Memoria RAM. Proleg贸menos de una teor铆a elemental para el estudio comparado de la memoria trans-estatal

RAM Memory. Preliminaries of an Elementary Theory for the Comparative Study of the Trans-state Memory

Juan Carlos Cruz Su谩rez (Aarhus Universitet)

Art铆culo recibido: 02-10-2013 | Art铆culo aceptado: 11-11-2013

ABSTRACT: The present study intends to open a new theoretical means of analysis within the field of comparative memories. Through the metaphorical designation of RAM memory we will try to observe the continuous circulation of social discourses related to the collective memory of a particular community. This constant movement of memory topics produces the internalization of those issues within the social discourse system. This fact leads to suppose that all the textual material produced by a certain social group remains outside the general archive and, therefore, acquires preponderance as a generative power of an inter-discursive dialogue that transcends the local sphere and gets inserted into the global framework.
RESUMEN: El presente estudio pretende abrir una v铆a te贸rica de an谩lisis de memorias comparadas. A trav茅s de la denominaci贸n metaf贸rica de memoria RAM pretendemos atender a la circulaci贸n continua de discursos sociales atingidos a la memoria colectiva de una determinada comunidad. Esa dinamizaci贸n hace que los temas tratados queden insertos dentro del propio sistema, haciendo que no se sedimente en el archivo general, sino que adquiera vigor y preponderancia como fuerza generadora de un di谩logo inter-discursivo permanente que transciende lo local y se enclava en un marco de acci贸n global.

KEYWORDS: RAM memory, comparative memory, globalization, collective memory
PALABRAS CLAVE: memoria RAM, memoria comparada, globalizaci贸n, memoria colectiva

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Para Dani, tras diez a帽os de memorable amistad

0. Excusatio non petita

El presente art铆culo 鈥攜 aqu铆 me acuso鈥 se reduce a introducir los rasgos elementales de lo que pretende ser posteriormente un trabajo de investigaci贸n m谩s extenso que d茅 respuesta a todas las inquietudes que aqu铆 se generan. Por ello, me dispondr茅 someramente a se帽alar las caracter铆sticas fundamentales de la teor铆a que se desarrollar谩 en el futuro, haciendo especial hincapi茅 en las categor铆as conceptuales que la componen. Para ello, adem谩s, se presentar谩 un an谩lisis superficial 鈥攜 parcial, en cuanto a que no incluiremos referencias espec铆ficas a otros discursos sociales, salvo el literario鈥 que permita ver de qu茅 manera podemos usar el modelo propuesto. Este 煤ltimo apartado, por otra parte, queda limitado a un ejemplo conocido, de tal manera que se pueda percibir con claridad y eficacia la l铆nea de interpretaci贸n a la que esta posible teor铆a nos puede llevar.

1. Observaciones preliminares

1.1. Objetivo

Se presenta este modelo te贸rico de an谩lisis con la finalidad de explorar nuevas v铆as de conocimiento habilitadas para el estudio de la memoria colectiva en un marco global. Esta primera aserci贸n confirma la l铆nea comparativa que se pretende llevar a cabo. La operaci贸n comparatista se articular谩 en torno a dos contextos y tres niveles de interrelaci贸n. Los dos contextos corresponden a los marcos locales (es decir, comparaci贸n dentro del propio sistema) y el marco global (comparaci贸n de memorias estatales). En cuanto a los tres niveles, el primero de ellos corresponde a la interrelaci贸n discursiva que se produce en el 谩mbito local 鈥攖anto a trav茅s de la circulaci贸n de los discursos sociales como de la participaci贸n de otros sistemas o medios de comunicaci贸n tanto interpersonal como colectiva o de masas鈥. Esta interrelaci贸n provoca discusiones locales que sit煤an, limitan o definen el propio proceso memorialista de una comunidad concreta, es decir, lo interiorizan dentro de las coordenadas socio-culturales de la propia comunidad. En este primer nivel de an谩lisis, se har谩 necesaria la revisi贸n pormenorizada de las significaciones que dentro del propio sistema local se generan en torno a un determinado eje tem谩tico de car谩cter memorialista. Para ello se deber谩 atender a la producci贸n discursiva de esa comunidad social, no solo a trav茅s de la observaci贸n del debate p煤blico, sino, m谩s precisamente, a los discursos humanos y sociales habilitados desde las distintas disciplinas acad茅micas y cient铆ficas que los propician. En un segundo nivel se atender谩 a la forma y el contenido que las producciones art铆sticas 鈥攜 espec铆ficamente la literatura鈥 generan para abordar el tema de la memoria. Para ello habr谩 que concretar un corpus previo de an谩lisis a partir del cual se filtrar谩n o se帽alar谩n los temas axiales que definir谩n el mapa de sentidos que esa literatura produce como medio de confrontaci贸n con el pasado traum谩tico de una determinada comunidad. En el tercer nivel se proceder谩 a situar el an谩lisis local anterior (sus dos niveles) dentro de un marco global, de tal manera que ese ejercicio de traslaci贸n pueda ofrecernos una paradigma general con respecto a la forma en la que los distintos estados se relacionan con su pasado y con los otros estados que han sufrido los mismos o parecidos procesos hist贸ricos en la configuraci贸n de su posible identidad colectiva.

Cabe agregar, por otra parte, que este enfoque comparativo se centrar谩 exclusivamente en una serie de rasgos elementales que potencialmente confirmar铆an la validez de la propia comparaci贸n llevada a cabo. Por ello, se trata de un tipo de estudio parcial, en cuanto a que el foco del proceso comparativo se centrar谩 en categor铆as conceptuales 鈥攜 sus posibles significaciones鈥 que circulan en el conjunto de la red de discursos sociales.

1.2. Objeciones
1.2.1. Sobre la globalizaci贸n y el cosmopolitismo[1]

Comenzar茅 este apartado con una afirmaci贸n categ贸rica: la globalizaci贸n es la reafirmaci贸n exitosa de un proceso de asimilaci贸n rec铆proca que las pol铆ticas democr谩ticas de econom铆a capitalista-neoliberal han puesto en pr谩ctica con el fin de reproducir de una manera diferente lo que otros fen贸menos hist贸ricos intentaron llevar a cabo a trav茅s de otros medios y persiguiendo otros prop贸sitos. A lo largo de la historia, distintas sociedades han impuesto sus sistemas de poder sobre otros contextos sociales que fueron asimilados. Los expansionismos imperialistas de 茅pocas hist贸ricas pasadas pretend铆an la reducci贸n del mundo a un solo espacio de control y poder dominado por la fuerza hegem贸nica del momento. La Europa romana o la Europa medieval de Carlo Magno, por ejemplo, se nos presentan como per铆odos hist贸ricos en los que las fuerzas de poder coercitivo extend铆an la idea de unidad de los pueblos, aunque ello fuera solo posible a trav茅s de la dominaci贸n del otro. El cristianismo 鈥攍a religi贸n, en general鈥, no ha sido ajeno tampoco a ese expansionismo que ten铆a como l铆mite 煤ltimo crear una conciencia moral y religiosa com煤n, de tal manera que los pueblos quedaran as铆 vinculados bajo la significaci贸n de un credo com煤n, y, por ello mismo, unidos a trav茅s de todos aquellos discursos que acreditaban un tipo de cultura. Esos elementos discursivos, esas construcciones, han delimitado, por tanto, el marco general de una esfera global com煤n para todas aquellas comunidades que quedaban vinculadas a esa moral religiosa. As铆 pues, fen贸menos hist贸ricos como la romanizaci贸n de Europa, la evangelizaci贸n de Am茅rica o la expansi贸n imperialista de un Napole贸n 鈥攑or citar solo tres ejemplos鈥 confirman la existencia de procesos de globalizaci贸n pasados que deben ser examinados a la luz de las propias condiciones hist贸ricas de cada 茅poca. Pero no por ser ya una mera secuencia en la historia aqu茅llos procesos de expansi贸n social deben ser desestimados a la hora de situarlos como impulsores de movimientos que tienden a reducir lo diverso en lo unitario, pues se infiere que esas operaciones se configuran a partir del sentimiento de superioridad moral que una sociedad concreta cree tener sobre otras. De ah铆, tambi茅n, que sea necesario estimar en qu茅 t茅rminos podemos medir la valoraci贸n moral que otorgamos a la globalizaci贸n; aunque esto solo sea posible si previamente conocemos con exactitud la dimensi贸n exacta de los poderes 鈥攜 sus intereses鈥 que han propiciado este nuevo discurso contempor谩neo de asociaci贸n de comunidades distintas.

De igual manera habr铆a que entender tambi茅n los movimientos obreros iniciados durante el siglo XIX a partir de la episteme revolucionaria introducida por Marx y Engels. Se genera una conciencia nueva en la que el concepto de clase de poder dentro de un espacio nacional concreto es cuestionado por la necesidad de crear una red internacional de movilizaci贸n y acci贸n pol铆tica obrera. Se trataba, por tanto, de un tipo de internacionalizaci贸n que paralelamente deb铆a suponer la ruptura de un modelo de sociedad anterior. Las construcciones de car谩cter nacional fundadas en narraciones y s铆mbolos de identidad vertidos h谩bilmente por las clases de poder quedar铆an as铆 abolidos por este sistema de globalizaci贸n obrera, dando con ello paso a un nuevo tipo de mundo 鈥攅n todo caso, solo como hip贸tesis o, si se prefiere, como utop铆a, y por ello mismo, a d铆a de hoy, parece que irrealizable鈥. La globalizaci贸n, tal y como la entendemos hoy, viene a ser la consagraci贸n de un sistema pol铆tico y econ贸mico 鈥攄efinido por el mercado libre (Gray, 2008: 25-26)鈥 que confirma el poder de ciertas clases sociales sobre otras. El materialismo complaciente y el conformismo radical que sobreviene a esa pr谩ctica del consumo reducen a las sociedades a la pr谩ctica de una nueva forma de sobrevivencia 鈥攗n nuevo darwinismo que cierra al hombre en un tiempo zool贸gico鈥 fundada sobre la sociedad del bienestar. Estamos, en todo caso, ante otra de las caras de aquel bio-poder del que ya Michel Foucault (2009: 148-154) nos invitaba a sospechar[2]. La globalizaci贸n, en todo caso, suele aludir a un tipo de discurso que aparentemente se infunda con matices positivos, pues tienden a lo cosmopolita, a la interrelaci贸n de lo diverso, a establecer una mirada multicultural y colorista con respecto a una idea de mundo. Pero solo en apariencia nos movemos en esa direcci贸n, pues se obvian los intereses creados a partir de la apertura de tales procesos. Asistimos, por tanto, a una 鈥渋nternacionalizaci贸n鈥 de consumidores cuya voluntad es as铆 mismo vendida a la oferta masiva de bienes y actividades promovidas por grandes multinacionales, y no a una verdadera 鈥済lobalizaci贸n鈥 obrera que deber铆a tender hacia la administraci贸n ecu谩nime de los recursos y a la ruptura efectiva de la estratificaci贸n social.

Por otra parte, la globalizaci贸n se manifiesta de forma exuberante en aquellas geograf铆as urbanas abiertamente cosmopolitas. Una mirada al Brooklyn que Wayne Wang y Paul Auster nos trasladaron en sus memorables Blue in the face y Smoke nos permite observar el dinamismo intercultural que invade cada esquina del barrio neoyorkino en el que transcurre la acci贸n. La diversificaci贸n cultural en el m谩s amplio sentido queda sintetizada en ese micro mundo que aparece vertido en los dos filmes. Las barreras de una geograf铆a pol铆tica se desvanecen para configurar, como alternativa, un solo lugar en el que predomina la intercalaci贸n, la convergencia o la confluencia de memorias sociales colectivas diversas que en su inscripci贸n comunitaria en un solo escenario concretan una nueva y m谩s compleja memoria hecha de retazos y tendente a lo disperso o lo fragmentario. Pero por otro lado, esos grandes centros de poder urbano 鈥攕urgidos de una fuerte inmigraci贸n venida, en muchos casos, de pa铆ses que previamente han sido colonizados y que han sufrido por ello mismo un cierto expolio cultural e identitario鈥 acaban parad贸jicamente siendo espacios de centralizaci贸n cultural que hacen invisible a todo aquello que se produce fuera de su marco social de acci贸n. El mundo, en el sentido de espacio cultural-global, se reduce entonces a la frontera de la urbe 鈥攐 las urbes鈥 que se se帽ala como cosmopolita y globalizada, haciendo que todo lo exoc茅ntrico a su propio sistema de existencia quede eliminado del marco global. Se rentabiliza para s铆 la exclusi贸n que en esos espacios se realiza de otros centros culturales que mantienen una tendencia identitaria propia. Se propicia as铆 una suerte de interiorizaci贸n o repliegue del centro cosmopolita, marginando o elidiendo con ello mismo todo aquello que queda fuera de ese marco, que pasar谩 a ser connotado como localista 鈥攅n su acepci贸n m谩s peyorativa鈥. En esa direcci贸n, podemos arg眉ir que la verdadera globalizaci贸n no reside en aquellos lugares articulados en torno a su cosmopolitismo idiosincr谩tico, sino que 茅sta se halla en la suma y sostenibilidad de espacios y memorias culturales de cada comunidad local y sus peculiaridades identitarias. La 鈥渆nsalada鈥 multicultural de la gran urbe no es m谩s que una fragmentaci贸n desarticulada y forzosa de un mundo que no existe. Se trata de otro teatro social en el que subrepticiamente domina el imperativo del consumo y el comercio, adem谩s del control y la asimilaci贸n de las culturas humanas dentro del macro-sistema de una cultura econ贸mica concreta. De ah铆 la importancia que tiene para el ejercicio del poder que todo quede a un nivel de superficie: no hay verdadera confluencia de culturas, sino retazos de esas mismas culturas en su fase de desintegraci贸n 鈥攑rimero鈥 y reestructuraci贸n 鈥攄espu茅s鈥 en el marco general de la nueva patria-urbe en la que se gestiona una forma de vida y se confirma su identidad materialista.

Cabe tambi茅n hacer alusi贸n al etnocentrismo occidental o lo que aqu铆 llamar茅 gloccidentalizaci贸n[3]. Una fuerte ignorancia o desinter茅s hacia todo aquello que ocurre fuera del entorno global occidental se extiende de forma determinante por todo ese espacio. 脕frica es la metonimia, por ejemplo, a la que se ve reducida toda la complejidad hist贸rica y multi-estatal que convive en ese continente. Ese proceso reduccionista impide un verdadero di谩logo global, pues se se帽alan solo aspectos generales para intentar comprender un lugar caracterizado por la variedad y la diversidad cultural de tantos pa铆ses que comparten un mismo espacio continental. Este simple ejemplo de reduccionismo no es m谩s que una de las expresiones de la falta de acci贸n global a la hora de realizar procesos interculturales de comparaci贸n de memorias locales. Occidente ha erigido ya sus poderosos s铆mbolos de adhesi贸n y configuraci贸n hist贸rica, y con ello impone el ritmo de construcci贸n de una historia colectiva v谩lida solo para entender el mundo y su complejidad desde esta 贸ptica etnoc茅ntrica. El inter茅s por las culturas del otro, tanto aquellas grandes culturas coexistentes con la occidental como aquellas peque帽as culturas marginadas y clasificadas dentro del espacio de la tribu 鈥攑or tanto, incapaces de pronunciarse con respecto a los valores colectivos de las propias sociedades que las designan, clasifican y catalogan鈥, ha sido y contin煤a siendo marginal, residual, haciendo que los loables intentos que muchos realizan para provocar un giro global en su sentido m谩s amplio queden invisibilizados por los intereses de pervivencia del modelo etnoc茅ntrico impuesto y validado por la comunidad de poder desde la que se proyectan esos discursos exclusivistas. Por tanto, un rasgo de la globalizaci贸n, as铆 entendida, es la de constituir un mon贸logo cultural interiorizado en un macro-sistema de comunidades unidas por intereses pol铆ticos y econ贸micos comunes.

Por otra parte, el mapa de interrelaciones humanas establecido a partir del desarrollo tecnol贸gico y su implementaci贸n en una esfera digital promueve la ruptura espacial vinculada a las fronteras pol铆ticas para permear as铆 una nueva cartograf铆a mundial. Este hecho confirma la elisi贸n de las identidades en su sentido convencional para generar un nuevo tipo de 鈥減asaporte鈥 vinculado en este caso a la existencia on-line del sujeto. La hiperconectividad continua de individuos (redes sociales, navegaci贸n en Internet, telefon铆a m贸vil y otros sistemas de comunicaci贸n vinculados al desarrollo inform谩tico) hace que el sujeto se re-sit煤e en el centro de operaciones de la generaci贸n y recepci贸n de discursos sociales. Esta nueva condici贸n de actante en el movimiento de informaci贸n global propicia que el propio individuo constituya, a d铆a de hoy, un aut茅ntico canal de filtraci贸n personal de memoria. Una vez procesada la experiencia concreta, el sujeto proyecta a la red de discursos su propia impresi贸n, constituyendo con ello un elemento a tener en cuenta cuando hablamos de memorias colectivas: pues 茅stas ya no se configurar谩n exclusivamente a trav茅s de la coexistencias de distintos discursos sociales, sino, tambi茅n, a trav茅s de la interacci贸n directa del sujeto on-line. Este nuevo marco ubica a los procesos globalizadores en una nueva dimensi贸n. Lo transfronterizo se ve as铆 elidido de esta f贸rmula de interacci贸n, pues los distintos individuos intercomunican a trav茅s de nuevos canales y estructuras que generan un espacio virtual al margen del mundo f铆sico y las fronteras pol铆ticas.

Figura 1. Mapa de conexiones de Internet. Fuente: <http://chrisharrison.net> (01-10-2013)

Sin embargo, pese a que se ha sugerido en ocasiones que este nuevo modelo de interacci贸n se fundamenta sobre pilares democr谩ticos hasta ahora nunca vistos, la realidad no parece que nos conduzca a ese optimismo ingenuo que parece dominar ese aserto. Ello se debe a que las condiciones necesarias para que se produzca el proceso de comunicaci贸n digital son netamente comerciales. La navegaci贸n en Internet conlleva un precio, al igual que todo mecanismo tecnol贸gico ideado para que esa comunicaci贸n se establezca. Por ello, se puede afirmar que la nueva forma de existencia en el mapa digital de una comunidad global solo es posible en aquellos espacios en los que se ha generado una clase social capaz de soportar el precio de esa forma de vida digitalizada. El mapamundi de interconexiones digitales es, por ello mismo, una muestra de la profunda marginalidad a la que muchas sociedades se ven abocadas, pues su escaso o nulo desarrollo tecnol贸gico impide su coexistencia en el marco global, y con ello, se cierra su posible participaci贸n en la configuraci贸n de una memoria colectiva en la esfera digital. Cabr铆a a帽adir, a modo de 煤ltima provocaci贸n, que quiz谩 esa exclusi贸n y todos los comentarios anteriores que la explican, no sea m谩s que otra forma de intentar legitimar lo ilegitimable: el derecho de muchos a no estar presentes en ese entorno y, con ello mismo, el derecho a existir pese a su voluntad de permanecer fuera del marco digital. En todo caso, la evidente digitalizaci贸n masiva de una gran parte del mundo confirma la existencia de la otra parte, y con ello, a la postre, se consolida la idea de una globalizaci贸n en todo caso parcial y excluyente.

Por todo lo que hemos hasta ahora observado, aceptamos el uso del t茅rmino globalizaci贸n pero solo en cuanto a concepto limitado y no enteramente representativo 鈥攑arad贸jicamente contraviniendo lo que se sugiere a trav茅s del sentido que se infiere de su nominalizaci贸n鈥. Se trata, entonces, de una construcci贸n discursiva que vincula a las democracias occidentales en torno a un sistema socio-econ贸mico 鈥攅l capitalismo y m谩s concretamente el capitalismo neo-liberal鈥, que habilita potentes mecanismos discursivos de exclusi贸n y que, por ello mismo, no logra adecuarse a las realidades culturales que conviven en un verdadero marco global. Este hecho hace que la memoria cultural o colectiva de un grupo se mida siempre en funci贸n de la memoria colectiva del grupo dominante. Es este grupo 鈥攅nclavado en las coordenadas de un poder que permite la regularizaci贸n y dinamizaci贸n del propio sistema global鈥 el que convoca para s铆 el verdadero protagonismo hist贸rico que se resalta en su pr谩ctica memorialista, excluyendo, con ello, a las memorias locales de comunidades hist贸ricas elididas de la propia historia general por no haber sido centros de poder dominante. La participaci贸n, por tanto, de estas comunidades locales en la esfera global se reduce al papel de ente asimilado, por lo que no tendr谩n ya una verdadera representatividad.

1.2.2. 驴Por qu茅 trans-estatal?

Se hace hincapi茅 en la necesidad de usar el concepto trans-estatal en sustituci贸n del com煤nmente m谩s aceptado transnacional. Ello se debe a que no me parece oportuno ni efectivo presentar una teor铆a sobre un estudio comparativo de memorias locales en un marco global a partir del uso de un t茅rmino tan inestable como es el de naci贸n[4]. Esa inestabilidad queda patente desde el mismo momento en que se asume que las distintas naciones 鈥攖al y como las denominamos hoy鈥 no surgen de forma espont谩nea siguiendo un impulso natural concreto, sino que se perciben como creaciones autorizadas por discursos de poder dirigidos a confirmar la existencia hist贸rica de un grupo. En ese sentido, comenta 脕lvarez Junco que las identidades que se fundamentan en este tipo de construcci贸n nacional no son 鈥渆ternas鈥, como tampoco son 鈥渘aturales鈥 o 鈥渆stables鈥, sino que su caracter铆stica principal es precisamente su transitoriedad y su tendencia a la desaparici贸n: 鈥渘ada es eterno en la historia, pero sobre todo no lo son las naciones, contra lo que tienden a creer los nacionalistas鈥 (脕lvarez Junco, 2008: 181).

La naci贸n, como otros tantos conceptos vacuos, se carga de sentido cuando es traspasada por los discursos constructivistas de car谩cter narrativo (Agamben, 1996: 43) que la circundan y coligen. Dando por buena la tesis de una obra can贸nica de la sociolog铆a moderna, sin embargo dir茅 aqu铆 que no se tratar铆a de una construcci贸n social de la realidad (Berger y Luckmann, 1971) sino de 鈥攙alga el ox铆moron鈥 una aut茅ntica construcci贸n ficcional de la realidad nacional. Lo curioso 鈥攁 mi entender鈥 se produce cuando el resultado de ese proceso de creaci贸n ficcional 鈥攑roveniente de la fusi贸n de discursos sociales, con especial incidencia del hist贸rico, en esa b煤squeda y designaci贸n de lo genuino, de lo aut茅ntico, de lo propio鈥 adquiere para los grupos sociales categor铆a de realidad apod铆ctica, seudo-dogm谩tica, incluso. Ello se debe, claro est谩, a que el espacio de representaci贸n simb贸lico ha invadido el terreno de la psique individual y colectiva, ofreciendo al sujeto una identidad social en la que se reconoce y de la que no podr谩 prescindir. Ese proceso diferenciador se帽ala, adem谩s, la entrada en juego del otro o lo otro, elemento extra帽o que se rechaza y con el que 鈥攅n un grado de comparaci贸n鈥 se establecen las diferencias espec铆ficas que confirman la identidad propia, 茅sta siempre equivocadamente entendida como moralmente superior.

Los fuertes brotes de nacionalismo local surgidos en los 煤ltimos a帽os en toda Europa confirman la desgraciada falta de toma de conciencia con respecto a las consecuencias l铆mites que estos movimientos de construcci贸n simb贸lica 鈥攏arraciones que tratan de perpetuar una identidad para los sujetos鈥 han producido en el pasado siglo. Situando a Auschwitz como centro de una reflexi贸n somera sobre el asunto, hay que afirmar que la tragedia all铆 acontecida es la consecuencia 煤ltima de una pr谩ctica de depuraci贸n nacional trazada como operaci贸n pol铆tica institucionalizada. Los mecanismos de muerte masiva ideados durante el Holocausto sugieren un rasgo perverso del propio concepto de racionalismo ilustrado, hecho que finalmente imposibilita o desautoriza todo el proceso de renovaci贸n de ideas acaecido desde el siglo XVIII, condenando a la Ilustraci贸n hist贸rica a un tipo de dial茅ctica cerrada en torno as铆 (Adorno y Horkheimer, 1944), y por ello mismo incapaz de sedimentar un verdadero cambio axiol贸gico que permitiera sustanciales modificaciones en las relaciones del hombre con los otros hombres y con los poderes que 茅stos arbitran y dirigen hacia s铆 mismos. Auschwitz aparece aqu铆, entonces, como la gran met谩fora de todo proceso de desmesura nacionalista cuya consecuencia 煤ltima es la extirpaci贸n social del otro, dando solo como v谩lido aquello propio, en el sentido, tambi茅n, de lo propio de una naci贸n concreta. Por ello mismo, este tipo de construcciones narrativas 鈥攍as ficciones a las que antes hac铆amos alusi贸n鈥 nos sugiere una carencia de racionalidad en el mismo proceso de creaci贸n del propio discurso de identidad nacional. Es, por tanto, un tipo de construcci贸n discursiva ret贸rica, no dial茅ctica, y por ello mismo deber谩 quedar al margen de la propuesta te贸rica que aqu铆 trazo. El concepto de estado, y con ello de relaciones transestatales o interestatales, me parece, con todas sus limitaciones, menos ret贸rico, m谩s racional, pues en su nominalizaci贸n se perciben los rasgos organizativos y administrativos de un determinado territorio, sin hacer hincapi茅 en la aparatosidad simb贸lica y en el teatro de representaci贸n de lo patrio que se circunscribe al discurso nacionalista.

1.2.3. Memoria RAM como met谩fora

Si nos atenemos al significado dado a este tipo de memoria en su aplicaci贸n y fundamento original 鈥攅s decir, el campo de la inform谩tica鈥 resultar谩 evidente que la memoria RAM en el sentido que aqu铆 se propone no cubre la totalidad de significaciones que el concepto contiene. Por ello mismo, conviene remarcar que la met谩fora que aqu铆 se usa nos servir谩 para resaltar la manera en la que se configura una red local y global de discursos que en sus din谩micas de interrelaci贸n procesan, generan, activan, filtran y seleccionan aquellos elementos significativos que participan en la creaci贸n de una memoria colectiva concreta. Se trata, por tanto, de la memoria que circula y no se almacena dentro del propio sistema, es decir una memoria en acci贸n que opera para producir sentidos sociales a partir del constante flujo de informaci贸n procesada en el mismo sistema.

2. Memoria RAM: definici贸n, caracter铆sticas y funcionalidad

A la hora de realizar este estudio, convendr谩 primero hacer alusi贸n a la manera en la que vamos a definir este tipo de memoria. El concepto 鈥淢emoria RAM鈥 corresponde a una variaci贸n del t铆tulo del libro de Jos茅 Luis Brea Cultura_RAM (2007). Hablamos aqu铆 de procesos din谩micos que producen material discursivo que no se fija o almacena en el archivo de memoria, sino que est谩 llamado a circular y confluir en una esfera discursiva m谩s amplia y de capacidad ilimitada 鈥攅n cuanto a la producci贸n continua de nuevos materiales textuales atingidos a la memoria鈥 haciendo que con ello 鈥 y sigo aqu铆 a Jo茫o Canavilhas鈥 el mismo material de archivo 鈥攜 agrego yo, de los archivos locales鈥 se reinvierta en el sistema haciendo que su actividad quede reducida a las coordenadas tiempo-espaciales de lo inmediato y lo global (2013: 1); o, dicho de otro modo, este proceso din谩mico de interacci贸n permanente se enclava dentro de un esquema temporal sin anclajes convencionales. Se alude aqu铆 a un plano de temporalidad circular o temporalidad 0, espacio en el que se deshacen los l铆mites cronol贸gicos y sobresale el flujo de informaci贸n constante que queda en permanente circulaci贸n, siendo el presente, en este caso, la correa de transmisi贸n de temporalidades a trav茅s de la cual queda unido el sistema. En ese sentido, concedemos al presente el significativo hecho de ser la 煤nica dimensi贸n temporal existente, si bien la caracter铆stica de dicha existencia ser谩 precisamente su dinamismo constante. El presente es el tiempo en proceso a trav茅s del cual se generan las otras dos dimensiones: el pasado, como narraci贸n multidiscursiva de hechos acontecidos; y el futuro, como narraci贸n de hechos potencialmente realizables, pero imposible de confirmar, pese a que muchas de esas acciones a煤n no llevadas a cabo partan de actos de la voluntad. Una memoria RAM como a la que aqu铆 apelamos supone, por ello mismo, la activaci贸n presente de toda la maquinaria de difusi贸n de discursos, tomando del pasado aquello que se activa 鈥攆ijando, con ello, sus distintas narrativas鈥 y proyect谩ndose en todo caso hacia un futuro impredecible, aunque negociable, pues se parte del hecho de que ese futuro puede resituarse o pensarse en la medida en que los discursos activados socialmente y sus distintas significaciones podr铆an consolidar una posible hoja de ruta para los hechos a煤n no acontecidos. Por tanto, la circulaci贸n textual y discursiva en un tiempo presente se proyecta hacia el futuro, hecho que conlleva, tambi茅n desde el presente, la actualizaci贸n del sistema en funci贸n de los datos aportados por el archivo 鈥攑or el pasado鈥 que son procesados y articulados en el interior de un sistema social concreto.

Esta interacci贸n din谩mica emerge, adem谩s, a partir de los cambios en la forma de intercomunicaci贸n producidos tras la 煤ltima revoluci贸n tecnol贸gica. Este hecho ha significado que, tanto a nivel personal como social, los usuarios de estos sistemas se conviertan en receptores-transmisores o distribuidores de memoria[5] que activan el sistema general de los discursos sociales que cohabitan en el marco local y global, dando una importancia central a los nuevos media[6] como formas revolucionarias de informaci贸n que se insertan en los procesos de soberan铆a y legitimaci贸n a trav茅s de los que se construyen o se critican los marcos locales o los poderes del propio estado (Price, 2008: 306-310).

La memoria archivo, por otro lado, queda reducida a un espacio de almacenaje de informaci贸n que, sin embargo, aporta inputs a la memoria RAM una vez que 茅sta recurre al dato archivado para activar la circulaci贸n de un determinado discurso. Estamos ante una denominaci贸n que de alguna manera se asemeja a la 鈥渟torage memory鈥 y 鈥渇unctional memory鈥 que ya ha propuesto A. Assmann (2011: 123-134). Ambas memorias 鈥攍a del archivo y la funcional鈥 son complementarias. La primera se relaciona con toda una masa de memoria 鈥攗na cantidad inmensa de materiales, como afirma Ricoeur (2006: 171)鈥 que no se incorpora al circuito de transmisi贸n din谩mico de la memoria funcional, pero que lo rodea. Se trata de una suerte de vadem茅cum social situado como paradigma de lo que ser铆a un almac茅n de datos. La memoria funcional recurre as铆 en ocasiones a ese espacio para realizar procesos de selecci贸n o recolecci贸n de informaci贸n 鈥攁ctuando as铆 como la 鈥渨orking memory鈥 que se帽ala hechos que act煤an en una determinada sociedad y a partir de los que 茅sta genera un marco de referencia com煤n (Rigney, 2005: 17)鈥 que provocan finalmente cambios de sentido una vez filtrados dentro de un marco social[7] concreto, es decir, hacen que el dato o la significaci贸n de un acto de memoria se resemantice dentro de la comunidad en la que el concepto se inserta. La memoria, dice Assmann, produce sentidos y los sentidos estabilizan la memoria (2011: 125). Se percibe as铆 ese marco de interacci贸n discursiva 鈥攅l de los discursos sociales鈥 como verdaderos espacios de configuraci贸n, dise帽o, distorsi贸n o creaci贸n de sentidos. Comenta Jos茅 Luis Brea a prop贸sito de la diferencia que existe entre una memoria archivo una memoria en red:

Si aquella memoria era preservadora, retentiva, 茅sta es fluida y din谩mica; si aqu茅lla pon铆a identidad y retenci贸n, 茅sta pone diferencia, red y flujo. Donde aqu茅lla era monumento y voluntad de permanecer, 茅sta no hace sino eco, diferici贸n y conciencia de otredad, incluso para s铆 misma. Memoria de no ser sino en esa apertura hacia lo otro, hiperenlace activo, diferencia en curso. Memoria como reproducci贸n miniaturizada del sistema al que pertenece (reducci贸n mon谩dica: introyecci贸n molecular de las infinitas partes que dicen a cada unidad de un sistema s贸lo como lo que el resto a falta de ella 鈥渘o es鈥) y al mismo tiempo transitividad continua, diferencia desplazada, (des)memoria n贸mada y en continuo devenir鈥 (2007: 18)

Hablamos aqu铆 de una memoria en proceso de circulaci贸n constante, una afluencia de conocimientos, entonces, que flotan y circulan 鈥渟in descanso, sin acumularse ni congelarse en punto alguno鈥 (Brea, 2007:97). Esta din谩mica activa la producci贸n masiva de discursos sociales 鈥攜 entre ellos las producciones art铆stico-literarias鈥 que interaccionan dentro del 谩mbito no solo local, sino tambi茅n global. Los procesos iniciados en otros lugares tienen eco en el espacio local, precisamente porque se ha articulado un tejido en el que la interconexi贸n de cada una de sus partes permite la asociaci贸n de ideas, la controversia conceptual, la toma de conciencia colectiva o el trasplante de actitudes 茅ticas. Esto ha permitido que hechos acontecidos en un marco local concreto sean ahora reevaluados por una audiencia global que, como afirman Assmann y Conrad, act煤an como una suerte de tribunal con responsabilidades morales (2010: 5). Dicho de otro modo, las memorias locales transmitidas a trav茅s de los distribuidores de memoria sociales se vierten en un tejido global que potencialmente o de facto puede provocar una respuesta a ese hecho. No cabe duda de que estos niveles de transferencia han permitido una redefinici贸n m谩s amplia del concepto de memoria cosmopolita que acu帽aran Levy y Sznaider (2006), dando un protagonismo evidente a los media como actantes funcionales habilitados para guiar el sistema din谩mico global-local que transmite eventos particulares pero de magnitud y encaje global, como comenta Pawas Bisht (2013: 13-14).

La memoria RAM 鈥攑or tanto鈥 es una memoria que fluye de forma constante, no se deposita y sedimenta, sino que est谩 abierta a modificaciones, incluso a la amplificaci贸n del espacio de circulaci贸n que permite nuevas y m谩s complejas operaciones. Las sociedades modernas tienden a una fuerte tecnificaci贸n que necesita de marcos de transferencia cada vez m谩s amplios. Memoria RAM, en el sentido metaf贸rico que le aplicamos al estudio de la memoria colectiva de un determinado estado o de una memoria comparada interestatal, hace alusi贸n a un espacio discursivo centrado en n煤cleos o t茅rminos de memoria que fluyen dentro del campo discursivo general a todos los seres humanos y sus distintas culturas, y que permiten la operatividad del sistema social en cuanto a que se genera un canal de reflexi贸n constante y necesario para el mantenimiento del propio sistema: mantenimiento, en este caso, en el sentido de que ese flujo, esa transferencia conceptual y discursiva con relaci贸n al pasado, permite el reconocimiento del propio sistema como mecanismo 铆ntegro, sin fisuras, que determina las coordenadas espec铆ficas de una identidad estatal o comunitaria concreta.

Ahora bien, para poder atender a una comparaci贸n efectiva entre memorias locales en un marco global, habr谩 que categorizar aquellos elementos discursivos que consideramos relevantes a la hora de iniciar el proceso comparativo. Para ello habr谩 que determinar una serie de conceptos que de alguna manera conviven dentro del 谩mbito de los estudios de la memoria; conceptos, por tanto, que podemos entender como n煤cleos generativos de la actividad memorialista y que, en su dinamizaci贸n o circulaci贸n interdiscursiva en el interior de la red de discursos sociales, provocan cambios de sentido. Ahondaremos en ello a continuaci贸n.

2.1 Litemas. Definici贸n, caracter铆sticas, tipolog铆a

Centrar茅 mi estudio en el 谩mbito de las din谩micas narrativas o literarias que permiten la circulaci贸n de ese caudal de informaci贸n constante que es asimilada y procesada en los medios locales en los que se difunde y con los que cohabita en un 谩mbito global. Por ello, a la hora de fijar el grado de confluencia que podemos observar en los discursos memorialistas en un espacio global, habr谩 que fijar una categor铆a conceptual que tenga como caracter铆stica fundamental ser general, universal y ahist贸rica, por tanto susceptible de ser realizable en cada espacio local en el que se han abierto procesos memorialistas. A esta categor铆a la vamos a clasificar como n煤cleos activadores de memoria, es decir, categor铆as funcionales cargadas de significaci贸n plena y universal y alrededor de los cuales se construyen narraciones concretas (locales) que lo delimitan, amplifican, deforman o manipulan hasta llegar a desviar su sentido pr铆stino. Estos n煤cleos de memoria, que en adelante llamar茅 litemas, son unidades l茅xico-conceptuales y discursivas que se reproducen en el marco general de la literatura memorialista[8].

Son 鈥渓itemas鈥 t茅rminos como justicia, trauma, violencia, represi贸n, culpabilidad, reconciliaci贸n, perd贸n, etc. En aquellas sociedades en las que se ha producido la apertura de procesos memorialistas concretos, estos conceptos formar谩n parte de las discusiones activadas dentro del 谩mbito de los discursos sociales. Cada marco local en el que se reproducen estos debates actuar谩 como centro discursivo transformador del sentido del concepto. A su vez, el di谩logo local se filtra en una esfera global a trav茅s de lo que aqu铆 llamaremos distribuidores de memoria, canales de comunicaci贸n social e interpersonal que en un espacio RAM crean un tejido hiperconectado habilitado, por ello mismo, para provocar cambios axiol贸gicos y epistemol贸gicos dentro de los marcos locales en los que se activan. As铆 pues, ser铆an distribuidores de esa memoria colectiva los medios de comunicaci贸n de masas, la literatura, la producci贸n acad茅mica, Internet, las relaciones interpersonales e inter-comunitarias establecidas a trav茅s de la interacci贸n directa o usando las nuevas tecnolog铆as (sms, chat, redes sociales), los congresos o espacios de difusi贸n cient铆fico-acad茅mica destinados a los estudios de la memoria colectiva, etc. Pero adem谩s de distribuidores, estos mecanismos de interrelaci贸n discursiva son aut茅nticos activadores o actualizadores del discurso memorialista. Cada nueva entrada, cada nueva perspectiva cr铆tica, cada nuevo 谩ngulo socio-cultural o pol铆tico-ideol贸gico provoca un update del propio concepto, haciendo que tras el movimiento de descarga en el sistema se abran nuevas aproximaciones, discusiones o, en definitiva, actualizaciones de la significaci贸n del propio concepto.

Dentro de un marco local concreto, adem谩s, el significado de estos litemas se ve sometido a la filtraci贸n de sentido que proviene de distintos 谩mbitos. Hablamos aqu铆 de la asistencia de filtros o modificadores de sentido como ser铆a, por ejemplo, la manipulaci贸n o transfiguraci贸n ideol贸gica proveniente de los n煤cleos de poder, es decir, ideolog铆as asentadas en el poder que filtran el valor universal del concepto para adaptarlo a sus prop贸sitos reguladores, coercitivos, de control social o justificadores de un comportamiento; ser铆an tambi茅n filtros o modificadores de sentido los sistemas pol铆ticos aplicados en una determinada sociedad 鈥攏o es igual el sentido de la justicia en sistemas democr谩ticos que en sistemas dictatoriales鈥, el tipo de culto religioso y su grado de influencia en el 谩mbito social, las idiosincrasias culturales de una comunidad local, etc. Adem谩s de ello, en el caso concreto de la literatura memorialista 鈥攁 fin de cuentas este tipo de obras componen el micro-marco de discursos sociales en los que se insertan una gran cantidad de variaciones de sentido鈥, habr铆a que sumar filtros de car谩cter personal que provocan las modificaciones de sentido que el propio autor de la obra establece. Se帽alamos como filtros o modificadores en este caso, la propia ideolog铆a del autor, la intencionalidad de la obra, los componentes emotivos y psicol贸gicos activados en el espacio 铆ntimo del sujeto, etc.

De todo lo dicho anteriormente se infiere que los litemas son categor铆as l茅xicas limitadas. Se帽alar茅 que en efecto estamos ante un grupo l茅xico-conceptual finito dentro de la propia pr谩ctica discursiva memorialista. Me atrevo a asegurar, sin haber realizado a煤n un concienzudo estudio comparativo, que las sociedades con un pasado traum谩tico concreto conservan en el interior de sus discursos memorialistas una serie de litemas permanentes e invariables y de igual manera verificables en otras sociedades. Eso no quiere decir que en determinadas comunidades locales unos litemas tengan un mayor grado de incidencia que en otras, dado que los condicionantes hist贸ricos espec铆ficos de una sociedad concreta demarcan tambi茅n los temas que su producci贸n discursiva memorialista ha motivado y erigido como particulares.

Por 煤ltimo, conviene ahora hacer referencia al grado de visibilidad que un determinado litema adquiere en un espacio discursivo concreto 鈥攜 m谩s espec铆ficamente literario鈥. La literatura se abre a distintos ejes tem谩ticos a trav茅s de la forma alusiva o la el铆ptica. Es decir, la obra puede hacer referencia espec铆fica a un tema concreto a trav茅s de la nominalizaci贸n del asunto particular que se aborda en la trama novel铆stica o en la creaci贸n po茅tica. Pero, por otro lado, la mayor铆a de las obras literarias tienden a dejar una serie de huecos a trav茅s de los cuales se filtran sentidos atingidos a los temas centrales 鈥攓ue deber谩n ser posteriormente recompuestos en la operaci贸n hermen茅utica鈥 haciendo que 茅stos queden voluntariamente elididos de la construcci贸n narrativa. En el caso concreto que aqu铆 nos ocupa, hablaremos de litemas actantes cuando el concepto negociado cobra presencia efectiva dentro el espacio narrativo. As铆 pues, por citar un ejemplo, la novela El desierto (2005) del chileno Carlos Franz aborda de forma directa el tema de la justicia 鈥攅ntre otros鈥, para lo cual no solo este litema aparece en la voz de los personajes que la invocan en la obra, sino que en s铆 misma se convierte en uno de los n煤cleos centrales que dan pie a la narraci贸n omnisciente que domina toda la novela. Por otro lado, nos referiremos a litemas latentes cuando a lo largo de una obra concreta no se comunica de forma directa 鈥攁 trav茅s del di谩logo o pensamiento de los personajes o mediante el uso de una voz narrativa particular鈥 el litema que dar谩 pie a toda la actividad memorialista. Sirva como ejemplo de esto 煤ltimo la elisi贸n del posible litema 鈥渞econocimiento de las v铆ctimas鈥 que se sugiere en la 鈥淪egunda derrota鈥 de la obra Los girasoles ciegos de Alberto M茅ndez, donde solo a trav茅s de un proceso de inferencia hermen茅utica podemos establecer ese valor universal como uno de los ejes tem谩ticos que componen el relato.

2.2. Lisemas. Definici贸n y caracter铆sticas

Por otra parte, si bien el litema adquiere estatuto de concepto global 鈥攅n cuanto a que asumimos que designa una significaci贸n que interesa a todas las memorias que confluyen en torno a esta categor铆a l茅xico-conceptual鈥, sin embargo veremos que el sentido local 鈥攍a variente axiol贸gica y epistemol贸gica local鈥 de cada uno de ellos puede llevarnos a que se observen contradicciones de significaci贸n nada desde帽ables. Al sentido o a los m煤ltiples sentidos que en el 谩mbito local adquiere el litema, lo vamos a denominar lisema. Los lisemas, por tanto, ser谩n los significados contextuales que cada litema tiene en un espacio local concreto una vez que ha sido filtrado y activado dentro de la red de discursos sociales. Para poder atender a esta diversificaci贸n, habr谩 que observar c贸mo esas fuerzas rectoras discursivas paralelas al propio discurso literario han forzado una determinada significaci贸n en ese espacio espec铆fico. Los lisemas circulan en el interior del sistema como muestra clara de la transformaci贸n a la que el concepto inicial universal ha sido expuesto. La literatura produce sus propias significaciones, no solo bajo la gu铆a de motivaciones de un autor concreto, sino tambi茅n de bajo el prisma de toda una red de interacci贸n discursiva que se sit煤a como marco de referencia para el propio autor de la obra. Se encuentra, as铆, inserto en esas coordenadas contextuales que fuerzan o dirigen su propia producci贸n, siempre atada, como es el caso de una literatura atingida a la memoria, a unos presupuestos emotivos, 茅ticos, est茅ticos o ideol贸gicos previos. La significaci贸n final de un texto literario determinado 鈥攅l sentido que se le da a uno de esos t贸picos recurrentes o litemas鈥 es devuelto posteriormente a la red de discursos sociales, haciendo que la literatura, de esa forma, no sea un fin, sino un punto de partida para nuevas y futuras reflexiones inscritas en un marco colectivo para todas las producciones discursivas relacionadas con el tema, es decir, un canal de distribuci贸n de significaciones especialmente activo en la generaci贸n de discursos de memoria.

Dentro de un marco transestatal, un an谩lisis de estas caracter铆sticas nos llevar铆a, partiendo del estudio de dos o m谩s obras literarias, a atender a los n煤cleos de memoria que comparten los textos tratados: a partir del elemento l茅xico-conceptual compartido y activado en unas determinadas obras, podemos ver de qu茅 manera se interioriza el concepto dentro del seno de lo particular: la cultura propia, la pol铆tica propia, la historia propia. Desde esa construcci贸n inversa, que parte de un n煤cleo com煤n, podremos establecer qu茅 n煤cleos de memoria o litemas sobreviven al hecho particular para constituirse en materia humana universal, as铆 como, por el contrario, estaremos en disposici贸n de entrever de qu茅 manera se interioriza en una cultura concreta, haciendo que el sentido universal inicial haya sido transformado por la propia acci贸n interdiscursiva de una comunidad local.

Para poder concebir en el futuro una ampliaci贸n de los t茅rminos te贸ricos que aqu铆 estoy desarrollando, habr谩 que atender a la necesidad de convivencia permanente con todo el 谩mbito de estudio de las ciencias humanas y sociales. La idea surge, precisamente, con la intenci贸n de reunir en torno as铆 a distintas disciplinas que se aglutinan en esas 谩reas del saber, dado que solo a trav茅s una puesta en com煤n se podr谩 generar una cartograf铆a global de sentidos para los conceptos fundamentales que dibujan el plano de toda actividad memorialista. Habr铆a que se帽alar previamente un corpus general de obras que circulan en el 谩mbito local para formar paradigmas de sentido 鈥攍isemas鈥 que nos den cuenta de las m煤ltiples valoraciones locales que se hacen del t茅rmino. Esos paradigmas surgir铆an de un an谩lisis previo de todos aquellos niveles de expansi贸n, modificaci贸n o distribuci贸n por los que el concepto inicial tratado ha pasado, es decir, su posici贸n como tema recurrente y activado dentro de la esfera de los discursos sociales, las interrelaciones personales y comunitarias y los modificadores tanto del nivel socio-cultural y pol铆tico-ideol贸gico como los que afectan al propio sujeto. En rigor, adem谩s, podemos afirmar que la articulaci贸n de toda esa red discursiva dentro de un marco local confirma la pervivencia de una preocupaci贸n o una inquietud social no resuelta. De ah铆 la necesita de atender a esos ecos desde los distintos 谩ngulos a los que un verdadero conocimiento humano y social debe aspirar cuando se resit煤a 鈥攜 por 茅tica profesional as铆 debe ser鈥 al margen o fuera del marco de las consignas ideol贸gicas o de los intereses afines al poder pol铆ticamente constituido. Por otra parte, la elisi贸n total de los discursos sociales centrados en la memoria, as铆 como su cese dentro de la esfera p煤blica, confirmar谩n el paso a un siguiente estadio, haciendo que la memoria, una vez solapada por el paso del tiempo, se inserte dentro de archivo general de la comunidad, es decir, se transforme en dato y con ello, en pura materia hist贸rica.

2.3 Litemas, lisemas y selectores de memoria.

Se habla del 11-S como una suerte de flashbulb[9] en el que una determinada comunidad social establece un tipo de anclaje identitario que reconoce como propio. Esos flashbulbs pueden relacionarse por extensi贸n con un determinado litema y propiciar, posteriormente 鈥攗na vez insertos en los mecanismos de interpretaci贸n o ideologizaci贸n local y global鈥 distintos lisemas. Pero, 驴pueden representar verdaderamente esos hechos a toda una comunidad global? Est谩 claro, a mi parecer, que los discursos memorialistas propiciados desde los discursos sociales de las democracias occidentales circundan esos flashbulbs y reciben de ellos elementos cr铆ticos y de an谩lisis que son intercambiables y que pueden incidir multidireccionalmente en todos los contextos locales de esa macro-comunidad global 鈥攅s decir, siguiendo a Michael Rothberg (2009), la actividad memorialista consiguiente a un hecho traum谩tico, puede ser exportable a otros marcos locales en los que se ha sufrido un tipo de experiencia hist贸rica similar鈥. Pero, al mismo tiempo, habr谩 que se帽alar que 鈥攃omo en el ejemplo presentado鈥 estamos ante la profusi贸n de sentidos en un marco global-occidental que comparte juicios hist贸ricos propios filtrados por sus construcciones narrativas como sociedades que comparten rasgos culturales e intereses econ贸micos vinculados a una fuerte pulsi贸n de poder internacional. Por ello, habr谩 que referirse aqu铆 a estos discursos como selectores de memoria, es decir, discursos sociales memorialistas que se erigen a trav茅s de un proceso de recolecci贸n y selecci贸n de im谩genes ic贸nicas, hechos hist贸ricos concretos o conceptos vinculados a la cultura pol铆tica o social de una determinada sociedad que se tratan de rentabilizar dentro de su marco com煤n de acci贸n, para crear con ello un sistema axiol贸gico ponderado en esa comunidad de poder. De ah铆 que el flashbulb 11-S sea un discurso vigoroso que cada mes de septiembre, desde hace ya m谩s de 10 a帽os, se recuerda en todos los pa铆ses occidentales a trav茅s de diversos medios de comunicaci贸n. Esa rememoraci贸n activa un sentido comunitario 鈥攑ues se selecciona como representativo de esa comunidad鈥 que sigue a un proceso memorialista socialmente operativo 鈥攅n cuanto a que permite la consolidaci贸n de un imaginario colectivo y la emergencia de un reconocimiento de pertenencia a una identidad social com煤n鈥. Ese mismo hecho, con una significaci贸n muy distinta, es recibido o interpretado por la comunidad isl谩mica fundamentalista a trav茅s de una cr铆tica opuesta y, sin duda, vinculada a lo que ser铆a, para muchos, un hecho heroico cometido por unos verdaderos m谩rtires que dieron su vida en su lucha contra el imperialismo occidental. A la hora en la que las sociedades occidentales eval煤an atrocidades cometidas contra la poblaci贸n civil como esta que acabamos de nombrar, podr铆amos se帽alar una larga lista de variedades de sentidos funcionales 鈥攅n cuanto a que operan como activadores de memoria en una determinada comunidad internacional que comparte ciertos criterios axiol贸gicos鈥 que se producen en otros espacios locales ajenos a los valores socio-pol铆ticos y culturales que dominan nuestro entorno cercano. Esta diversificaci贸n de sentidos muestra un l铆mite aparentemente insalvable para la globalizaci贸n de ideas, siendo por tanto necesario activar alg煤n otro mecanismo comparativo que permita integrar la totalidad de sentidos en torno a un solo concepto de car谩cter universal 鈥攃laro, hacemos alusi贸n aqu铆 a los litemas鈥.

Una breve reflexi贸n sobre el Holocausto 鈥攃omo lugar de memoria de occidente鈥 tambi茅n nos vale ahora para ahondar en estas ideas. El alcance y gravedad de las atrocidades cometidas durante la Sho谩 se帽ala un tiempo en el que verdaderamente se hace visible el fracaso de todo movimiento racionalista-ilustrado por vencer a la tiran铆a del poder y sus falaces construcciones narrativas e ideol贸gicas, como son la naci贸n, la raza, la cultura propia, etc. Sin embargo, otros hechos igualmente execrables desde el punto de vista de una verdadera 茅tica emancipada de las reducciones localistas, no han sido 鈥攐 no est谩n siendo鈥 impulsados con la misma fuerza como n煤cleos de memoria dentro del espacio memorialista occidental. De ah铆 que, por ejemplo, la destrucci贸n completa de Hiroshima y Nagasaki, con la subsecuente aniquilaci贸n sistem谩tica de cientos de miles de personas, adquiera en nuestro espacio global 鈥攄onde ha quedado relegado en un tercer plano, indicando con ello su propensi贸n a un olvido hist贸rico鈥 significaciones muy distintas a las que sin duda se le dan en un pa铆s como Jap贸n, en donde a d铆a de hoy se sigue conmemorando el exterminio injustificado de toda una masa poblacional. Una reflexi贸n residual y marginal sobre este mismo hecho, aparece en Leviat谩n de Paul Auster, donde el autor norteamericano abre el camino para una comprensi贸n del hecho fuera del marco local, situando con ello lo narrado en el plano de una valoraci贸n humana de sentido universal. Lo citar茅 a continuaci贸n como ejemplo de la activaci贸n dentro de un espacio global-occidental de un flashbulb propio la cultura nipona. Escribe Auster:

Sachs hablaba a menudo de la bomba. Era un hecho fundamental del mundo para 茅l, una 煤ltima declaraci贸n del esp铆ritu, y en su opini贸n nos separaba de todas las dem谩s generaciones de la historia. Una vez adquirida la capacidad de destruirnos a nosotros mismos, la noci贸n misma de la vida humana hab铆a quedado alterada; incluso el aire que respir谩bamos estaba contaminado por el hedor de la muerte. (1997: 37)

Auster se帽ala el sentido global 鈥攗niversal鈥 del hecho, atingi茅ndolo incluso a la esfera de lo que ser铆a el esp铆ritu de lo humano 鈥攓ue aqu铆 yo interpreto como aquello que es connatural y en esencia humano鈥. Se marca su transcendencia al activarlo como n煤cleo desde el que se proyecta un cambio en la historia del hombre. Desde esa imagen se se帽ala el instante de una toma de conciencia colectiva: se inicia una era en la que con un leve mecanismo de accionamiento el ser humano es capaz de autodestruirse de forma masiva. El valor de la propia vida queda reducido a la nada, quitando importancia con ello al hecho mismo de existir, pues se realza la precariedad de la vida frente a la facilidad con la que desde una posici贸n de poder se puede lanzar la orden de aniquilaci贸n completa de la historia de toda una comunidad 鈥攐peraci贸n, 茅sta, en todo caso, practicada por muchos otros pueblos desde los albores de la humanidad, aunque, eso s铆, a trav茅s de mecanismos de actuaci贸n diferentes鈥. Paul Auster abre para nosotros una dimensi贸n 茅tica universal de un hecho que, sin embargo tiene distintas significaciones y valoraciones dentro de espacios locales concretos. Se proyectan lisemas opuestos que impiden la observaci贸n del litema general que Auster trata de reducir a ejemplo paradigm谩tico y verdaderamente representativo de una comunidad global. Se impone, as铆, un programa memorialista emancipado que nivela el concepto de partida 鈥攗n flashbuld que genera el posible litema 鈥渆xterminio masivo de individuos鈥濃 con todos aquellos hechos atroces que han sido cometidos en un mismo contexto b茅lico del que parte la memoria colectiva de las comunidades en litigio.

Esta misma variedad de sentidos 鈥攄esde hist贸ricos a pol铆ticos鈥 puede darse tambi茅n en torno al propio Holocausto. Podemos entonces aludir de alguna manera al 鈥渃osmopolitismo鈥 que Levy y Sznaider (2006) otorgan a esta tragedia humana, pues lo que sobre sale de todo aquello de forma evidente es el valor que hay que otorgar al horror sufrido por una comunidad humana concreta. Este hecho debe anteponerse, en todo caso, a la posible judeizaci贸n de los sentidos que se puedan imprimir al Holocausto, pues esta v铆a nos llevar铆a a conceder a una determinada interpretaci贸n religiosa y cultural el papel de legislador o 谩rbitro en exclusiva del fen贸meno y sus sentidos 鈥攕iendo 茅sta absolutamente leg铆tima, claro est谩鈥, con lo que la significaci贸n general quedar铆a resituada o anclada en unas coordenadas concretas, impidiendo su 鈥渓iquidez鈥 o fluidez y confirmando, por el contrario, su estaticidad y con ello su incapacidad de abrirse hacia el 谩mbito global. Por ello, el valor 茅tico global no reside en esta cristalizaci贸n de una perspectiva cultural y religiosa concreta, sino en la denuncia que como ejemplo de barbarie contra la humanidad pueda conllevar, situando al Holocausto a la cabeza de la red de memorias colectivas de occidente y en el marco de una reflexi贸n 茅tica de car谩cter universal que lleva directamente a asociar este hecho con otros semejantes ocurridos en Camboya, Ruanda, Palestina y un desafortunadamente largo etc茅tera.

Para cerrar este apartado, se帽alar茅 que estos 煤ltimos ejemplos han pretendido mostrar c贸mo determinadas memorias locales o comunitarias seleccionan los valores y sentidos que otorgan a hechos concretos 鈥攅s decir, crean su propia red de lisemas鈥. Los selectores de memoria, por tanto, provendr谩n de toda la maquinaria discursiva que constituye la identidad colectiva del grupo. A partir de ah铆, los hechos traum谩ticos se reeval煤an y se significan, se hacen funcionales en el interior del sistema local. Ese movimiento de interiorizaci贸n aleja las posibilidades de hacer una lectura universal del propio hecho, es decir, se impide la emergencia de los litemas que susceptiblemente podr铆an resituar la experiencia particular como paradigma general en la que cada espacio local con pasado traum谩tico semejante pudiera sentirse igualmente representado. De ah铆 tambi茅n la necesidad de iniciar el proceso comparativo entre memorias a partir de la demarcaci贸n de aquellos litemas que se visibilizan en los marcos locales que se tratan de examinar.

2.4. Ejemplo

Se帽alemos un posible litema con la f贸rmula 鈥溍﹖ica individual鈥. Para recurrir a un caso paradigm谩tico ampliamente reconocido por todos, podemos situar ese litema como el n煤cleo del que parte toda la indagaci贸n que lleva al falso Javier Cercas a escribir Soldados de Salamina (2001). Me refiero, como es predecible, al instante en que el soldado republicano decide no matar a Rafael S谩nchez Mazas. En ese momento, el soldado ha dejado de lado su militancia no solo ideol贸gica sino que tambi茅n ha actuado al margen de la fuerza militar que obliga al cumplimiento sin discusiones de las 贸rdenes dadas, transformando todo el pasaje narrativo en una suerte de imagen ic贸nica (Assmann, 2011: 207-229) con valores 茅ticos universalistas. Vamos a insistir ahora, precisamente, en la val铆a que como paradigma humano general contiene el litema propuesto. Escribe J. Habermas:

El estado nacional es el heredero del antiguo deber de morir por la patria [o de matar por ella] en nombre de una soberan铆a pensada en t茅rminos modernos, sellando con ello el predominio de la naci贸n sobre todos los dem谩s bienes terrenos. (1998: 95-96)

Apostillando este argumento a partir del pensamiento filos贸fico de S枚ren Kierkegaard, Habermas, alude a la emergencia y el sentido que adquiere la identidad individual frente a la colectiva. Como comenta Habermas al hacer referencia a Lo uno o lo otro, el fil贸sofo dan茅s 鈥渟e concentra en aquella decisi贸n solitaria por la que el individuo moral asume la responsabilidad de su propia biograf铆a鈥, haciendo que 茅ste termine por convertirse 鈥渆n aquel que es鈥[10], algo que provoca una transformaci贸n cognitiva y axiol贸gica, pues apunta hacia un sujeto que asume 鈥渦na concepci贸n 茅tica de la vida鈥 (1998: 99). Ser铆a as铆 f谩cil percibir que el nacionalismo no es capaz de complementar esa 鈥渧isi贸n 茅tica de la vida鈥 que promueve el pensamiento de Kierkegaard. El nacionalismo supone la entrada en juego de una serie de tradiciones que permiten la identificaci贸n del sujeto con un determinado enclave comunitario. Sin embargo, como tambi茅n se帽ala Habermas, 鈥渆sta figura de conciencia que es la identidad nacional desarrolla una notable fuerza en lo concerniente a crear ligaduras generadoras de prejuicios; ello queda patente en ese caso l铆mite en que se actualiza de la forma m谩s pura: en el instante de movilizaci贸n para una guerra por la patria鈥 (1998: 101). Frente a ese movimiento de arrastre colectivo en defensa de unos determinados valores vinculados al momento nacional, Kierkegaard propone la idea de un sujeto 鈥渜ue vive 茅ticamente鈥 y que se constituir铆a en el redactor responsable 鈥渄e su propia biograf铆a鈥 (1998: 103).

Esta reflexi贸n en torno a la figura de un individuo responsable y autor de su propia biograf铆a, tal y como intento presentarla, nos sirve de eje te贸rico a trav茅s del cual podemos confrontar ese momento trascendental que impregna toda la trama de Soldados de Salamina. La desvinculaci贸n del sentido ideol贸gico marcado, adem谩s, por el imperativo de actuar conforme a un mandato, fuerza la necesaria intervenci贸n del sujeto que toma las riendas de una voluntad personal, haciendo que finalmente sobrepase el l铆mite de lo colectivo para regresar a su intimidad 茅tica y as铆 exigir la entrada en escena de ese 鈥渞edactor responsable鈥 de su propia biograf铆a. El soldado republicano devuelve a una esfera de reflexi贸n global 鈥攑or lo que tiene de humano en su m谩s mayest谩tico sentido鈥 el valor de una actuaci贸n o movimiento 茅tico individual, haciendo que su actitud colisione directamente con los par谩metros de una memoria ideologizada que representa la actitud de otros actantes de la obra. O como escribe Ana Bundg氓rd en relaci贸n al mismo hecho: 鈥淓n Miralles los lectores descubren a un 鈥渉茅roe鈥 an贸nimo que al actuar con dignidad 茅tica, se define as铆 como sujeto de una elecci贸n moral y ejemplo de humanidad鈥 (2012: 119).

Soldados de Salamina traslada as铆 al contexto de los discursos sociales toda una controversia ya largamente explicitada en art铆culos de opini贸n y cient铆ficos en cuanto a la valoraci贸n de ese mismo hecho que en la obra se se帽ala como esencial. As铆, por ejemplo, en una lectura ideol贸gica de la obra, el soldado podr铆a quedar reducido a la figura de un traidor que antepuso sus principios morales a la causa com煤n de toda una comunidad que luchaba por erradicar el fascismo de Espa帽a. Esta interpretaci贸n da un sentido 鈥攗n lisema鈥 de car谩cter localista 鈥攅s decir, acent煤a una fuerte presencia del marco local que no produce transferencia fuera del sistema鈥 que solo podr谩 ser entendida en una esfera global siempre y cuando haya concomitancia pragm谩tica, o sea, siempre que los receptores reconozcan cada rol y el significado de los hechos narrados en el contexto de la propia historia de Espa帽a. O dicho de otro modo, la impresi贸n que desde un marco global se pueda tener de la acci贸n narrada 鈥攅l hecho de que el soldado republicano de no mate al militante fascista鈥 quedar谩 reducida a una evaluaci贸n des-ideologizada y enmarcada en un contexto, por tanto, de valoraci贸n universal: lo que sobresaldr谩 ser谩, entonces, la libre voluntad de un hombre que decide no matar a su adversario pol铆tico. Ese acto de autonom铆a moral es, en esencia, el valor 茅tico y trascendente que Cercas ha querido se帽alar.

As铆 pues, se abre a partir de una novela como esta todo un canal de interacci贸n discursiva que se extiende por el 谩mbito social, mostrando en su propia din谩mica aquellas posturas que tratan de ideologizar la memoria a la que la novela hace referencia y, al mismo tiempo, confirmando la diversidad de significaciones del hecho narrado dentro de un espacio local. Solo he se帽alado una de esas posibilidades, cuando bien es sabido que, de entre parte de las cr铆ticas que la obra recibi贸 en su momento, un gran n煤mero de reservas se dirigieron a se帽alar el sentido nivelador 鈥攅n cuanto a que Cercas parece situar en un mismo plano a los republicanos y al ej茅rcito sublevado鈥 que la obra contiene. No cabe duda de que esta interpretaci贸n arroja otros lisemas nada desde帽ables, algo que confirma, simplemente por el hecho de circular como opini贸n acreditada, el desv铆o ideol贸gico que se produce por la participaci贸n de otros discursos sociales que fijan y determinan las opiniones de esta 铆ndole vertidas sobre la obra. Dir茅, en todo caso, que estas objeciones son tan leg铆timas como aquellas que llevan a realizar interpretaciones des-ideologizadas. Todas ellas, en su conjunto, configuran el debate activado en el espacio RAM, produciendo intercalaciones de sentido, abriendo y expandiendo el sistema de reflexi贸n, haciendo, a la postre, que la memoria sea un fen贸meno activo y cr铆tico que no cesa de cuestionar, en pos de un futuro siempre incierto, el pasado traum谩tico de una determinada sociedad.

En todo caso, en la interpretaci贸n des-ideologizada que aqu铆 defendemos, toda esa confluencia de discursos supone una manera de filtraci贸n y modificaci贸n de la significaci贸n esencial del hecho 鈥攗nido esto, adem谩s, al propio filtro que un Cercas hijo de guardia civil y subjetivamente condicionado por una intencionalidad reconciliadora entre las memorias que entran en litigio en la obra鈥, que no provoca 鈥攃omo ya se ha sugerido鈥 un cambio en el sentido final del propio litema que hemos denominado 鈥溍﹖ica personal鈥. Ello har谩, finalmente, que de los varios sentidos propuestos por los discursos que han entrado en conflicto previamente 鈥攜 que aqu铆 no he se帽alado, dada su amplia difusi贸n en editoriales, rese帽as y art铆culos acad茅micos鈥, no surja en este caso un sentido local propio. Cercas ha creado as铆 un personaje desligado de esas significaciones posibles, abriendo con ello el camino a la reubicaci贸n del hecho trascendental dentro de un marco global propio de una sociedad post-tradicional o post-nacional 鈥攅n el sentido que se帽ala Habermas鈥.

Volviendo la mirada ahora al nuestro objeto de reflexi贸n, dir茅 que todo este proceso de indagaci贸n en el sentido y la valoraci贸n que estos litemas tienen dentro de una esfera din谩mica interdiscursiva nos permitir谩 acercarnos a la forma en la que ese mismo concepto es modificado, alterado, manipulado, desviado, etc., de su sentido original, y con ello estaremos en disposici贸n de establecer la dimensi贸n de una 茅tica local 鈥攎odelada dentro de los c贸digos narrativo-discursivos constructivistas de ese espacio鈥 en relaci贸n a una 茅tica universal humana 鈥攁 su convivencia o ausencia en el marco general鈥. Se rompe, con la din谩mica generada, el modelo de sociedad e identidad tradicional o nacional para hacer que se sit煤e, en un estadio superior, un comportamiento individualizado que rompe el molde de la confrontaci贸n ideol贸gica para resituar al individuo como n煤cleo desde el que se genera una 茅tica plena, precisamente porque el sujeto, siguiendo a F. Savater, se formula as铆 mismo una pregunta que va directamente al coraz贸n de la 茅tica: 鈥渜u茅 quiero hacer鈥, en contraposici贸n a otra cuesti贸n, 茅sta ligada a todo aquello externo al individuo que acaba por condicionar su propia voluntad, es decir, 鈥渜u茅 debo hacer鈥 (1992: 113). Ese movimiento, como en el ejemplo que hemos presentado, da pie a que se genere una inversi贸n en el marco global a trav茅s de la cual el sentido pr铆stino del propio movimiento 茅tico adquiere un valor pleno y extrapolable a cada contexto local con el que se establezca un estudio de memoria comparada, abri茅ndonos a un verdadero universalismo 鈥攃aracter铆stica esencial de todo litema鈥 en el sentido que le da Habermas, con quien termino y con quien estoy de acuerdo:

[El universalismo querr谩 decir que] se relativiza la propia forma de existencia atendiendo a las pretensiones leg铆timas de las dem谩s formas de vida, que se reconocen iguales derechos a los otros, a los extra帽os, con toda su idiosincrasia y todo lo que en ellos nos resulta dif铆cil de entender, que uno no se empecina en la universalizaci贸n de la propia identidad, que uno no se excluye y condena a todo cuanto se desv铆e de ella, que los 谩mbitos de tolerancia tienen que hacerse infinitamente mayores de lo que son hoy; todo esto es lo que quiere decir universalismo moral. (1998: 117)

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Caracteres vol.2 n2

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Notas:    (↵ regresa al texto)
  1. Parto esta reflexi贸n a trav茅s de una visi贸n cr铆tica del concepto. Comparto, con Nick Stevenson, la necesidad de educar a los ciudadanos en una verdadera cultura cosmopolita, iniciando ese aprendizaje en la demarcaci贸n de la nacionalidad 鈥攃omo fen贸meno reductor de la conciencia global鈥 en lo que ser铆a un mero accidente (2011: 115).
  2. Antes de desarrollar la idea general que sit煤a al biopoder como una elemento indispensable en el desarrollo del capitalismo, Foucault ya sugiere una reflexi贸n nada banal y que ahora se帽alamos con el fin de dar cr茅dito a la manera en la que entendemos que una serie de procesos subrepticios de poder y control permanecen solapados bajo las consignas globalizadoras. Escribe Foucault: 鈥淩az贸n general y t谩ctica que parece evidente: el poder es tolerable s贸lo con la condici贸n de enmascarar una parte importante de s铆 mismo. Su 茅xito est谩 en proporci贸n directa con lo que logra esconder de sus mecanismos鈥 (90).
  3. Concepto que traduzco del juego propuesto en lengua inglesa a trav茅s concepto 鈥渨esternization鈥. Comparto en estas observaciones las ideas de Amartya Sen (2008).
  4. Y no solo eso, pues, siguiendo algunas de las reflexiones de Chantal Mouffe, el futuro de una verdadera sociedad cosmopolita reside, precisamente, en la desterritorializaci贸n y desnacionalizaci贸n de los estados, abortando as铆 las diferencias nacionales que impiden el desarrollo com煤n de derechos humanos (2005: 96). Por otra parte, fundo tambi茅n las ideas que aqu铆 desarrollo a partir del acuerdo con los principios expuestos por Daniel Chernilo en relaci贸n al futuro de los estados en funci贸n del rechazo a su designaci贸n como entes nacionales (2006).
  5. Parece oportuno recordar aqu铆 la funci贸n que los SMS tuvieron a la hora de convocar manifestaciones masivas contra el gobierno espa帽ol presidido por Jos茅 Mar铆a Aznar en la jornada de reflexi贸n previa a las elecciones generales de 2004. Conocida la regla de aplicaci贸n general de no hacer manifestaciones pol铆ticas durante este tipo de jornadas, sin embargo un gran n煤mero de personas, activadas a trav茅s de la telefon铆a m贸vil, fueron convocadas a manifestarse para exigir 鈥攁ntes de poder votar鈥 la aclaraci贸n de todos los detalles que previsiblemente el gobierno ocultaba en relaci贸n a la autor铆a de los atentados de Atocha. Se gener贸 as铆 una red de comunicaci贸n interpersonal que configur贸 un canal de distribuci贸n de informaci贸n que permiti贸 una gran movilizaci贸n social.
  6. Sin duda alguna de vital importancia son los medios tecnol贸gico actuales para proceder no solo al almacenamiento de datos, sino tambi茅n a su diseminaci贸n a trav茅s de la actividad memorialista. Ver Erll (2011: 122).
  7. Y me refiero aqu铆 a marcos sociales en el sentido que le da M. Halbwachs (1992).
  8. Convendr谩 aclarar que, dado que estamos ante una categor铆a que parece cobrar la imagen de 鈥渢ema鈥 reproducible o recurrente en el espacio discursivo de una determinada comunidad, los litemas, tal y como aqu铆 se trata de exponer, solo abarcan a aquellos conceptos vinculados a los temas generales que son abordados por la actividad memorialista, pese a que la posible extrapolaci贸n a otros marcos discursivos parece posible y, en todo caso, susceptible de poder llevarse a cabo. Dejaremos esa posibilidad, a fin de cuentas, para ulteriores investigaciones sobre este asunto.
  9. Uso el t茅rmino seg煤n la definici贸n y explicaci贸n del mismo que hacen Williams y Conway (2009: 49).
  10. Habermas cita directamente a Kierkegaard a partir de la edici贸n alemana de Lo uno o lo otro: S. Kierkegaard. Entweder-Oder. Colonia: Olten, 1960, p. 773.

Caracteres. Estudios culturales y cr铆ticos de la esfera digital | ISSN: 2254-4496 | Salamanca