaba que cada vez nos encontramos rodeados de un mayor n√ļmero de artefactos.

El smartphone, como se ha podido ver, es mucho m√°s que comunicaci√≥n interpersonal. Varios autores han recordado el importante papel que actualmente desempe√Īa como extensi√≥n de nuestros sentidos, siguiendo la l√≠nea propuesta por McLuhan (1996: 25-26) quien ya apuntara hace m√°s de medio siglo que los adelantos tecnol√≥gicos de la que denomin√≥ edad el√©ctrica ir√≠an encaminados a extender el sistema nervioso central.

Autores como Broncano (2009: 20) desarrollaron m√°s recientemente el concepto de pr√≥tesis, que conforman el ser c√≠borg, y que no se limitan a restaurar funciones del organismo da√Īadas, sino que tambi√©n son creadoras de funciones vitales. Broncano subraya el hecho de que los humanos somos seres c√≠borgs, producto de materiales org√°nicos y t√©cnicos, como el barro, la escritura o el fuego.

En los √ļltimos a√Īos diversos estudios han analizado la forma en la que los tel√©fonos inteligentes se comportan como estas pr√≥tesis, hasta considerarlos como el nexo de uni√≥n entre la parte biol√≥gica y la parte tecnol√≥gica del ser humano, convirti√©ndose por lo tanto en pieza clave de lo que ser√≠an los actuales c√≠borg (Brailas y Tsekeris, 2014; Ramos, 2017) refiri√©ndose incluso a la everyday cyborgization (Asenbaum, 2017).

El tel√©fono m√≥vil se ha convertido en una presencia constante para el sujeto; a lo largo del d√≠a lo utilizamos, de media, durante 3 horas y 23 minutos y lo comprobamos unas 150 veces (Ditrendia, 2016). La omnipresencia de los tel√©fonos m√≥viles en nuestras vidas trae consigo numerosas consecuencias que tratamos de analizar. Por un lado la gran cantidad de mensajes e im√°genes que intercambiamos diariamente, especialmente potenciados por las aplicaciones de mensajer√≠a instant√°nea y por las redes sociales, han dado lugar a conceptos como el de hiperconectividad. Con este concepto Reig y V√≠lchez (2013: 9) definen ‚Äúuna era caracterizada por las pantallas conectadas, conversaciones interminables o im√°genes y sonidos en continuo movimiento‚ÄĚ. Estas conversaciones que nunca terminan abren la puerta a otras formas de socializaci√≥n o a la modificaci√≥n de las ya existentes. La inmediatez y la sucesi√≥n constante de informaci√≥n redundan en la sobreestimulaci√≥n sensorial, una realidad sobre la que ya alert√≥ Toffler (1971: 350). La comunicaci√≥n sin l√≠mites (Mattelart y Vitalis, 2015: 68) que tiene entre sus peligros la sobrecarga informativa (information overload) o incluso otros conceptos con un matiz m√°s negativo, como el de infoxicaci√≥n (Cornell√°, 2010). Todo ello en una sociedad marcada por la continua aceleraci√≥n de los tiempos (Rosa, 2016), lo que puede dificultar la reflexi√≥n sobre los procesos que se est√°n produciendo.

Al mismo tiempo y por estas mismas razones tambi√©n pueden generar nuevas situaciones de dependencia o adicci√≥n, teniendo en cuenta que para que se produzca una adicci√≥n no es necesario que exista una sustancia o droga f√≠sica, sino que esta hace referencia a la b√ļsqueda con ansia y a la p√©rdida de control del sujeto (Echebur√ļa y Del Corral, 2013: 43).

Tanto si se trata de un producto de la adicci√≥n como de la propia extensi√≥n de nuestro cerebro la p√©rdida o ausencia de esa parte tecnol√≥gica, de nuestro smartphone, nos genera desaz√≥n. A esta sensaci√≥n Clark (2003: 11) se refiere como mild stroke, esto es, una suerte de derrame cerebral. Una situaci√≥n de p√©rdida o abandono motivada por la falta de un elemento central en nuestras vidas y en el que ya hemos externalizado algunas de nuestras acciones. No en vano Bauman (2002: 148) ya hab√≠a advertido en los primeros a√Īos de esta particular revoluci√≥n tecnol√≥gica de que nos est√°bamos convirtiendo en cibertopos, a la b√ļsqueda continua de enchufes para recargar la bater√≠a.

Entre los riesgos de la externalizaci√≥n de los sentidos se encuentra, asimismo, las limitaciones que los acompa√Īan. McLuhan (1996: 62) habla incluso de entumecimiento y autoamputaci√≥n. Al extender algunas funciones de nuestro cuerpo en artefactos externos nos arriesgamos a limitar nuestras propias posibilidades. Lo que abre todo tipo de inc√≥gnitas cuando las tecnolog√≠as que estamos desarrollando son de tipo intelectual (Carr, 2011). ¬ŅSomos capaces de recordar ahora los tel√©fonos de nuestros contactos del mismo modo que antes de disponer de agendas en nuestros smartphones? ¬ŅY de memorizar un itinerario sin necesidad de recurrir a un navegador? ¬ŅY de realizar operaciones matem√°ticas complicadas sin echar mano de una calculadora? Cuestiones que ya se comenz√≥ a plantear S√≥crates, quien dudaba de que la escritura no fuera a redundar negativamente en la memoria (Pinto, 2008: 105; Carr, 2011; Reig y V√≠lchez, 2013: 28). Muy posteriormente, en los a√Īos cincuenta del siglo XX, se comenz√≥ a demostrar emp√≠ricamente, gracias a los estudios sobre la neuroplasticidad, que las c√©lulas del cerebro se desarrollan o atrofian en funci√≥n de su uso (Young, 1951).

Nos encontramos, por lo tanto, ante importantes retos: la forma en la que el smartphone ocupa nuestro tiempo y requiere de nuestra atención, al mismo tiempo que externaliza algunas de nuestras actividades cerebrales, con todo lo que de ello se puede desprender. Se trata de un dispositivo que, por sus posibilidades, en muy poco tiempo se ha convertido en imprescindible, mediatizando muchas de nuestras actividades y relaciones sociales, pero que al mismo tiempo centraliza cantidades ingentes de información sobre nuestras vidas hasta el punto de que podría ser considerado un auténtico caballo de Troya (Mattelart y Vitalis, 2015: 166).

Como hemos podido comprobar, por lo tanto, resulta innegable la trascendencia que ha adquirido el smartphone en nuestro mundo. Se trata de un dispositivo en el que convergen diversas aplicaciones y funciones, pero que tambi√©n modifica comportamientos y mediatiza la actividad social y cerebral de los individuos. Aspecto este √ļltimo en el que vamos a profundizar a continuaci√≥n.

3. Los smartphones como extensiones y las habilidades cognitivas

Si atendemos ahora al uso de los smartphones en nuestros procesos de conocimiento y no del todo no relacionado con esta idea de dependencia, vemos que la epistemolog√≠a ha tomado cada vez un rumbo m√°s social. La tecnolog√≠a parece acelerar e intensificar los procesos de dependencia del entorno y transmisi√≥n de la cultura, la herencia social (Malinowski, 1975), hasta alejarnos definitivamente del conocedor aut√≥nomo que conf√≠a en las luces de su propio intelecto al m√°s estilo rousseauniano y se va diluyendo en una amalgama de dependencias, nodos de una estructura y conexiones. La idea b√°sica es que conocemos juntos, somos seres extremadamente dependientes epist√©micamente. Esta dependencia epist√©mica puede tener un componente negativo o positivo (Pritchard, 2016: 3).¬† Por un lado, al apoyarnos en elementos externos que complementan nuestras capacidades limitadas, bien sea en otros sujetos epist√©micos (Goldberg, 2010) o en instrumentos y dispositivos, ampl√≠a la pluralidad de bienes epist√©micos a la que tenemos acceso: conocemos m√°s y repartimos el esfuerzo. Por el otro, si delegamos excesivamente en otros, dejamos de ser agentes cognitivos de tal manera que es dif√≠cil atribuirnos conocimiento. La clave est√° en el equilibrio que hemos de encontrar entre habilidad y dependencia.¬† Y si relacionamos este debate con la constante interacci√≥n que tenemos con estos dispositivos inteligentes, la pregunta que podemos y debemos hacernos es: ¬Ņes esta dependencia negativa o positiva?

La ubicuidad de los smartphones, otra de sus peculiaridades, permiten que compaginemos las actividades que realizamos con estos dispositivos con otras actividades. Este tipo de interacciones han popularizado términos como el de multitask (multitarea) que definen esa combinación de acciones y que algunos autores (Reig y Vílchez, 2013: 27) consideran como un signo de los tiempos. No obstante son asimismo muchas las voces discordantes sobre la pertinencia de este concepto, puesto que resulta imposible que el cerebro pueda mantener la atención sobre diversas acciones al mismo tiempo (Carr, 2011; Reig y Vílchez, 2013: 27; Serrano, 2013). Es más, la atención que requiere continuamente el teléfono móvil, junto con la inmediatez, restaría capacidad de atención y concentración, como así se demostró en el reciente estudio de Ito y Kawahara (2017), en el que la mera presencia del smartphone disminuía el rendimiento en una tarea cognitiva. De hecho, una de las singularidades de las actuales tecnologías de la información es que a través de ellas se obtiene una recompensa inmediata que potencia su adicción (Greenfield, 2013: 194) lo que, a su vez, puede generar ansiedad si esta no se produce.

Para comprender en mayor profundidad las implicaciones de esta interacci√≥n, conviene que atendamos brevemente a las ciencias cognitivas.¬† En el √ļltimo siglo, el espacio que otorgamos al dominio de lo mental ha ido ampli√°ndose: desde un reducto del cerebro limitado a la mente consciente, al cerebro en su totalidad, al cuerpo y por √ļltimo al entorno. El llamado giro situacionista en las ciencias cognitivas ha ido demoliendo fronteras, enfatizando m√°s la hibridaci√≥n como caracter√≠stica principal (Vega, 2006). El denominador com√ļn a todos estos programas ha sido la negaci√≥n de la afirmaci√≥n de que la cognici√≥n reside enteramente dentro de la cabeza del individuo.¬† En el caso de la interacci√≥n con tecnolog√≠as, la Teor√≠a de la Mente Extendida (TME; Clark, Chalmers: 1998), es especialmente relevante. La idea crucial para el tema que nos concierne es que el hecho de que el dispositivo se encuentre dentro o fuera del l√≠mite org√°nico no marca una diferencia, sino el papel que desempe√Īa en nuestro comportamiento.

Por otro lado, dentro de la epistemolog√≠a contempor√°nea, en especial la epistemolog√≠a de virtudes, el conocimiento es un √©xito al que llegamos a trav√©s del ejercicio de nuestras competencias. Esto sit√ļa al conocimiento dentro de un marco normativo m√°s amplio (Greco 2012): podemos tener √©xito o fracasar, podemos alabar nuestra acci√≥n o reprocharla. Nuestras competencias pueden depender de elementos externos, del mismo modo que nuestra habilidad para jugar al tenis tiene una conexi√≥n √≠ntima con la raqueta (y podemos decir que m√°s elementos como la pista.). Lo que nuestra excesiva interacci√≥n con los smartphones revela es la siguiente: ¬Ņse ampl√≠an nuestras capacidades cognitivas y competencias o se amputan? ¬ŅSon realmente los smartphones habilidades? Una vez m√°s una respuesta categ√≥rica y tajante resulta elusiva.

De una manera sí, puesto que la moraleja de argumentos de la TME es que la diferencia entre las tecnologías que son simplemente herramientas y las que son propiamente extensiones en tanto que constitutivas de agentes no requiere que estén conectadas directamente al cerebro o incluso permanentemente unidas como un implante en nuestro cuerpo: existen prótesis no penetrantes. Todo lo que se necesita es una interacción estable, cierta integración entre lo externo y los procesos de información orgánicos. Por ello, abandonamos el chovinismo de la piel y asumimos que nuestro sistema cognitivo es una coalición de control compartido. Nuestro esquema corporal es flexible y promiscuo pues se acopla y (re)utiliza aquellos elementos que encuentra disponibles.

Dejando para otro momento, una presentaci√≥n exhaustiva de cu√°les son esos criterios, la integraci√≥n con los smartphones es innegable: median pr√°cticamente todos los aspectos de nuestra rutina. Si tenemos que decidir aunque sea de una manera intuitiva a si son herramientas o extensiones atendiendo al rol que desempe√Īan en nuestras rutinas, la balanza cae en el segundo lado. M√°s a√ļn, si como indica Palermos (2014), el criterio que determina si algo forma parte o no de nuestro car√°cter epist√©mico y por lo tanto de nuestras habilidades, es del mismo modo una relaci√≥n de integraci√≥n, entonces no hay duda de que los smartphones est√°n integrados en nuestras pr√°cticas cotidianas. En este momento, la participaci√≥n de estos dispositivos en nuestras habilidades cognitivas est√° tan integrada, que su ausencia causar√≠a graves fallos en ejecuci√≥n. As√≠ por ejemplo, la percepci√≥n espacial, que podemos definir como la capacidad que tiene el ser humano de comprender la disposici√≥n de nuestro entorno y la relaci√≥n con √©l, est√° ahora mediada por aplicaciones cartogr√°ficas y sus extensiones¬† que facilitan la navegaci√≥n por el entorno y su comprensi√≥n (ej. Google Maps, Street View o Vista sat√©lite).¬† Estas mismas aplicaciones participan en otras habilidades cognitivas, como la atenci√≥n dividida o capacidad de ejecutar m√°s de una acci√≥n, consumiendo recursos m√≠nimos para orientaci√≥n, direcci√≥n, escucha y seguimiento. De la misma forma, los tel√©fonos inteligentes forman parte del control inhibitorio, o habilidad para inhibir o controlar las respuestas impulsivas o autom√°ticas, y generar respuestas mediadas por la atenci√≥n y el razonamiento.¬† La forma habitual de interacci√≥n mediante estos dispositivos (redes sociales, Whatsapp) se caracteriza por cierto retardo o desfase en la comunicaci√≥n inmediata, que permite al sujeto emitir una respuesta m√°s completa, inteligente u ocurrente tras la b√ļsqueda o contraste de informaci√≥n, razonamiento o tiempo para meditarla. La c√°mara extiende nuestros ojos y nuestra memoria, etc‚Ķ Ampliamos entonces nuestras habilidades cognitivas, pero ¬Ņes esta extensi√≥n una mejora?¬† La conexi√≥n a Internet que nos permite, extiende al menos los datos a los que tenemos acceso (si no queremos a√Īadir que el conocimiento, puesto que en muchos casos carecemos de un criterio de justificaci√≥n de su fiabilidad aunque sea en clave externista). La cuesti√≥n central consiste en incluir elementos normativos en nuestras descripciones una vez que asumimos que nos extendemos, debemos preguntarnos hacia d√≥nde.

4. Conclusión: Hacia una integración reflexiva y crítica

Una consecuencia que se deriva (y a la que no se ha prestado suficiente atenci√≥n dentro de los estudios filos√≥ficos de estos modelos de la mente) es la gran vulnerabilidad de manipular nuestras mentes a trav√©s del tipo tecnolog√≠a que usamos en nuestra vida diaria. Por ello, un discurso tecnof√≥bico a estas alturas se antoja impensable. Sin embargo, hemos de realizarnos una √ļltima pregunta: ¬ŅQuiz√°s vemos m√°s y miramos menos? O como sugiere Michael P. Lynch (2016): ¬ŅConocemos m√°s y entendemos menos?

No hay que dejar de tener presente que toda tecnolog√≠a surge como producto pol√≠tico de una sociedad determinada. Como consecuencia de ello, la universalizaci√≥n de los smartphones supone evidentes riesgos, sobre todo si tenemos en cuenta la centralizaci√≥n de la informaci√≥n en muy pocas compa√Ī√≠as, tal es el caso de Google, que puede ser considerado un aut√©ntico cart√≥grafo de identidades planetario (Mattelart y Vitalis, 2015: 170). Una idea que nos recuerda lo apuntado por Winner (2008: 92) sobre el car√°cter conservador de la revoluci√≥n tecnol√≥gica ligada a los ordenadores: Aquellos mejor situados para tomar ventaja del poder de una nueva tecnolog√≠a son, a menudo, aquellos previamente bien situados a fuerza de bienestar, posici√≥n social y posici√≥n institucional.

De este modo, la universalizaci√≥n de los smartphones a la que nos refer√≠amos en el primer apartado de este art√≠culo, as√≠ como otras particularidades espec√≠ficas, como la gratuidad de aplicaciones, estar√≠a totalmente relacionada con la intenci√≥n de las compa√Ī√≠as de recabar los datos de los usuarios de todo el mundo (Mattelart y Vitalis, 2015: 166). Gracias a ellos se obtienen grandes beneficios econ√≥micos y se logra un perfilado con el que resulta posible dirigir una acci√≥n publicitaria a medida.

Es innegable que los teléfonos móviles han conseguido un alcance global, que no distingue ni de territorios, ni siquiera de clases sociales. El acceso a este dispositivo también puede suponer una puerta abierta al mundo de la cultura y en cierto modo acerca a personas o colectivos que hasta este momento se encontraban en lugares periféricos, tanto geográfica como social o económicamente.

Por todo ello, no se trata de desarrollar un discurso tecnof√≥bico que ignore los avances que pueden venir acompa√Īados del desarrollo de estos dispositivos o que pretenda discutirlos. Una empresa que resulta adem√°s est√©ril y poco provechosa. Sin embargo, huyendo tambi√©n de la equidistancia y de la atribuci√≥n de caracter√≠sticas propias de la neutralidad, como cualquier otro avance tecnol√≥gico, se propone una lectura cr√≠tica de los smartphones y el papel que desempe√Īan en la sociedad. La experimentaci√≥n y la investigaci√≥n cient√≠fica han de contribuir al conocimiento sobre el funcionamiento de este “ser humobile“, mitad humano, mitad m√≥vil, en el que nos hemos convertido. Resulta necesaria, por lo tanto, una integraci√≥n de estos elementos mucho m√°s reflexiva, consciente de las ideolog√≠as que acompa√Īan su popularizaci√≥n y desarrollo, as√≠ como de las implicaciones que se derivan de la centralizaci√≥n de los datos que generan en muy pocas compa√Ī√≠as en todo el mundo. En este caso la virtud se encontrar√≠a incluso m√°s all√° de un uso responsable: con capacidad anal√≠tica, reflexiva y cr√≠tica.

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Caracteres. Estudios culturales y críticos de la esfera digital | ISSN: 2254-4496 | Salamanca