La oralización de textos digitales: usos no normativos en conversaciones instantáneas por escrito

Oralization of digital texts: non-normative uses in written online conversations

Anais Holgado Lage (Wake Forest University)

Álvaro Recio Diego (Universidad de Salamanca)

Artículo recibido: 23-09-2013 | Artículo aceptado: 18-11-2013

ABSTRACT: This paper examines non-normative uses of Spanish in chat language. Using a corpus of real online conversations, we analyzed their linguistic features from a normative perspective and classified them into phonetic, lexical, and morphosyntactic deviations from the standard. Our results suggest that chat language is closer to spoken language than to prototypical written language. This analysis can be seen as a new contribution to the very-well-studied phenomenon of cyberlanguage.
RESUMEN: Este trabajo examina los usos no normativos del español en el lenguaje de chat. A partir de un corpus de conversaciones en línea reales, hemos analizado sus características lingüísticas desde un punto de vista normativo y las hemos clasificado en desviaciones del estándar de tipo fonético, léxico y morfosintáctico. Nuestros resultados sugieren que el lenguaje de chat está más próximo al lenguaje oral que al lenguaje escrito prototípico. Este análisis puede ser concebido como una nueva contribución a los estudios sobre ciberlengua.

KEYWORDS: chat language, Spanish, orality, standard, normative grammar
PALABRAS CLAVE: lenguaje de chat, español, oralidad, estándar, gramática normativa

____________________________

1. Introduction
1. Introduction

El objetivo de este artículo[1] es analizar usos no normativos del español en el lenguaje de chat, una modalidad de lenguaje escrito altamente influenciada por el discurso oral. Nuestra meta principal es demostrar que las desviaciones del español estándar aproximan este tipo de interacción al lenguaje oral, a pesar de emplear un registro escrito.

La estructura de este trabajo se organiza de la siguiente manera: en primer lugar, llevamos a cabo una breve presentación de las bases teóricas del proyecto —las diferencias entre lenguaje oral y escrito, sus problemas de definición, el chat como una nueva forma de comunicación (el “texto escrito oralizado”) y los conceptos sociolingüísticos de lenguaje normativo y estándar; en segundo lugar, profundizaremos en nuestro estudio sobre el lenguaje de chat desde una perspectiva normativa, explicando la metodología utilizada, los resultados del análisis —organizados en tres tipos de desviaciones (fonéticas, léxicas y morfosintácticas)—, y, por último, las conclusiones que hemos alcanzado.

2. Marco teórico
2.1. Lenguaje oral y lenguaje escrito
2.1.1. Diferencias y problemas de definición

Tradicionalmente se ha conceptualizado una gran diferencia entre hablar y escribir. Los límites entre estos dos tipos de discurso han sido definidos en las últimas décadas por diversos autores[2], que han intentado sistematizar las propiedades que definen la lengua oral y la escrita. La clasificación de Hughes (1996: 33-34) es probablemente uno de los mejores ejemplos para ambos tipos de discurso, como se ve en la tabla 1.

Tabla 1. Hughes 1996.

Sin embargo, parece que hay una premisa problemática en muchos de estos intentos de clasificar la lengua escrita y la oral: muchos autores, en realidad, toman en consideración diferentes géneros y registros. Como señala Gibbs (1999), los estudios tradicionales comparan la lengua oral informal con la lengua escrita formal, y por tanto encuentran una gran cantidad de diferencias, cuando en realidad sería más adecuado comparar el discurso informal con la escritura informal, y el discurso formal con la escritura formal[3]. Este acercamiento tan limitado ha provocado que algunos autores sugieran una nueva dicotomía que se añada a la oposición oral / escrito: discurso planificado frente a discurso no planificado. Combinar las dos dicotomías daría como resultado cuatro tipos de discurso: oral planificado, escrito planificado, oral no planificado y escrito no planificado. Aunque estamos de acuerdo con esta clasificación, para nuestro experimento asumimos que el lenguaje escrito es prototípicamente planificado y el lenguaje oral es prototípicamente no planificado, por lo que trabajaremos con los parámetros tradicionales de oral y escrito.

Desde el nacimiento de la lingüística científica, se le ha dado prioridad al lenguaje oral por diversas razones, recogidas por Stubbs (1980: 25-28):

– El lenguaje oral apareció antes en la historia de la humanidad.
– El lenguaje oral aparece antes en los individuos.
– El habla tiene una base biológica.
– El lenguaje oral se resiste al control consciente.
– El lenguaje oral aparece primero en las sociedades individuales.
– La literatura como fenómeno extendido es un proceso histórico muy reciente.
– Hablamos mucho más de lo que escribimos y leemos.
– El lenguaje oral se utiliza para más funciones que el escrito.

La llegada de las nuevas tecnologías y de Internet hace necesaria una reconsideración de algunas de estas razones. Hoy en día es cuestionable la idea de que ‘hablamos mucho más de lo que escribimos o leemos’, cuando, de hecho, mucha gente parece pasar más tiempo escribiendo y leyendo, utilizando sus ordenadores o sus teléfonos móviles para comunicarse, que hablando, aunque, como intentaremos demostrar más adelante, lo que realmente están haciendo es hablar a través de un medio escrito. Por esa misma razón, debido a los dispositivos electrónicos, el lenguaje escrito se utiliza ahora para una gran cantidad de funciones, podría incluso discutirse que para más que el lenguaje oral.

2.1.2. Chat: el texto escrito oralizado

El chat es una nueva forma de comunicarse a través de Internet que presenta rasgos “orales” y “escritos”. Debido a su naturaleza híbrida, muchos autores han propuesto nuevos términos lingüísticos[4]: para este estudio hemos elegido texto escrito oralizado, un término sugerido por Yus (2001: 98; 2011: 19). Esta definición describe el chat como una “conversación oral en un medio escrito”, cuya característica esencial es la “cualidad oral de los textos escritos que se intercambian a través de Internet” y cuyo objetivo es la interacción con otras personas, como si se tratara de conversaciones reales en persona, lo que lo convierte en el único “texto escrito” que indudablemente tiene el propósito de interactuar.

2.2. Sociolingüística y lenguaje normativo

Nuestro análisis ha sido llevado a cabo dentro de un marco teórico sociolingüístico basado en el concepto de la lengua estándar y su prevalencia en los textos escritos oralizados. Muchas lenguas poseen una variedad que, de forma arbitraria, se considera “mejor” que otras debido a factores sociales y de prestigio. Como indica Borrego (2001): “Las grandes lenguas de cultura cuentan con un estándar […] que, en su versión ideal, tiende a ser único, inmutable y omnipresente, que se basa en los registros formales de la lengua escrita”.

El estándar proporciona la base de la norma, que en español está fijada por la Real Academia Española (RAE). Esta institución normativista define la norma como un “conjunto de preferencias lingüísticas vigentes en una comunidad de hablantes, adoptadas por consenso implícito entre sus miembros y transformadas en modelos de buen uso” (Real Academia Española, 2005). En consecuencia, la norma y el estándar son dos conceptos sociolingüísticos muy próximos, cuyos límites no están claramente definidos, especialmente en lenguas como el español, que poseen una institución prescriptivista encargada de sancionar los usos que los hablantes perciben como estándar. Sin embargo, nadie habla o escribe constantemente en esta variedad específica: los hablantes siempre varían y adaptan su comportamiento lingüístico a los diferentes contextos de comunicación, incurriendo, consciente o inconscientemente, en desviaciones del estándar. Para nuestro experimento, siguiendo a Gómez Torrego (2004: 10-11), hemos clasificado estas desviaciones en tres categorías principales: desviaciones fonéticas, léxicas y morfosintácticas. El discurso oral, debido a su carácter prototípicamente no planificado, contiene un mayor número de usos no normativos que el lenguaje escrito, y más adelante sugeriremos que esta hipótesis puede aplicarse también a la conversación virtual.

3. El lenguaje de chat desde una perspectiva normativa

Nuestro estudio analiza un conjunto de usos no normativos en textos escritos oralizados en español. La hipótesis inicial que trataremos de demostrar es que, desde una perspectiva normativa, el lenguaje de chat es muy cercano al lenguaje escrito a causa de la abundancia de desviaciones del estándar que contiene.

3.1. Metodología

Hemos recopilado un corpus de diez conversaciones reales de chat entre amigos, a través de Skype, Facebook y WhatsApp. Todos los participantes provenían de la ciudad de Salamanca, en el centro-norte de España, y eran por tanto hablantes nativos del dialecto castellano norteño del español. Esta variedad lingüística es percibida por muchos como la más próxima al estándar, de modo que no tiene una gran cantidad de desviaciones intrínsecas[5]. Todos tenían entre 20 y 29 años y poseían formación universitaria. En estas conversaciones, hemos analizado las desviaciones del estándar, clasificándolas en tres categorías: fonéticas, léxicas y morfosintácticas.

3.2. Análisis
3.2.1. Desviaciones fonéticas

La ortografía es el código más unitario de una lengua: aunque la pronunciación de los hablantes varía notablemente a lo largo de la amplia gama de dialectos y registros, tiende a haber una homogeneidad en las reglas de la ortografía y la escritura de las palabras. A pesar de ello, la conversación virtual se ha convertido en un texto híbrido —el texto escrito oralizado—, donde se puede encontrar una gran cantidad de usos fonéticos no normativos. Como se muestra en otros estudios (Llisterri, 2002), la elisión y la epéntesis son las dos desviaciones fonéticas más comunes en el lenguaje de chat. La tabla 2 muestra los múltiples casos de elisión que encontramos en nuestro corpus:

Tabla 2

Como se puede observar en la tabla, se hallan algunos ejemplos de aféresis, es decir, la pérdida de sonidos al comienzo de palabra: pera en lugar de espera, toy por estoy, taluego en lugar de hasta luego. Algo que ocurre con más frecuencia es la síncopa, la pérdida de sonidos en el interior de una palabra: morao por morado, llegao en vez de llegado, o quedao por quedado. La elisión del sonido dental aproximante intervocálico [ð̞] en el participio de la primera conjugación verbal (ado > ao) es un uso no normativo muy frecuente en el español hablado. Muy pocos hablantes pronuncian [ʎeγ̞áð̞o] al hablar: la mayoría tienden a decir [ʎeγ̞áo], eliminando el sonido dental entre las vocales, incluso en registros formales. En el lenguaje escrito, en cambio, normalmente se escribe siempre llegado, nunca llegao. Es un hecho destacable que en nuestro corpus haya numerosos casos de esta síncopa, un fenómeno que asimila claramente los textos del chat al lenguaje oral. La desviación que encontramos con más frecuencia es la apócope, la pérdida de sonidos a final de palabra: micro en lugar de micrófono, pa por para, na por nada, peli en lugar de película, o info en vez de información.

Lo contrario de la elisión es la epéntesis: la adición de sonidos al principio (prótesis), en el interior (epéntesis) o a final de palabra (paragoge). Aunque este fenómeno fonético no es tan frecuente como el anterior, encontramos algunos casos en nuestro corpus, recopilados en la tabla 3:

Tabla 3

Es difícil determinar si oooh o aaah son realmente prótesis o simplemente casos de alargamiento vocálico, ya que se componen de un solo sonido vocálico pese a tener otra letra en su escritura normativa, la h, que es silenciosa (oh, ah). Un caso similar sería el de maaaar, donde hay una vocal alargada en el interior de la palabra. La paragoge parece ser la epéntesis más común entre nuestros participantes: barrioooooo en lugar de barrio, siiii por sí, tuuuu en vez de tú, etc. También encontramos una paragoge con la adición del sonido bilabial -p a la palabra no, que da como resultado nop, un proceso que no ocurriría en el lenguaje escrito a menos que se estuviera intentando imitar el lenguaje oral.

Finalmente, aunque no sean realmente desviaciones de la norma, hallamos también representaciones gráficas de sonidos orales, esto es, onomatopeyas, que representan risa (jaja, jeje), felicidad (Wiiiiiiiiiiii), sorpresa (Woooooow, ooooooh, uhh) y otras informaciones extralingüísticas difíciles de expresar por escrito[6]. Esto muestra, de nuevo, la cercanía del lenguaje de chat con el discurso oral.

3.2.2. Desviaciones léxicas

Las desviaciones léxicas normalmente hacen referencia a vocabulario que no se contempla como parte normativa del léxico estándar utilizado por la mayoría de los hablantes. Aunque no se consideran normativas, es muy común encontrar palabras en el español conversacional que todavía no han sido registradas en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), el diccionario de referencia para el español. Hay muchos ejemplos de varias clases de desviaciones léxicas en nuestro corpus.

Encontramos un buen número de préstamos, la mayoría de ellos del inglés: yeah (‘sí’), cousin (‘primo’), ok (‘de acuerdo’), bye (‘adiós’), etc. Algunos de ellos constituyen incluso oraciones completas: don’t worry (‘no te preocupes’). Es obvio que estos préstamos no pertenecen al estándar, pues no son elementos léxicos adaptados, no forman parte del vocabulario cotidiano de la mayoría de los hablantes y no están incluidos en el DRAE. Ok podría ser considerada una excepción porque es un marcador discursivo de acuerdo utilizado con mucha frecuencia en algunas zonas de América, pero todavía no se utiliza de este modo en España, lugar de origen de nuestros participantes.

Los neologismos son las desviaciones léxicas más interesantes que hemos encontrado en nuestro corpus. Algunos de ellos no están registrados en el diccionario de la RAE, y por tanto no hay duda de que no son normativos, (tabla 4), mientras que otros se han incluido hace poco tiempo y aún están marcados como coloquiales o conversacionales, por lo que su estatus como normativo o parte del estándar es, cuando menos, cuestionable (tabla 5).

Tabla 4

Tabla 5

Todos estos ejemplos son más fáciles de encontrar en el lenguaje oral que en el lenguaje escrito, independientemente de estar registradas o no en el DRAE. Algunos de ellos también están relacionados con el vocabulario específico de la gente joven, el segmento de la población con mayor tendencia a adoptar neologismos y palabras no normativas.

Encontramos un gran número de vocativos, que desde una perspectiva discursiva presuponen la presencia de un interlocutor, por lo que hacen que el ciberlenguaje se asimile de nuevo al lenguaje oral. Estos incluyen adjetivos como loco, xikillo, wapo/a, majo/a, y algunos que son claramente no normativos o incluso inventados, como perri, golfis o cuki.

Dentro de otros fenómenos léxicos, aparte de los usos no normativos ya mencionados, parece relevante mencionar algunas palabras malsonantes, eufemismos y disfemismos que encontramos, ya que sin duda están marcados como palabras coloquiales que se utilizan con mayor frecuencia cuando se habla que cuando se escribe. Una selección de estas expresiones se puede ver en la tabla 6.

Tabla 6

3.2.3. Desviaciones morfosintácticas

Los usos no normativos morfológicos y sintácticos son probablemente los casos más interesantes de nuestro corpus, ya que muchos de ellos son típicos del lenguaje oral y raramente se encuentran en textos escritos; además, han recibido escasa atención en estudios anteriores sobre el lenguaje de chat[7]. En esta sección analizaremos fenómenos gramaticales relacionados con el estándar cuya frecuencia de uso entre nuestros participantes resulta significativa.

Algunos hablantes de español emplean un paradigma diferente de pronombres personales de forma totalmente inconsciente: en lugar de atender a la función sintáctica que el pronombre desempeña, basan su utilización en el género morfológico. Por ello, aunque el pronombre personal la es un acusativo femenino y le es un dativo sin marca de género, estos hablantes usan la para el dativo cuando el referente es femenino, en un proceso llamado laísmo (1), y le para el acusativo masculino, leísmo (2):

(1) no la he dicho nada todavía
(2) A ***[8]le importaba mucho que le invitaran a cosas y tal

Una desviación frecuente en el lenguaje oral que encontramos en las conversaciones virtuales es la despronominalización. Los pronombres relativos tienen dos funciones, debido a su naturaleza relativa: por un lado, ejercen como nexos, uniendo la construcción relativa al sustantivo correspondiente; por otro lado, desarrollan una función sintáctica nominal dentro de la oración relativa: sujeto, complemento, etc. En el español hablado los pronombres relativos, especialmente cuyo y que, parecen experimentar una tendencia hacia un proceso de despronominalización, es decir, la pérdida de su función nominal para convertirse en meros nexos o conectores. Dicho de otro modo, los relativos pierden su carácter pronominal y funcionan como si fueran conjunciones. Este fenómeno puede observarse al comparar las estructuras no normativas utilizadas por los hablantes en (3a) y (4a) con sus equivalentes normativos en (3b) y (4b). La despronominalización ha causado la pérdida de la preposición por y el artículo lo en (3), y la aparición en (4) de un elemento que desempeña la función sintáctica que el relativo ejercía antes: el determinante posesivo su.

(3) a. entonces es por eso que no me coge el teléfono
b. entonces es por eso por lo que no me coge el teléfono
(4) a. es una persona que su familia no se da cuenta
b. es una persona cuya familia no se da cuenta

El relativo posesivo cuyo se utiliza prácticamente solo en el español escrito y, por lo general, se reemplaza por la “conjunción” que y el posesivo su en el español hablado. Este proceso, conocido por los gramáticos prescriptivistas como quesuismo, puede ser considerado exclusivo de la oralidad, de manera que su presencia en nuestro corpus encamina la interacción de chat hacia el lenguaje oral.

El uso del artículo determinado antes del nombre propio no es un rasgo del español estándar, pero los participantes de este experimento producen algunos ejemplos de esta estructura, como puede verse en (5) y (6):

(5) y por qué está triste la ***?
(6) Así se lo mando tb a la ***

Otro fenómeno gramatical es la ausencia de palabras de enlace, hecho que puede ser explicado como una característica oral de la gramática simplificada mencionada por Hughes (1996) —véase la figura 1—, trasladada a los textos del chat. En (7) la preposición a que marca el acusativo no aparece, mientras que en (8) el sintagma preposicional seleccionado por el verbo (darse cuenta de) pierde su preposición inicial de.

(7) yo creo que [a] *** lo que le pasa es que le resulta todo demasiado cercano
(8) pero [de] lo que no se da cuenta es que es otro rollo

Más interesante desde un punto de vista teórico es la ausencia de la conjunción condicional (si) en (9), probablemente debido a la marca de modo subjuntivo en el verbo subordinado que, junto al tiempo pluscuamperfecto, permite que la secuencia sea interpretada como una oración condicional por sí misma, sin necesidad de un nexo condicional.

(9) puta carrera de mierda / [si] hubieramos estudiado cualquier otra cosa, estariamos sacando matriculas y disfrutando de la vida

Un caso específico de nexos o enlaces que desaparecen es el llamado queísmo: la ausencia de la preposición de cuando es necesaria porque la selecciona el verbo, sustantivo o adjetivo al que complementa. Esta desviación del estándar es habitual en español y su explicación radica en el intento por parte del hablante de evitar el proceso opuesto (muy condenado por los gramáticos normativistas): el dequeísmo, es decir, la adición de la preposición de cuando no es necesaria (ej. Pienso de que viene). En (10) hay un ejemplo de queísmo extraído de nuestro corpus:

(10) pero ella es bastante consciente [de] que tiene que superarlo

El fenómeno morfológico más importante que hemos hallado son las analogías verbales, en particular la que afecta a la segunda persona del singular del pretérito indefinido. En español, la segunda persona del singular termina en -s en todos los tiempos verbales (escribes, escribías, escribirás, escribirías) excepto el pretérito indefinido (escribiste). Los hablantes, de forma inconsciente, añaden una -s al final del indefinido, formando una analogía para que todos los tiempos tengan una –s al final de la segunda persona del singular. Algunos de los ejemplos usados por nuestros participantes incluyen escribistes o contestastes. A pesar de ser un proceso lógico con sus propias razones internas de homogeneización paradigmática, todavía no forma parte del español normativo.

Por último, aunque no son en realidad desviaciones del lenguaje normativo, explicaremos algunas estructuras coloquiales que se encuentran típicamente en el lenguaje hablado y cuya presencia en nuestro corpus resulta considerable. Una de ellas es el uso del nexo causal que, como se muestra en (11):

(11) a. tengo que dejarte, que me muero de hambre
b. tranquila, que esta vez esta planeado
c. no tardare, q me aburro

En español, el nexo causal prototípico es porque, pero hay muchos otros dependiendo de la estructura concreta o las implicaciones semánticas de la oración causal: como, ya que, puesto que, pues, dado que, etc. Uno de ellos es que, —homófono de la conjunción completiva que (Creo que viene)—, que siempre va pospuesto tras un acto de habla modalizado y, lo que es más importante para nuestros objetivos, se usa únicamente en el lenguaje hablado. La abundancia de este que causal en nuestros resultados confirma de nuevo la hipótesis de que el lenguaje de chat se halla muy próximo al lenguaje hablado.

Otros dos rasgos de la oralidad son el adverbio igual para expresar incertidumbre (12), en lugar de quizá o a lo mejor, más neutros y menos informales, así como la inversión del sujeto en oraciones como (13a), siguiendo patrones de estructura de la información, que contrastan con el orden no marcado que se muestra en (13b).

(12) igual debería comprarme otros tb
(13) a. estoy en casa yo tb
b. yo estoy en casa tb

Al contrario de lo que podría esperarse, los usos no normativos que pertenecen al nivel morfosintáctico son bastante abundantes, y, al contrario de los encontrados en el nivel fonético o léxico, son extremadamente heterogéneos en su naturaleza: desde auténticas despronominalizaciones a meras analogías verbales morfológicas. A pesar de esta diversidad, todas imitan los tipos de estructuras encontrados en el lenguaje oral.

4. Conclusiones

Los hablantes muestran desviaciones del español estándar en todos los niveles lingüísticos: fonético, léxico e incluso morfosintáctico. Aunque pueden hallarse usos no normativos en ciertos textos escritos, la incidencia en nuestro corpus ha sido considerablemente más alta. Además, encontramos características prototípicas del lenguaje oral. En consecuencia, parece que la variación lingüística se torna más evidente en los chats, ya que la conciencia de la norma por parte de los hablantes se diluye gradual e inconscientemente. Teniendo en cuenta que la norma está ligada al estándar y el estándar se basa en el lenguaje escrito, si el lenguaje de chat contiene múltiples usos no normativos, debe estar bastante alejado del lenguaje escrito. Los resultados de nuestro estudio, con una gran cantidad de desviaciones del estándar en todos los niveles lingüísticos, confirman la hipótesis de que el lenguaje de chat está más próximo al lenguaje oral que al lenguaje escrito prototípico, constituyendo, pues, un tipo de discurso no planificado.

Este trabajo pretende ser una pequeña contribución a la comprensión del lenguaje de chat. Desde una perspectiva normativa y sociolingüística, según nuestro análisis, los chats están sin duda más cerca del lenguaje oral que del lenguaje escrito. Aunque nuestros resultados iniciales apuntan en esta dirección, se hacen necesarias más investigaciones para que esta hipótesis sea del todo concluyente.

Asumimos que nuestros participantes tienen un buen conocimiento del lenguaje normativo, ya que todos poseen formación universitaria, pero este parámetro debería ser analizado en profundidad con un cuestionario para medir su conciencia de la norma, y estos resultados deberían ser comparados con los usos no normativos encontrados en nuestro corpus de chats. Llevaremos a cabo otro experimento donde pediremos a los mismos hablantes que mantengan conversaciones en persona con el objeto de comprobar la presencia de usos no normativos y contrastarlos con las conversaciones virtuales. Finalmente, recogeremos un corpus de textos informales, como cartas privadas, mensajes electrónicos, notas y otras formas de lenguaje escrito, a fin de analizar sus desviaciones del estándar. Una vez que hayamos comparado los resultados de todas estas fuentes (corpus de chat, cuestionario, corpus de conversaciones reales y corpus de textos escritos), podremos finalmente confirmar la hipótesis de que el lenguaje de chat es, después de todo, un subtipo del lenguaje oral.

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Caracteres vol.2 n2

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Notas:    (↵ regresa al texto)
  1. Este trabajo es un desarrollo a partir del artículo “The influence of oral discourse in chat language from a normative perspective: deviations from standard Spanish”, perteneciente a la obra The spoken language in a multimodal context. Description, teaching, translation (2013), publicada por Frank & Timme Verlag für wissenschaftliche Literatur en Berlín, Alemania.
  2. Algunos de ellos son Ochs (1979), Akinnasso (1982), Pérez Juliá (1997), Bustos Tovar (1997), Briz Gómez (1998) o Bedmar (1999), entre otros.
  3. “Parte de la razón por la que el punto de vista tradicional sobre el texto escrito es acogido firmemente por muchos estudiosos es que la mayoría de las comparaciones del lenguaje oral y escrito analizan géneros completamente diferentes. Los investigadores comparan típicamente conversaciones informales con prosa expositiva e intentan generalizar sus resultados para todos los aspectos del lenguaje oral y escrito, […] cuando una prueba mejor para las diferencias entre el discurso y la escritura sería contrastar el discurso informal (p.ej., una conversación entre amigos) frente a la escritura informal que es muy interactiva (p.ej., cartas a amigos), y el discurso formal (p.ej., conferencias) frente a la escritura formal que se basa en el contenido (p.ej., textos expositivos)” (Gibbs, 1999: 180).
  4. El chat ha sido definido como “discurso escrito” (Elmer-Dewitt, 1994), “comunicación por medio del ordenador” (Baron, 2000), “discurso escrito interactivo” (Werry, 1996), “diálogo escrito “ (Azcona, 2000), “netspeak” (Crystal, 2001), “(rápida) conversación escrita” (Merchant, 2001 y Blanco Rodríguez, 2002), “forma textual híbrida” (Pietrosemoli y Domínguez, 2001), “simulaciones escritas de conversaciones orales” (Borreguero, 2002), “sistema electrónico de comunicación escrita” (Rocha Silva, 2004) y “falsa conversación oral” (Cabedo Nebot, 2009), entre otros.
  5. Para detalles específicos sobre la supuesta relación cercana entre este dialecto castellano y el español estándar, véase Borrego (2001).
  6. Para más información sobre comunicación no-verbal, véase Yus (2011: 179-188) y Sanmartín (2007: 62-64, 78-82).
  7. Dos de los pocos trabajos en los que se mencionan las características gramaticales del lenguaje de chat son Gómez Torrego (2001) y Sanmartín (2007: 72-78).
  8. Este signo *** representa un antropónimo que hemos eliminado de nuestro corpus por razones de privacidad.

Caracteres. Estudios culturales y críticos de la esfera digital | ISSN: 2254-4496 | Salamanca