Comentario digital: género medular de las prácticas discursivas de la cibercultura

Digital comment: essential genre of discursive practices of the cyberculture

Julio César Sal Paz (Universidad Nacional de Tucumán РCONICET)

Artículo recibido: 02-10-2013 | Artículo aceptado: 13-11-2013

ABSTRACT: In the context of cyberculture, the incorporation of ICT into different spheres of social practice has encouraged the proliferation of new genres of discourse. These genres have, together, a number of common properties -provided by the support-, which allows grouping them under conceptual category of ‚Äúdigital discourse‚ÄĚ. However, exhibit individually, certain characteristics constituent and some proprietary attributes that are the result of certain conditions of enunciation. The purpose of this article is to analyze the ‚Äúdigital comment‚ÄĚ, from the theoretical and methodological approach provided by the discourse studies, with the intention of revealing his prototypical linguistic features that cause specific patterns of interpretation and textualization mechanisms particular.
RESUMEN: En el contexto de la cibercultura, la incorporaci√≥n de las TIC a distintas esferas de la praxis social ha estimulado la proliferaci√≥n de nuevos g√©neros discursivos. Si bien estos g√©neros manifiestan, en conjunto, un n√ļmero de propiedades comunes, otorgadas por el soporte, que permite agruparlos bajo la categor√≠a conceptual de ‚Äúdiscurso digital‚ÄĚ, presentan, de manera individual, ciertas caracter√≠sticas constitutivas y atributos privativos que son el resultado de condiciones de enunciaci√≥n determinadas. El prop√≥sito de este art√≠culo es analizar el ‚Äúcomentario digital‚ÄĚ desde el enfoque te√≥rico y metodol√≥gico de los estudios del discurso, con el objeto de revelar sus rasgos ling√ľ√≠sticos protot√≠picos, que provocan pautas de interpretaci√≥n espec√≠ficas y mecanismos de textualizaci√≥n particulares.

KEYWORDS: digital comment, digital discourse, genres of discourse, discourse studies, cyberculture
PALABRAS CLAVE: comentario digital, discurso digital, géneros discursivos, análisis del discurso, cibercultura

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1. Introducción

El comentario digital[1] es el g√©nero interactivo protot√≠pico de los ‚Äúnuevos medios‚ÄĚ unidad terminol√≥gica que aglutina diferentes manifestaciones period√≠sticas (diarios virtuales, weblogs, redes sociales, entre otros) emanadas en el seno de la cibercultura (Sal Paz, 2010).

En esta investigación efectuaremos un abordaje sistemático del comentario, género producido e interpretado por los usuarios del ciberespacio, en el ámbito de las prácticas discursivas del periodismo digital. Para ello, primeramente, expondremos algunos postulados teóricos del análisis del discurso, con los que luego intentaremos dar cuenta de sus rasgos constitutivos y vertebradores.

En este sentido, el vasto territorio de l√≠mites difusos que denominamos ‚Äúestudios del discurso‚ÄĚ, es un campo interdisciplinar (Haidar, 2000) y transdisciplinar (Van Dijk, 1985) interesado en la interacci√≥n y en el uso del lenguaje en contextos diversos, raz√≥n por la cual se constituye, a nuestro juicio, en una herramienta inestimable para describir los intercambios comunicativos de naturaleza virtual en los que los lectores proyectan diferentes modos de percibir y construir la realidad.

1.1. Acerca de las nociones de interacción, prácticas discursivas y ciberespacio

Una de las consecuencias de la aplicaci√≥n de las TIC a la vida cotidiana es el surgimiento de novedosas formas de comunicaci√≥n e interacci√≥n. Al respecto, entendemos con Marc y Picard (1992) que la ‚Äúinteracci√≥n‚ÄĚ es ‚Äúel campo donde las relaciones sociales se actualizan y se reproducen por medio del discurso. Constituye tambi√©n un espacio de juego donde pueden introducirse la intervenci√≥n y el cambio y donde, en cada instante, se funda de nuevo el v√≠nculo social‚ÄĚ (1992: 16).

Ahora bien, estos discursos concretos conforman ‚Äúpr√°cticas discursivas‚ÄĚ, las que fueron caracterizadas por Michel Foucault (1991) como:

Un conjunto de reglas an√≥nimas, hist√≥ricas, siempre determinadas en el tiempo y el espacio que han definido en una √©poca dada, y para un √°rea social, econ√≥mica, geogr√°fica o ling√ľ√≠stica, las condiciones de ejercicio de la funci√≥n enunciativa. (Foucault, 1991: 198)

Por su parte, Julieta Haidar (1998) completa esta descripción al postular los aspectos constitutivos de una práctica discursiva:

a) Está antes, durante o después de cualquier práctica social, cultural e histórica;
b) Produce, reproduce y transforma la vida social en todas sus dimensiones;
c) Tiene una función performativa, es decir, puede producir diferentes tipos de prácticas socioculturales;
d) Es en sí misma una práctica sociocultural;
e) Produce y reproduce, de diversas maneras, las distintas materialidades que la constituyen (hegemonía y poder, por ejemplo). Sirve, por lo tanto, para accionar los mecanismos de la persuasión y del convencimiento, así como para justificar la violencia, la desigualdad, la existencia de la pobreza extrema, etc.; y
f) En ella pueden generarse, también, procesos de resistencia y de lucha contra la dominación y la explotación.

El discurso así entendido, en consecuencia, pertenece al campo de las prácticas sociales, ya que es en los dominios no discursivos donde este tiene lugar (Foucault, 1991: 272-276).

Finalmente, en cuanto a la expresi√≥n ‚Äúciberespacio‚ÄĚ, el Diccionario de la Real Academia Espa√Īola, en su edici√≥n en l√≠nea, la define como ‚Äú√°mbito artificial creado por medios inform√°ticos‚ÄĚ (DRAE, 2001). No obstante, preferimos conceptualizarlo como un entorno o escenario sin cuerpo y sin geograf√≠a, delimitado s√≥lo por las pr√°cticas y las presencias construidas. Por eso, ante todo, es social. Concebirlo desde esta perspectiva implica enfatizar su aspecto relacional o interaccional m√°s que el meramente tecnol√≥gico. Es decir, lo ciberespacial no son las TIC en s√≠ mismas, sino lo que ocurre y puede hacerse a trav√©s de su mediaci√≥n (Mayans, 2002).

1.2. Acerca de los géneros discursivos y de su rol regulador del comportamiento comunicativo

La descripci√≥n del uso de la lengua en contextos espec√≠ficos de comunicaci√≥n sigue suscitando preguntas de investigaci√≥n y enfoques de estudio diversos, raz√≥n por la cual la problem√°tica de los g√©neros discursivos, interesada en ordenar las unidades textuales en ‚Äúclases gen√©ricas‚ÄĚ con unas caracter√≠sticas protot√≠picas, constituye un punto de partida b√°sico y de creciente inter√©s para las ciencias del lenguaje.

En efecto, la noción de género discursivo se utiliza como criterio taxonómico para inventariar, etiquetar y catalogar los productos comunicativos y culturales en los que el empleo del lenguaje se constituye en factor determinante.

Desde esta perspectiva, denominamos ‚Äúg√©nero‚ÄĚ a toda forma discursiva estandarizada, concretada por el uso en situaciones an√°logas de interacci√≥n, que se aplica con evidente recurrencia en los l√≠mites de comunidades particulares, a partir del empleo (intencional o intuitivo) de un repertorio variable de estrategias comunicativas y de la apelaci√≥n constante a un conjunto de competencias (de producci√≥n y reconocimiento), adquiridas y desplegadas por enunciadores y enunciatarios en ese marco sociocultural.

En consecuencia, estos ‚Äúmodelos comunicativos paradigm√°ticos‚ÄĚ resultan reconocibles y son compartidos por los hablantes, quienes los identifican, sobre todo, por el formato externo que asumen y por el contexto en que suelen presentarse. Cada uno de ellos, entonces, responde a la imperiosa necesidad de viabilizar de manera satisfactoria una intenci√≥n comunicativa concreta.

Los textos que se agrupan bajo una misma forma gen√©rica se han desarrollado hist√≥ricamente en una comunidad de habla o dentro de √°mbitos sociales y profesionales particulares (comunidades discursivas). Comparten similares mecanismos de organizaci√≥n informativa y una colecci√≥n semejante de recursos ling√ľ√≠stico-persuasivos. No obstante, son objetos discursivos de contornos variables en los que se observan cristalizaciones ling√ľ√≠sticas m√°s o menos marcadas, algunas de las cuales se relacionan con rasgos esenciales -aquellos que permiten establecer entre ellos diferencias funcionales y oposiciones paradigm√°ticas-, y otras con aspectos generales o concomitantes ‚Äďlos que funcionan por debajo de los anteriores y posibilitan comprender c√≥mo son, aunque no suponen una exigencia en su construcci√≥n. (Loureda Lamas, 2009: 36-49).

Adem√°s, los g√©neros discursivos son, a nuestro juicio, dispositivos de mediaci√≥n cultural y did√°ctica, puesto que, por un lado, act√ļan como instrumentos de los que se valen las pr√°cticas discursivas para garantizar la interacci√≥n verbal en las diferentes situaciones asociadas con las diversas esferas de las pr√°cticas sociales (profesionales, period√≠sticas, religiosas, acad√©micas, etc.), y por el otro, facilitan el acceso de los estudiantes a las significaciones sociales de esas pr√°cticas, al actuar como herramientas pertinentes para ense√Īar y para aprender el funcionamiento comunicativo (leer, escribir, hablar, escuchar, interactuar).

Ahora bien, en la actualidad, la vigencia de los géneros tradicionales es objeto de debate constante, puesto que se sustentan en criterios poco flexibles que no permiten dar cuenta de la realidad concreta propia de los productos culturales contemporáneos. En efecto, hoy en día hallamos una pluralidad de géneros y discursos, así como numerosos ejemplos de hibridación[2] y transposición[3] genérica y de otras operaciones discursivas no prototípicas, que convocan la atención de los analistas.

Por su parte, muchos de estos géneros que son atravesados por diferentes modos de organización discursiva (narración, descripción, argumentación, exposición, diálogo) deben pensarse no solo en el plano verbal, sino también en el multimodal, que, en ocasiones, resulta central en la asignación de significaciones.

Por estos motivos, los fenómenos de interacción propiciados por los géneros que circulan en comunidades discursivas y de práctica particulares, como las que se cobijan en los medios digitales, tienen implicaciones sociodiscursivas e ideológicas, relacionadas con las fronteras dinámicas de los campos ligados a las esferas del conocimiento y del poder.

2. Comentario digital: caracterización desde la perspectiva genérica

El Diccionario de la Real Academia Espa√Īola, en su vig√©sima segunda edici√≥n (2001), define el t√©rmino ‚Äúcomentario‚ÄĚ como: ‚Äú(Del lat. commentarń≠um).1. m. Explicaci√≥n de un texto para su mejor intelecci√≥n.//2. m. Juicio, parecer, menci√≥n o consideraci√≥n que se hace, oralmente o por escrito, acerca de alguien o algo.//3. m. murmuraci√≥n.‚ÄĚ

Como puede apreciarse, el DRAE no tiene incorporada una acepci√≥n ligada a la interacci√≥n en el ciberespacio, aunque, como intentaremos demostrar, muchos rasgos sem√°nticos de estas tres especificaciones se patentizan en las intervenciones de los usuarios que configuran un nuevo g√©nero de discurso. En efecto, el comentario de lector (o comentario digital) es un g√©nero dial√≥gico ‚Äďen el sentido de que los roles de emisor y de receptor resultan en su interior perfectamente intercambiables y de que remite a discursos previos‚Äď, producido en el √°mbito de los nuevos medios. Su naturaleza es eminentemente interactiva, puesto que constituye un g√©nero construido a medio camino entre lo social y lo individual. Este dialogismo se evidencia, entonces, en la relaci√≥n que establece con los discursos precedentes y en el car√°cter direccional de sus enunciados, que se orientan a una comunidad concreta y que procuran obtener una respuesta comprensiva por parte de sus miembros.

As√≠, este g√©nero se sit√ļa a lo largo de un continuum de formas de interacci√≥n, que alcanza tanto a la conversaci√≥n como a la discusi√≥n, el debate o la disputa. No obstante, a diferencia de la conversaci√≥n informal, persigue una finalidad que trasciende la mera relaci√≥n social, ya que su meta es la manifestaci√≥n expl√≠cita de los contenidos y opiniones que se intercambian.

La organizaci√≥n informativa que asume refleja esta fisonom√≠a conversacional, pues estructura el mensaje en funci√≥n de las interacciones previas, pero toma distancia del texto fuente, incluso tipogr√°ficamente, al aparecer con graf√≠a diferenciada y de cuerpo menor, como ocurre, por ejemplo, con paratextos como la nota a pie de cualquier texto escrito. Sin embargo, posee estatus propio y a√Īade nuevas problem√°ticas y puntos de vista a la reflexi√≥n introducida en el art√≠culo period√≠stico.

Es decir, el comentario es, por una parte, la respuesta a una noticia, ya que obra como la exteriorizaci√≥n que efect√ļa el cibernauta de una actitud y un posicionamiento cr√≠tico sobre la narraci√≥n de un acontecimiento realizada por un medio de prensa[4]. En este sentido, el texto period√≠stico es el est√≠mulo y el comentario, su r√©plica. Pero, por otra parte, no es menos cierto que la argumentaci√≥n se forja con opini√≥n. Por eso, en infinidad de casos, este g√©nero no s√≥lo responde a una nota de la prensa sino tambi√©n a enunciados formalizados por un par.

Al respecto, siguiendo a Cervera Rodr√≠guez (2001), se√Īalaremos como uno de sus aspectos caracter√≠sticos ‚Äúla no existencia de turnos de habla‚ÄĚ, puesto que la participaci√≥n de los lectores puede producirse de manera simult√°nea y sucesiva. Empero, el usuario consigue visualizar las intervenciones en la pantalla de un modo secuencial y organizado. En lo concerniente a este punto, las formas de divisar los comentarios ‚Äďque son id√©nticas a las que se explotan en los foros‚Äď pueden ser de dos tipos: ‚Äúllana‚ÄĚ ‚Äďtodas las respuestas se ordenan con criterio cronol√≥gico inverso‚Äď o ‚Äúanidada‚ÄĚ ‚Äďcada comentario se vincula al mensaje original o a alguna de las contestaciones subsiguientes conformando una especie de √°rbol geneal√≥gico del debate. Dicho de otro modo, en el primer caso, la interfaz del sitio impide contestar directamente a otro participante mediante la opci√≥n ‚Äúresponder‚ÄĚ[5]. Con todo, el internauta que desea hacerlo puede incluir en el cuerpo de su r√©plica el nickname[6], si lo tuviera, o el n√ļmero del texto producido por quien pretende convertir en su enunciador expl√≠cito.

De esta manera, el comentario siempre va orientado a alguien. El forista en su alocuci√≥n se posiciona con respecto al discurso anterior, al tiempo que selecciona a su destinatario mediante el asunto que aborda y las ‚Äúverdades‚ÄĚ que afirma, las que, por supuesto, se hallan siempre condicionadas por su actitud, valoraci√≥n e ideolog√≠a.

Ahora bien, invariablemente es una respuesta a voces previas. Debido a que el lenguaje y el contexto son recíprocamente constitutivos, el comentario digital construye los significados y la relación entre los interlocutores de un modo dinámico. Las voces de la sociedad y la palabra individual del sujeto que enuncia se entretejen conjuntamente en un entramado rico en matices desde el que pueden oírse al unísono el locutor, la fuente, los distintos destinatarios y el alocutor. En otros términos, el discurso precedente se toma como objeto de crítica, de parodia, de rectificación, como referente, como instancia de identificación, etc.

Los interlocutores implicados en su transmisi√≥n entablan un tipo de relaci√≥n sim√©trica. En l√≠neas generales, no es un discurso an√≥nimo[7], debido a que detr√°s del seud√≥nimo virtual, as√≠ como de una pic[8] o de un avatar[9], se esconde un autor emp√≠rico que se responsabiliza de su enunciaci√≥n, desde el momento en que ingresa a la comunidad de usuarios del peri√≥dico en calidad de lector registrado. En efecto, como se√Īala Tabachnik:

El pacto l√ļdico, que contempla el uso leg√≠timo de la seudonimia, tiene sensibles efectos a nivel de la ‚Äúcondici√≥n de sinceridad de los actos de habla‚ÄĚ (Searle, 1986), pero en raz√≥n de las operaciones admitidas de ficcionalizaci√≥n este ‚Äúinfortunio‚ÄĚ no implica de por s√≠ ‚Äďaunque pueda dar lugar a ello‚Äď un salvaconducto para la mentira, el enga√Īo, la impostura o el fraude. (Tabachnik, 2008: 33)

Es un género breve cuya estructura responde a la de un turno de habla o intervención espontánea e informal. Su recepción es mediata, puesto que el coenunciador está ausente durante la producción discursiva.

Sin embargo, este atributo no supone una libertad de expresi√≥n absoluta, pues, por lo general, el comentario est√° condicionado a la aprobaci√≥n de un moderador. As√≠, el papel fundamental de quien arbitra un medio digital de encuentros reside en propiciar la participaci√≥n activa de los usuarios y garantizar un clima de respeto en la interacci√≥n. Para ello, apela a marcos preestablecidos ‚Äďreglas de etiqueta y cortes√≠a que los lectores deben conocer y aceptar si deciden intervenir en este tipo de experiencia de entorno virtual; esto es, el moderador regula los c√≥digos de comportamiento, supervisa su cumplimiento, autoriza las subscripciones y resguarda, confidencialmente, los datos personales de los participantes.

Consecuentemente, en los comentarios digitales, no todas las intenciones de los hablantes pueden vehicularse de modo explícito, sino solo aquellas que se ajustan a las normas estipuladas en el reglamento de la comunidad de un periódico[10].

Al respecto, Silvia Tabachnik (2008: 29) sostiene que los mismos especifican expresamente las formas leg√≠timas de participaci√≥n: ‚Äúenunciados como textos prescriptivos bajo el formato gen√©rico del contrato, constituyen un breve listado de interdicciones sobre aquello que no puede ni debe pasar por la escritura conversacional‚ÄĚ. En ellos se incluyen las nettiquette[11]. Laborda Gil (2004) establece que estas buenas maneras o netiquette est√°n ligadas a tres factores b√°sicos de la comunicaci√≥n en la red: ‚Äúlengua‚ÄĚ (correcci√≥n y pulcritud en la expresi√≥n, que implican el dominio del g√©nero discursivo, del registro y de las convenciones gr√°ficas), ‚Äúcivismo‚ÄĚ (√©tica ling√ľ√≠stica, que abarca principios de cortes√≠a y de respeto por el tono y por el contenido de las intervenciones) y ‚Äújuridicidad‚ÄĚ (obligaciones legales que codifican el uso de los recursos telem√°ticos y las actividades de informaci√≥n y publicaci√≥n).

En consecuencia, la libertad de opini√≥n no debe entenderse como licencia para ofender. De ah√≠ que las instituciones period√≠sticas eviten la publicaci√≥n de insultos que no aportan nada a la discusi√≥n y que poco tienen que ver con el desempe√Īo p√ļblico de los sujetos. Los agravios como argumentos encubren debilidad de razonamiento, pues una tesis s√≥lida no necesita recurrir a estos artilugios[12].

Del mismo modo, resulta imprescindible que el cibernauta enunciador ostente un dominio elemental del tópico del discurso para impedir que su contribución viole la máxima de relevancia. Cuando esto no ocurre, los mismos miembros de la comunidad se encargan de sancionar esta transgresión[13].

Por lo expuesto, el comentario es un género que requiere cierto grado de formalidad, tanto en lo relativo a los mecanismos de transición de la palabra, como en lo concerniente a las formas elegidas para construir los enunciados y al tratamiento del tema.

No obstante, debe reconocerse que esta clase textual es enunciada en un escenario espacio temporal definido y limitado, donde el canal de transmisi√≥n es la escritura aunque muchos de sus rasgos la vinculan con la situaci√≥n de oralidad (Sal Paz, 2007). Esto es, el comentarista, por lo general, adopta para la construcci√≥n de sus enunciados un registro h√≠brido que podr√≠amos denominar ‚Äúescrito informal‚ÄĚ (Tannen, 1982), ‚Äúhablado escrito‚ÄĚ (Oesterreicher, 1996) o ‚Äúcoloquial escrito‚ÄĚ (Briz, 1996). Para subrayar esta particularidad que comparten los g√©neros digitales se han propuesto numerosas etiquetas, entre las que pueden citarse la de ‚Äúwritten conversation‚ÄĚ de Rheingold (1996), la de ‚Äútexto escrito oralizado‚ÄĚ de Yus (2001), la de ‚Äúescritura ideofonem√°tica‚ÄĚ de Torres y Vilatarsana (2003) y la de ‚Äúlengua oral tecleada‚ÄĚ de Laborda Gil (2004), entre otras.

En este sentido, coincidimos con Giammatteo y Albano (2009) en que el ciberlenguaje propio de los géneros digitales interactivos es:

Un campo en constante ebullici√≥n, donde cualquier modificaci√≥n es posible, nada es lo que parece y todo puede llegar a transformarse: la ortograf√≠a resulta sumamente variable; ha sido despojada de su funci√≥n normalizadora y puesta al servicio de la expresividad de los usuarios; la palabra se vuelve una unidad m√°s flexible y difusa, cuyos l√≠mites pueden ser moldeados seg√ļn los casos y las necesidades comunicativas; el concepto de clase de palabra ‚Äďsustantivo, verbo, adjetivo, etc.‚Äď tanto en relaci√≥n con los requisitos de combinaci√≥n internos (bases + afijos) como externos o construccionales se vuelve m√°s permeable y permisivo; mientras el n√ļcleo sint√°ctico permanece inflexible garantizando la inteligibilidad de la lengua, surgen palabras y construcciones que se abren a nuevos significados y valores metaf√≥ricos. (Giammatteo y Albano, 2009: 15)

En consecuencia, los patrones constantes del lenguaje del comentario digital son, precisamente, la emotividad, la subjetivización y la inestabilidad, que sobre una estructura firme (la sintaxis) consienten la innovación y el cambio continuo.

La brevedad y condensación son, quizás, sus rasgos esenciales incuestionables, mientras que la claridad, el tono coloquial, la fuerza, originalidad e ingenio son algunos de sus atributos generales o concomitantes. No obstante, en ocasiones, caen en verborreas poco significantes, en inexactitudes y vaguedades de la expresión y en imprecisiones en la estructuración de las frases.

El laconismo no solo alega razones vinculadas a las limitaciones impuestas por el canal tecnol√≥gico ‚Äďque a menudo pauta el n√ļmero de caracteres que pueden utilizarse en determinadas aplicaciones‚Äď, sino tambi√©n se relaciona directamente con la necesidad de abordar un √ļnico tema en cada intervenci√≥n (de ah√≠ que, en general, pueda percibirse una macroestructura √ļnica en su interior, por lo que, formalmente, no presenta divisiones entre p√°rrafos). Por eso, con frecuencia, el usuario enunciador env√≠a dos comentarios consecutivos al sitio del peri√≥dico para distinguir, en cada uno de ellos, asuntos e interlocutores expl√≠citos.

En cuanto a la estructura global, o sea, las partes constitutivas del g√©nero con funciones espec√≠ficas, seguimos a Alcaraz Var√≥ (2000: 135), quien las divide en primaria -integrada por las secciones- y secundaria -formada por los movimientos que componen cada uno de los elementos anteriores-. Desde esta perspectiva, el comentario posee una estructura interactiva que consta de tres momentos funcionales, organizaci√≥n tr√≠adica propuesta por Bol√≠var (1994: 276) para el an√°lisis de los textos conversacionales: una introducci√≥n, un cuerpo principal del mensaje y un cierre. Ahora bien, en cada una de estas macrosecuencias se despliegan movimientos esquem√°ticos, segmentos textuales compuestos de rasgos ling√ľ√≠sticos por medio de los cuales se logra el prop√≥sito comunicativo del texto. Su extensi√≥n es variable, desde unas pocas palabras hasta un conjunto de oraciones. Por eso, la identificaci√≥n de los l√≠mites entre cada una de estas unidades se logra apelando a criterios de contenido proposicional, intenci√≥n comunicativa y marcadores discursivos, tales como expresiones preparatorias, palabras expl√≠citas, performativos cl√°sicos, conectores, marcadores de cierre, etc.

A continuación, presentamos los movimientos que hemos identificado en el interior del género comentario, no sin antes aclarar que no todos los elementos reconocidos son obligatorios y que el orden de aparición de alguno de ellos puede alterarse puesto que poseen una posición flexible en el texto.

El inicio y la clausura son secciones claramente definidas por su papel en la interacci√≥n verbal. Sin embargo, frecuentemente, el comentario se abre in medias res pues se presupone el conocimiento mutuo y compartido del tema. Generalmente, no lleva encabezado, pero cuando este se revela lo hace como una categor√≠a muy variable, que asume funcionalidades diversas que traslucen la creatividad de sus autores. Por su parte, los elementos de cortes√≠a en los segmentos conclusivos del discurso tambi√©n configuran una muestra bastante heterog√©nea (pueden no aparece o bien explicitarse mediante f√≥rmulas de despedida del tipo ‚Äúun saludo‚ÄĚ o informales como ‚Äúbye‚ÄĚ, para citar dos de los m√°s recurrentes).

Dentro del cuerpo, finalmente, pueden reconocerse los siguientes elementos caracter√≠sticos: sujeci√≥n a un mensaje anterior ‚Äďcomentario o discurso (una nota period√≠stica o una cibernoticia)‚Äď, exposici√≥n de un punto de vista y apelaci√≥n a otros miembros de la comunidad mediante marcas que el enunciador relaciona con zonas de cambio de turno.

En otro orden de cosas, es importante destacar que el carácter interaccional del comentario condiciona su estructura retórica. El usuario infiere que el lector percibirá su intención, presuposición que influirá en el estilo que elija para elaborar su discurso y en la cantidad de información que ofrezca y dé por sobreentendida. Es decir, el internauta pretende que su comentario sea comprendido y que su objetivo sea captado adecuadamente. Para hacer más efectiva su intervención recurre, en consecuencia, a distintas estrategias persuasivas.

En este sentido, recordemos que Aristóteles en su Retórica (1990) sostiene que el hombre no es solo un ser racional, sino que obedece también al ámbito de las emociones, por lo que resulta imprescindible abordar el discurso persuasivo. Así, establece que todo discurso, si pretende incidir sobre la audiencia, debe aludir a tres dimensiones: el logos, el ethos y el pathos. Dicho en otras palabras, un argumento nos convence cuando sus premisas nos parecen racionales y convincentes (logos), cuando su enunciador merece nuestra confianza (ethos) y cuando sus proposiciones apelan también a nuestras emociones (pathos).

En el marco gen√©rico del comentario, el enunciador se construye discursivamente ‚Äúethos‚ÄĚ, en cada intervenci√≥n que realiza, como autoridad, experto, persona confiable, etc., apelando en dicho proceso a los diferentes modos semi√≥ticos que posibilita el soporte digital (multimodalidad: palabra, imagen est√°tica o animada, fotograf√≠a, sonido, etc.). Tambi√©n lo hace a trav√©s de los enlaces que selecciona para presentar u exponer un tema o punto de vista (hipertextualidad) e interactuando con sus pares -en el contexto de una comunidad virtual (de habla, discursiva o de pr√°ctica, seg√ļn el caso), por medio de un registro escrito moldeado por la inmediatez comunicativa e impregnado de emotividad.

Respecto al logos, podemos afirmar que es la estrategia retórico-persuasiva de menor incidencia en los géneros digitales dialógicos. En efecto, se encuentra asiduamente supeditada al pathos y al ethos, puesto que el objetivo de los enunciadores, en el espacio de estas prácticas discursivas interactivas, no es primordialmente el de transmitir información, sino el de entablar una relación fático-emotiva y el de expresar sensaciones, de ahí que el tópico de los discursos sea un elemento de gravitación secundaria para la persuasión.

En cuanto al pathos, es, bajo nuestra mirada, el recurso ret√≥rico dominante de los ciberg√©neros conversacionales en general y del comentario en particular, ya que reflejan una incuestionable orientaci√≥n hacia la empat√≠a y el desarrollo de sentimientos de adhesi√≥n comunitaria. El usuario desea que lo que enuncia sea aceptado por los otros miembros de su grupo de referencia, que sus afirmaciones sean consideradas leg√≠timas y bien fundadas. En √ļltima instancia, su aspiraci√≥n es que se concreticen sus metas.

Finalmente, en esta clase textual resulta también recurrente el empleo sistemático de metáforas, ironías, eufemismos, paralelismos, humor, preguntas retóricas, hipérboles, citas multimodales (especialmente mediante links, aunque a veces también en estilo directo) y reformulaciones amplificativas[14].

A trav√©s de la ‚Äúteor√≠a de los actos de habla‚ÄĚ es posible descubrir el prop√≥sito comunicativo de este g√©nero, puesto que los comentarios vehiculan actos de habla globales, equivalentes formales de un plan de acci√≥n o intenci√≥n discursiva predominante, estrategia general que se compone de una secuencia de acciones particulares orientadas hacia un objetivo. Estas macroproposiciones esclarecen la intenci√≥n discursiva del enunciador y la posici√≥n de los participantes del proceso gen√©rico.

Siguiendo esta l√≠nea de pensamiento, podemos decir que los comentarios digitales procuran criticar, protestar, denunciar, pedir, exigir, sugerir, descalificar, felicitar, interrogar, informar, etc. Estas apreciaciones implican acciones sociales de naturaleza cultural en las que se produce una interacci√≥n entre el autor material del comentario y la comunidad de lectores registrados, debido a que enunciar una opini√≥n supone ponerla en relaci√≥n directa con las creencias propias de un grupo social que posee una serie de conocimientos en com√ļn, a partir de los cuales los sujetos formulan sus actitudes, que resultan expresi√≥n individual de esas verdades compartidas.

Para que su mensaje sea entendido rápida y sencillamente, el hablante aprovecha estructuras organizativas previas, esquemas válidos como los de premisa-argumentos, problema-solución, causa-consecuencia, etc., ya que así su texto será procesado con mayor facilidad por el resto de los ciberlectores.

En todo comentario la secuencia textual dominante o envolvente es la argumentativa, aunque de manera recurrente suelen emerger, como secuencias incrustadas, otros modos de organización discursiva como la narración, la descripción o la exposición.

Ahora bien, los navegantes de sitios de noticia, al expresar opiniones sobre acontecimientos de actualidad pueden conseguir en sus interacciones verbales, que un asunto relativamente ignorado gane notoriedad y sea abordado más a fondo en la cobertura periodística de un medio digital. Del mismo modo, pueden desencadenar réplicas que van a complementar, apoyar u oponerse a la postura adoptada por el cibernauta en su intervención. Asimismo, además de proporcionar puntos de vista, colaboran con información o explican aspectos determinados sobre un asunto particular.

Por tanto, podemos afirmar que estamos en presencia de un g√©nero evaluativo ya que activa juicios y valores sobre alg√ļn estado de cosas. Es decir, la evaluaci√≥n constituye el aspecto central del comentario. No es solo una cuesti√≥n individual sino social, puesto que se rige por el sistema de valores de una comunidad determinada en la que el g√©nero se produce.

Al difundir opiniones, los comentarios apuntan a ideolog√≠as y, por consiguiente, se sit√ļan junto al poder establecido o enfrente de √©l. En consecuencia, el conocimiento compartido, el saber de sentido com√ļn, el eco de la voz colectiva de sujetos que se expresan mediante el enunciado particular de un hablante, que se pronuncia y construye como un ciudadano que se dirige a sus pares, es la base epistemol√≥gica a partir de la cual se generan los procesos comunicativos en este g√©nero.

Por otro lado, frecuentemente, el usuario lector promueve una acción e intenta producir un efecto en el destinatario de su discurso. Dicho de otro modo, el enunciador de estos espacios de discusión se erige en intérprete voluntario de la sociedad y de sus intereses, por lo que llega a aconsejar conductas a los gobernantes, sugerir medidas a la administración y proponer caminos alternativos a los responsables de las diferentes instituciones sociales. En este caso, el cibernauta juzga que lo que plantea es lo más conveniente para el futuro del colectivo que integra. Al mismo tiempo, la opinión puede asumir la forma de una crítica, en la que el deseo suele formularse en términos de exigencia, de compromisos o de acción.

El comentario digital como g√©nero discursivo period√≠stico es, entonces, un marco ideal para dar formas a las ideas y pensamientos, para adoptar una postura ante los hechos y para el ejercicio democr√°tico. Condensa las ideolog√≠as de los ciudadanos tal como son vividas en su cotidianeidad. Organiza manifestaciones discursivas concretas de las pr√°cticas sociales y facilita la participaci√≥n activa de los actores de una comunidad determinada en la esfera p√ļblica.

Por √ļltimo, resta aclarar que ha recibido el legado de un g√©nero como la carta de lector, propia de la tradici√≥n discursiva del periodismo escrito, y que hereda sus rasgos a las intervenciones de los medios sociales como Twitter y Facebook. Adem√°s, en su car√°cter de situaci√≥n discursiva particular, viabiliza la concreci√≥n de formas gen√©ricas como foros, weblogs y cibernoticias

Estos aspectos constituyen las marcas definitorias que nos permiten pensarlo como un nuevo género discursivo, al que proponemos caracterizar como espacio de construcción y representación de una realidad social efectuada por un usuario en el seno de los medios digitales, a través del empleo casi exclusivo de la palabra escrita, aunque recurra, también en ocasiones, al hipertexto y a otros procedimientos multimodales, con la intención de persuadir a un destinatario explícito y al conjunto de lectores de una cibercomunidad acerca de la validez de una valoración personal (no institucional) sobre un hecho de actualidad, mediante la utilización de estrategias argumentativas de interacción.

3. Conclusiones

A lo largo de estas p√°ginas hemos intentado demostrar que el comentario digital es una nueva clase textual empleada por usuarios de comunidades particulares en el √°mbito del ciberespacio.

En el contexto de las pr√°cticas discursivas del periodismo electr√≥nico, los comentarios sobre las noticias representan uno de los recursos de participaci√≥n m√°s explotado por los medios digitales. As√≠, son para los ciudadanos una forma simple de exponer sus impresiones sobre un acontecimiento y discutir en torno a ellos con otros pares y para las empresas informativas, un modo natural de sondear las manifestaciones de la opini√≥n p√ļblica, de observar sus reacciones y de fidelizar la audiencia.

Es decir, con la irrupción de la llamada web 2.0, el género del comentario digital se ha tornado en una vía de participación espontánea en el marco del sistema democrático. No obstante, coincidimos con Pierre Levy (2007) en que para que las intervenciones de los miembros de las comunidades virtuales sean compatibles con la democracia deben garantizar la deliberación, el debate y el pensamiento crítico. En consecuencia, lo significativo no es solo poder enunciar, sino hacerlo en un plano de respeto hacia el otro y sus argumentos, movidos por un afán de pluralismo, tolerancia y aceptación de las diferencias.

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Caracteres vol.2 n2

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Notas:    (↵ regresa al texto)
  1. Las reflexiones te√≥ricas preliminares que aqu√≠ se exponen fueron desarrolladas en el marco del proyecto de investigaci√≥n PICT 2012-0773 ‚ÄúRepresentaciones sociales sobre t√≥picos pol√©micos en comentarios de lectores. Estudio de caso en peri√≥dicos digitales de la provincia de Tucum√°n‚ÄĚ, subsidiado por el Fondo para la Investigaci√≥n Cient√≠fica y Tecnol√≥gica (FONCyT – Argentina).
  2. Al respecto, Atorresi (1987: 40) se√Īala que ‚Äúsi bien ciertas caracter√≠sticas discursivas nos permiten una primera definici√≥n de un g√©nero y su reconocimiento a lo largo de su evoluci√≥n, es innegable que los g√©neros se contaminan, es decir, toman algunas caracter√≠sticas de otros. En el caso de g√©neros producidos en esferas particulares de la praxis social como la del periodismo, esa contaminaci√≥n es por lo dem√°s evidente: la identidad de los soportes materiales, la proximidad de los temas abordados, las im√°genes que se construyen del locutor y del destinatario, entre muchas otras consideraciones, revelan algunas de las tantas v√≠as de contaminaci√≥n‚ÄĚ.
  3. Concepto acu√Īado por Steimberg que se aplica ‚Äúcuando un g√©nero o un producto textual cambia de soporte o de lenguaje‚ÄĚ (2005: 16). A nuestro juicio, puede equipararse a la noci√≥n de ‚Äúmediamorfosis‚ÄĚ, esbozada por Fidler (1998), por cuanto remite a la idea de complementariedad de medios, esto es, de coevoluci√≥n. Es decir, los nuevos medios y soportes no suponen la desaparici√≥n de los previamente existentes, sino una reconfiguraci√≥n de usos y lenguajes, de acuerdo con objetivos concretos y audiencias identificables. Tambi√©n, se relaciona con la adaptaci√≥n y metamorfosis de los viejos medios a trav√©s de nuevas extensiones tecnol√≥gicas.
  4. En este punto resulta interesante traer a colaci√≥n la clasificaci√≥n de ‚Äútipos de participaci√≥n del usuario en un cibermedio‚ÄĚ, efectuada por Mart√≠nez Rodr√≠guez (2005), quien taxonomiza las contribuciones de los lectores, a partir de la variable temporal: participaci√≥n anterior a la elaboraci√≥n de contenidos informativos; coproducci√≥n paralela y conjunta del material period√≠stico; intervenci√≥n posterior o colaboraci√≥n a√Īadida, que admite aportes de los internautas solo como complemento del discurso original, cuya informaci√≥n no puede ser alterada. El comentario como g√©nero responde a esta √ļltima opci√≥n.
  5. Pano (2008) sugiere que esta restricci√≥n opera para favorecer el desarrollo p√ļblico de la discusi√≥n.
  6. Anglicismo que equivale a mote, alias o apodo y que se emplea en inform√°tica para identificar a un usuario que accede a internet.
  7. Acordamos con Tabachnik (2008: 32) en que este vac√≠o que deja libre el nombre propio ‚Äúsuele ser ocupado por otra u otras voces, ‚Äúpersonajes‚ÄĚ con diferentes grados de estabilidad y consistencia ficcional, cuya proximidad o distancia respecto del sujeto que los pone en la escena del discurso resulta indiscernible para los otros participantes‚ÄĚ.
  8. Acortamiento de la expresión inglesa picture. Fotografía o retrato que suele usar un cibernauta como presentación en el marco de los intercambios comunicativos virtuales.
  9. En internet, y en otras tecnolog√≠as de la informaci√≥n y de la comunicaci√≥n, se utiliza esta denominaci√≥n para hacer referencia a la representaci√≥n gr√°fica ‚Äďfotograf√≠a, √≠cono o dibujo‚Äď, que selecciona un usuario para identificarse como miembro de una comunidad y presentarse en la interacci√≥n con sus pares.
  10. El casi absoluto anonimato que presenta esta clase textual reduce en el enunciador el autocontrol sobre la propia palabra, a diferencia de otros géneros interactivos de la prensa (como las clásicas cartas de lectores), en los que podríamos suponer una argumentación más cuidada y meditada. Este alto grado de libertad para opinar o, incluso, para el exabrupto, que se observa en las intervenciones de algunos lectores, nos permitiría inferir una actitud de enunciación más espontánea, por lo cual presuponemos que los comentarios digitales se constituyen en terreno fértil para acceder de modo más directo al conjunto de representaciones sobre tópicos polémicos que circulan y se reproducen en las comunidades que albergan los diarios electrónicos.
  11. Contracción de las palabras inglesas network y etiquette (buenas maneras en la red), conjunto de reglas de cortesía y normas de conducta que rigen el funcionamiento discursivo de una comunidad en línea.
  12. Sin embargo, D√≠az P√©rez (2012), en su investigaci√≥n doctoral expone que en los medios virtuales la recurrencia al disfemismo y la descortes√≠a es estrat√©gica y se relaciona con una finalidad destructiva del lenguaje, caracter√≠stica de las sociedades contempor√°neas, tesis que comparten Fuentes Rodr√≠guez y Alcaide Lara (2008). En la misma l√≠nea se inscriben los trabajos sobre foros de opini√≥n en peri√≥dicos digitales de Mancera Ruedas (2009) y Dandrea (2009, 2010 y 2012) para casos espa√Īoles y argentinos, respectivamente.
  13. Con todo, los mensajes spam -de tipo publicitario, principalmente- conforman el paisaje habitual de los entornos virtuales destinados a la discusión y el debate.
  14. Toda reformulaci√≥n supone la ‚Äútransformaci√≥n de una unidad discursiva en otra de tama√Īo variable sem√°nticamente equivalente‚ÄĚ (Maingueneau, 2003: 83). En este sentido, el comentario podr√≠a considerarse un tipo de reformulaci√≥n, cuya particularidad es agregar valoraciones propias. Por otra parte, toda reformulaci√≥n explicativa implica, respecto de la fuente, una interpretaci√≥n, mutaci√≥n del contenido sin alteraci√≥n radical y producci√≥n de un nuevo texto (Fuchs, 1994: 18).

Caracteres. Estudios culturales y críticos de la esfera digital | ISSN: 2254-4496 | Salamanca