Una aproximación sociocrítica al universo discursivo de Google y Twitter

A sociocritical approach to discursive universe of Google and Twitter

Pablo Marín Escudero (investigador independiente)

Artículo recibido: 01-08-2013 | Artículo aceptado: 02-11-2013

ABSTRACT: We realize a sociocritical reading of the discursive universe of Google and Twitter, looking for correlations between the underlying signs of these discourses and the social structure of the moment in which they are generated. We try to detect the absorption of elements of the science fiction as well as the implicit meanings in the interface and other questions relating to the forms.
RESUMEN: Realizamos una lectura sociocrítica del universo discursivo de Google y Twitter, buscando correlaciones entre los signos subyacentes en estos discursos y la estructura social del momento en que se generan. Intentando detectar la absorción de elementos de la ciencia ficción así como los significados implícitos en la interfaz y otras cuestiones relativas a las formas.

KEYWORDS: Google, Twitter, Sociocritism, science-fiction, interface
PALABRAS CLAVE: Google, Twitter, sociocrítica, ciencia-ficción, interfaz

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1. Introducción

Intentamos una aproximaci√≥n a estos dos nuevos medios sociales en tanto fen√≥meno discursivo y en √ļltima instancia ideol√≥gico utilizando algunas herramientas te√≥ricas de la sociocr√≠tica de Edmond Cros. Es nuestro objetivo la transcripci√≥n de la estructura social a trav√©s de elementos como formas, significados subyacentes y mitos discursivos. Todo ello a partir de la inmanencia del texto.

Sin entrar a fondo en el detalle de la teoría, extraordinariamente expuesta por su creador (Cros, 2010) hay que recordar que nos hallamos en el marco de una semántica de las relaciones entre signos, más que del propio signo aislado, debemos fijarnos por tanto en estructuras amplias de relaciones entre signos. Recordemos también que estamos ante un hecho insoslayable como es el carácter ideológico del signo (palabra o no) ideológicamente pluriacentuado, espacio de tensión y contradicción.

El texto del que hablamos proviene del encuentro de freudismo, marxismo y estructuralismo. Es ese texto en que el que, una vez vista la problem√°tica del significante, el sentido fluct√ļa, no es estable ni cerrado, es cambiante y sus blancos y vac√≠os ser√°n √≠ndices mayores para hac√©rnoslo legible. Adem√°s hay una dial√©ctica a la que prestar especial atenci√≥n, la del texto como pr√°ctica anclada en una colectividad hist√≥rica, en una continuidad, frente a su discontinuidad como caracter√≠stica fundamental del mismo.

El signo aislado no nos interesa, porque no es tal más que en relación con otros signos, es decir en su estructuración. Cros (2010) llama articulador semiótico a esta estructuración cuando se manifiesta en prácticas sociales o discursivas visibles en el pretexto o fuera de texto y llama a estos articuladores semióticos, a esta estructuración, articuladores discursivos cuando se dejan ver en el texto. El ideosema será la relación entre ambos. La red de ideosemas es la micro-semiótica intratextual.

Nos basamos pues en la premisa seg√ļn la cual los objetos culturales analizados, y en especial los discursos que les dan sustento, contendr√°n una transcodificaci√≥n de una estructura social concreta. No obstante, al hablar de estructura social hemos de reconocer que estamos ante uno de los conceptos m√°s abstractos y polis√©micos de la Sociolog√≠a y que no es sencillo llevar a cabo una definici√≥n un√≠voca del mismo.

2. Génesis en las formas

Uno de los retos que se nos plantea a la hora de observar la comunicación en red desde los ojos de la sociocrítica es la conceptualización de la interfaz. Nos surge en principio la posibilidad de considerarla como un aspecto formal, en el sentido de un significante, pero también vemos la legitimidad de explorarla en tanto que mediación, en tanto que constricción. En todo caso podemos decir que la mediación simbólica de la interfaz es la que hace que nos resulte comprensible y que, en tanto que significante, alberga una memoria ideológica e histórica que hay que rastrear.

Cuando hablamos de interfaz, en nuestro caso nos limitamos a referirnos al dispositivo tecnol√≥gico pero en su dimensi√≥n m√°s conectada con el concepto amplio que plantea Catal√† (2010) donde lo est√©tico y lo simb√≥lico tienden a confluir al servicio de algo m√°s grande que la suma de ambos. No podemos decir con este autor ‚Äúmodelo mental‚ÄĚ, dado que el t√©rmino proviene de la psicolog√≠a cognitiva y la filiaci√≥n sociocr√≠tica es lacaniana, o en √ļltima instancia freudiana, pero s√≠ hallamos gran inter√©s en algunas definiciones de Catal√†.

La presencia primero del ordenador y luego la entrada en la llamada era post-PC convoca todo un escenario metaf√≥rico (como en Castells, 2009 y 2012), que apela al ordenador para entender el funcionamiento de la mente, aunque se trata de un circuito metaf√≥rico, pensamos de ida y regreso, tal vez con m√ļltiples vericuetos y diversos recorridos. Pero para nosotros ‚Äúen la base neuronal o en la localizaci√≥n f√≠sica se encuentran los trazos m√≠nimos de un pensamiento que est√° en otra parte‚ÄĚ (Catal√†, 2010: 73).

En primer lugar, en el caso de Twitter, es interesante observar como una limitación técnica elemental que se remonta a la prehistoria de los mensajes cortos de texto (SMS), y que no deja de ser un encorsetado de la extensión discursiva, se presenta en el discurso oficial de Twitter, en lugar de como lo que es, una limitación, como todo lo contrario, como un elemento facilitador, incluso premeditado, de la libertad en la comunicación. Es así como los 1120 bits en paquetes de 8 bits se convierten en el piar de un pájaro azul que nos hace libres, obvio es decirlo, como un pájaro, poniendo a nuestro alcance (al alcance de todos los seres humanos, no hay brecha digital) una libertad y esperanza nada menos que sin límites, es decir, algo manifiestamente sobrehumano y tan singularmente parecido, adelantamos, a esa mítica ausencia de límites con que el capitalismo defiende su onírico crecimiento ilimitado.

De este modo, la jaula estrecha de los 140 caracteres aparece representada como el más vasto de los espacios, condición necesaria de la libertad. La vindicación de una fluida sencillez libertadora, en origen no es más que la trasmutación del pensar forzosamente simplificado, bajo la estrechez de la codificación Unicode.

Tenemos por una parte una evidente estrategia de marketing, la llamada opacidad, un elemento prevalente de la publicidad medi√°tica actual. Por otro lado, debemos hacer una contenida mirada al menos de soslayo hacia la distop√≠a ling√ľ√≠stica orweliana, en la que la neolengua trataba de eliminar el pensamiento cr√≠tico, es decir, complejo. Curiosamente, Orwell ilustraba esta idea con un concepto que conectaba el habla humana con el sonido emitido por un ave (es este caso un pato) para declarar su intenci√≥n de ir en busca de la patolengua (duckspeak).

Por otra parte, con motivo de uno de los redise√Īos de su logotipo, en el a√Īo 2012, el director creativo de la compa√Ī√≠a Doug Bowman, afirmaba:

Nuestra nueva ave nace del amor por la ornitolog√≠a, dise√Īo dentro de las limitaciones creativas, y la geometr√≠a simple. Este p√°jaro se hace a mano √ļnicamente a partir de tres series de c√≠rculos que se superponen, de manera similar a c√≥mo sus redes, intereses e ideas conectan y se cruzan con sus compa√Īeros y amigos. Ya sea volando por encima de la tierra a tomar en un sentido amplio, o acudiendo a otras aves para lograr un prop√≥sito com√ļn, un ave en vuelo es la representaci√≥n de la libertad y la esperanza sin l√≠mites. (Payo, 2012)

Figura 1. Evolución de Larry (Bird). Fuente: <http://www.brandemia.org/twitter-redisena-su-logotipo> (15-11-13).

La idea de la brevedad convoca adem√°s el signo de la rapidez, y en el progresivo cambio de dise√Īo el p√°jaro, √©ste se ha vuelto m√°s abstracto, simplificado, ha perdido su copete, sigue siendo peque√Īo, ya no tiene los tiernos ojos del mundo Disney (y su acerbo ideol√≥gico de los valores del viejo American Way of Life), ahora alza el vuelo, esf√©rico, matem√°tico, abandona en parte una similitud con los p√°jaros azules de Cenicienta. La ra√≠z de aquel dibujo animado era la humanizaci√≥n, pero esta v√≠a de significado parece perder peso en favor de la sobrehumanizacion cient√≠fico-tecnol√≥gica que quiz√°s en este contexto llamar√≠amos poshumanizacion. Es un ave algor√≠tmica:

Figura 2. Los dos extremos del proceso de transformación. Fuente: <http://es.disney.wikia.com/wiki/Los_Pájaros_(Cinderella)> (15-11-13) y Payo (2012).

En segundo lugar, tenemos el caso de la interfaz Google, donde aparece un cajet√≠n de b√ļsqueda aparentemente neutral y un cursor parpadeante, supuestamente esperando nuestras indicaciones, pero ni el cajet√≠n de b√ļsqueda est√° tan neutralmente vac√≠o como parece hacernos creer, ni el cursor est√° a la espera de nuestras indicaciones, sino m√°s bien se dir√≠a lo contrario, somos nosotros los que en ese marco, estamos a la espera de las suyas.

Se trata de un entorno planificadamente acogedor, c√≥modo y familiar. El concepto caja blanca apela al de caja negra (un instrumento que genera un output recibiendo y elaborando inputs). Podemos pensar que el blanco, es el mismo de la magia blanca, porque leemos connotaciones m√°gicas en su funcionamiento. El espacio en blanco est√° cargado de significados y de funciones t√©cnicas y por tanto connotado aqu√≠ positivamente. Seg√ļn el colectivo IPPOLITA (2007) esta blank box encarna tambi√©n una cosmovisi√≥n, la del servicio total, con respuesta a cualquier consulta. La actividad de la b√ļsqueda en general se confunde con el instrumento (uno de ellos) de que disponemos para realizarla. El espacio en blanco podr√° responder a todo, sea cual sea el nivel de profundizaci√≥n o las caracter√≠sticas concretas de cada actividad que deseamos llevar a cabo en la red. Esta es la confusi√≥n que genera la interfaz y a cuya interpretaci√≥n debemos estar atentos.

3. Significados subyacentes y ciencia ficción como sustrato mitológico

Repasamos en este apartado algunos de los signos que, consideramos, empastan las formaciones discursivas en torno a Google y Twitter.

Cibern√©tica se refiere en principio a los sistemas de control basados en retroalimentaci√≥n (feedback) y se considera en los or√≠genes de lo que com√ļnmente denominamos revoluci√≥n tecnol√≥gica. Kybernetes es en griego el timonel, la persona que, tomando decisiones sobre la marcha de los imponderables climatol√≥gicos o de las mareas corrige el rumbo de manera que la nave pueda llegar a su destino. Pero este timonel es humano. Lo cibern√©tico est√° en la ra√≠z de la rob√≥tica, de lo autom√°tico, tambi√©n c√≥mo no, del concepto c√≠borg[1], del algoritmo, como veremos, en tanto objeto creado por humanos que tiende a desprenderse del control de √©stos. Siendo as√≠, es comprensible que halle un molde mitol√≥gico en el que habitarnos, un discurso en el que cobrar vida.

Sin remontarnos al fuego de Prometeo o a la electricidad de Frankenstein, debemos pensar en el valor interdiscursivo (que m√°s convencionalmente dir√≠amos intertextual) de la inquietante partida de ajedrez del protagonista de 2001, una odisea del espacio (1968), con la computadora l√≥gico-paranoica Hal que, recordemos tuvo un interesante correlato medi√°tico a√Īos despu√©s con la disputa de diversas partidas entre Deep blue de IBM y el campe√≥n del mundo Kasparov (1996, 1997, con victoria humana en la primera ocasi√≥n y derrota humana en la segunda). Es notable que estos peque√Īos torneos hombre-m√°quina se planteasen como tales, as√≠ como la nula repercusi√≥n medi√°tica de la demostraci√≥n del hecho de que ser humano y m√°quina juntos jueguen mejor que la m√°quina y el ser humano por separado. Evidentemente la cooperaci√≥n no aporta nada a este mito, y, por tanto, cae en las carreteras secundarias del olvido medi√°tico y social, es una excreci√≥n, un silencio necesario del discurso. No hay que olvidar como contexto la interesante secuencia hist√≥rica en la que de la rivalidad Fisher-Karpov (Guerra Fr√≠a EE.UU.-URSS), se pas√≥ a la rivalidad Karpov‚Äď Kasparov (ortodoxia sovi√©tica- fin de la Uni√≥n Sovi√©tica), para luego en la d√©cada de los noventa entrar en escena de la post-guerra fr√≠a la rivalidad hombre-m√°quina, en este caso la tecnolog√≠a de una multinacional estadounidense jugando sus cartas de marketing. Se dir√≠a que el tablero de ajedrez como escenario geopol√≠tico, hubiese generando un recorrido metaf√≥rico de ida y vuelta y de larga tradici√≥n.

Las referencias dentro de las grandes producciones cinematogr√°ficas hollywoodienses, con su inexcusable peso simb√≥lico a la hora de construir discursos, tienen no pocos t√≠tulos emblem√°ticos en los √ļltimos treinta a√Īos: Entre √©stas, destacamos algunas como War Games (1983), una reconocible representaci√≥n del empoderamiento generacional de un adolescente de clase media estadounidense que desde el sal√≥n de su casa, llega a acumular cuotas de poder notables en la gesti√≥n de una posible guerra nuclear final. Nos interesa este personaje en la medida en que pueda ser una representaci√≥n inaugural de la figura del hacker como condensaci√≥n de saber-poder, replicada actualmente en la ideaci√≥n del tuitero, que cree hacer la revoluci√≥n reproduciendo o emitiendo frases desde el sal√≥n de su casa con un pretendido efecto incendiario en una plaza p√ļblica a veces situada a miles de kil√≥metros. Esta imagen de empoderamiento individual, subversor y desproporcionado ha tenido una de sus m√°s recientes encarnaciones medi√°ticas en Julian Assange y sospechamos que su g√©nesis no es del todo ajena a la del vaquero solitario ic√≥nico del western. En Tron (1982) el software, el objeto algor√≠tmico, adquiere representaciones humanizadas y las fronteras entre el mundo real y lo que hoy llamar√≠amos realidad virtual pueden atravesarse con el cuerpo y en el espacio f√≠sico. Las cuestiones formales adem√°s, insisten en la realizaci√≥n de esta confusi√≥n (animaci√≥n por ordenador mezclada con imagen real). A√Īos despu√©s Cronenberg plantear√≠a una trama similar en eXistenZ (1999), coet√°nea de Matrix, con la singularidad de que el hardware ya ha adquirido una dimensi√≥n org√°nica que genera la violenta indistinci√≥n con lo real y lo construido, se conecta con una disociaci√≥n de la identidad al borde de lo psic√≥tico. El imaginario que por su parte promueve Robocop (1990) es el del c√≠borg, el del organismo que combina elementos org√°nicos y mec√°nicos. El implante para potenciar peligrosamente las capacidades del humano aparece en Johnny Mnemonic (1995) y en el imaginario m√°s reciente de la muy influyente Matrix (1999), distop√≠a en la que el hombre absorbido ya por la m√°quina lucha por emanciparse de esta esclavitud y de la sugesti√≥n de libertad que la m√°quina ha dise√Īado, top√°ndose, al liberarse, con una realidad des√©rtica, subterr√°nea, anticipada en La Jet√©e de Chris Marker (1962). M√°s recientemente, Avatar (2009) ha presentado una espinosa alquimia de la naturaleza, la t√©cnica y lo divino. ‚Äúun todo org√°nico de resonancias m√≠stica, superficie sensible, y matiz on√≠rico. Danza tot√©mica de la reverberaci√≥n extra-humana‚ÄĚ (Susca, 2010b:24). Film en que un militar y cient√≠fico, gemelos representar√≠an la identificaci√≥n saber y poder. Son de especial inter√©s para nosotros las reflexiones que Susca presenta acerca de esta pel√≠cula:

El film anuncia la superaci√≥n del imaginario tecnol√≥gico moderno, seg√ļn el cual la t√©cnica del logos, (tecnolog√≠a) es el conjunto de instrumentos capaces de modificar el orden natural de las cosas, adaptando el entorno al hombre, sosteniendo el impulso prometeico y la cadena del progreso, a favor del imaginario tecnom√°gico contempor√°neo, que sumerge al hombre en sus ra√≠ces m√°s ancestrales, someti√©ndolo a un orden mayor que el suyo y el extranjero. El hombre ya no es el autor de la historia, maestro de s√≠ reivindicado por Descartes y las Luces, sino un ser reenviado a la solemne autoridad del destino, que sufre una cura de humildad al descubrir que no es sino un √≥rgano entre otros, de un cuerpo majestuoso que le sobrepasa. (2010b: 35-36)

Pero hay m√°s anclajes rese√Īables en este sustrato de mitos literario-cinematogr√°ficos, como aquel Planeta prohibido (1956) que adaptaba La tempestad de Shakespeare, donde un hombre a trav√©s de una m√°quina desarrollaba sus capacidades intelectuales con la terrible contrapartida de un monstruoso desarrollo de un oscuro y devastador inconsciente-Frankenstein. Lo prohibido de aquel planeta tal vez era la superaci√≥n de los l√≠mites de lo humano a trav√©s de la t√©cnica, podr√≠amos decir que en ese territorio, muy literalmente, los sue√Īos de la raz√≥n tecnom√°gica produc√≠an monstruos, tal vez como en la actualidad.

Elementos distópicos, de sociedad de control orwelliana y paradojas temporales también en Minority report (2002) y en Inteligencia Artificial (2001) de Spielberg o en Yo robot (2004), donde lo creado por el hombre a su imagen y semejanza llega a hacer programable el amor, con todos sus riesgos, que en definitiva parecen amenazar la razón. Mención para el singular conjunto Robot Stories (2003), cine independiente estadounidense, en especial para la cuarta de sus historias, que aborda directamente el tema de la inmortalidad digital mediante una especie de transmigración escaneada de las almas.

Nuestro objetivo aqu√≠ no va m√°s all√° de se√Īalar la enorme y sintom√°tica vigencia de los mitos en torno a lo creado por el ser humano y los casi siempre amenazadores (en este imaginario) efectos de su toma de autonom√≠a. Pensamos aqu√≠ en el creciente n√ļmero de operaciones financieras que no son ejecutadas por humanos: baste el dato de que el llamado trading de alta frecuencia o trading algor√≠tmico representa un tercio de las operaciones en Gran Breta√Īa en 2011 y en Estados Unidos tres cuartas partes de las operaciones son generadas por computadoras (King, 2011).

Es imposible, no obstante, obviar Blade Runner[2] y sus criaturas mec√°nicas esculturales, apol√≠neas, erotizadas, algunas sexuales, algunas ignorantes de su condici√≥n maquinal, algunas angustiadas por su muerte o terminaci√≥n. Es interesante pensar en la met√°fora que encierra el calificativo escultural, donde la estatua, la escultura, la creaci√≥n humana, se convierte en modelo para el hombre que en su perfecci√≥n, ha de ser como la escultura que √©l ha creado, dentro de un canon, a√Īadir√≠amos para forzar el juego de palabras que el cuerpo es cultural.

Este tipo de monstruo generado en el contacto del hombre y la técnica, nos interesa por su funcionamiento discursivo más o menos consciente, en tanto que una de las figuras en las que leer el encofrado y el andamiaje de nuestra experiencia tecnomágica actual. Brevemente debemos aludir a la propuesta de leer la crisis de la modernidad en la muy interesante reflexión en torno a lo monstruoso que propone David Conte (2009), mediante tres ejemplos cinematográficos con cada uno de los cuales ilustra una característica de lo monstruoso refiriéndose respectivamente a las ominosas criaturas de Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979) La Cosa (John Carpenter, 1984) y La mosca (David Cronenberg, 1986).

Pienso que estos mismos mecanismos de lo monstruoso (la hibridación, lo informe y el proceso metamórfico) son identificables con cierta claridad en torno al mito del cíborg y en las cuestiones del avatar, lo identitario y en general en torno a la virtualidad y la conflictividad que nuestro modelo de relación con la tecnología presente frente al propio cuerpo. Ese cuerpo que parece preocupar tanto a nuestro tiempo, cuando se reactiva como zombi o cuando muta como en los X-men.

Por otra parte, veo muy necesario tambi√©n dedicar unas l√≠neas a Neuromante (William Gibson, 1984) ic√≥nica novela, inspiradora de buena parte de la imaginer√≠a de los films que hemos citado y considerada inaugural del subg√©nero ciberpunk, donde la desintegraci√≥n social convive con la tecnolog√≠a avanzada, derribando el mito del progreso tecnol√≥gico como vanguardia de todo progreso, cuestionando tal vez la idea misma de progreso. En esta novela se crea, por ejemplo, el concepto ciberespacio. M√°s all√° de otras consideraciones fij√©monos de momento en que la genealog√≠a de un concepto tan connotado como perteneciente a un discurso cient√≠fico, proviene de una novela de ciencia-ficci√≥n. ¬ŅCabr√° sugerir a la ciencia como ficci√≥n o al m√©todo cient√≠fico como un discurso en su funcionamiento social no menos de ficci√≥n que cualquier otro?

Los vaqueros de la novela ‚Äúcabalgan‚ÄĚ en el ciberespacio, sobre monturas-hardware llamadas consolas. Se dedican a la intrusi√≥n y robo de informaci√≥n en sistemas digitales, actividades que prefiguran a los crackers y hackers actuales. (Moreno, 2003: 106-107)

Sugerir en este marco la metamorfosis del llanero solitario en la del tuitero solitario, sería posiblemente algo más que un mero juego de homofonías.

Gran parte de los personajes de esta novela posee un cuerpo modificado, hibridado por la tecnolog√≠a, pensemos en nuestras pr√≥tesis: marcapasos, lentillas, implantes cocleares, etc., tendentes a pasar de nuestro tradicional fuera a nuestro tradicional dentro, (delimitado por la piel), en nuestra cirug√≠a est√©tica (denegatoria del envejecimiento y de la muerte) o en la modificaci√≥n bioqu√≠mica de nuestros psicof√°rmacos y nuestras drogas ilegales, as√≠ como en nuestras so√Īadas modificaciones gen√©ticas, en la mitolog√≠a irresistible de las c√©lulas madre en torno a la regeneraci√≥n corporal. Pero recordemos que en Johnny Mnemonic (Gibson, 1981) la modificaci√≥n corporal tiene como finalidad insertar atributos de la m√°quina en el cuerpo humano. Y hay que se√Īalar aqu√≠ una met√°fora, que al igual que la de lo llamado escultural tiene camino de ida y regreso: para sustentar la idea de la mejora corporal, en concreto la idea de la mejora de las capacidades mentales superiores mediante la t√©cnica, equipara estas funciones con las que provienen de la inform√°tica. En este imaginario el ordenador ha de funcionar como la mente y la mente ha de funcionar como el ordenador. Observemos que las met√°foras relativas a interconexiones y redes (que tan pronto son neuronales como sociales o telem√°ticas) tienen un elevado grado de presencia en la psicolog√≠a cognitiva (premisas que asume y amplifica, por ejemplo, Castells (2009) en sus trabajos m√°s recientes sobre lo que √©l denomina la sociedad-red). Despu√©s de todo, si creemos tener una buena idea, lo representamos con una bombilla el√©ctrica encendida sobre nuestras cabezas, lo cual no deja de ser un breve estado de iluminaci√≥n, una fugaz visita de la divinidad, para rescatarnos de las esas tinieblas que solemos llamar ignorancia. En otro nivel, esas luces son las de la modernidad, las de la Ilustraci√≥n que para construir su propia luminosidad, debi√≥ fabricar una Edad Media oscura.

Más acá de los diversos trayectos y metafóricos de significado subyacentes que estamos intentando recopilar, la relecturas inevitables de Frankestein de Mary Shelley son manifiestamente ineludibles. Al igual que esta obra transcodificaría aspectos esenciales de la estructura social de la época de la que proviene, sus reinterpretaciones actuales nos marcarían el camino de determinadas cuestiones de la estructura social que habitamos.

La electricidad hizo pensar intensamente en la vida artificial, como el fuego en la antig√ľedad. El hombre prometeico busca aparentemente un mundo mejor a trav√©s de la tecnociencia. Ahora no se trata ya de m√©dicos estudiando el efecto de los impulsos el√©ctricos sobre lo org√°nico, sobre el cuerpo humano, se trata de laboratorios farmac√©uticos controlando los impulsos el√©ctricos neuronales mediante la bioqu√≠mica de los psicotr√≥picos. (Neo, en Matrix (1999), ha de ingerir una pastilla, lo protagonistas de THX-1138 (1971) delinquen si no se medican). Pero las criaturas (auto) aprendientes (este es un elemento recurrente cuando se apela a los constructos ‚Äúinteligentes‚ÄĚ a la ‚Äúinteligencia‚ÄĚ artificial) acaban en el mito, albergando aspiraciones o demandas, de naturaleza humana. El monstruo mira su reflejo en el lago como Narciso, no es temible mientras es una m√°quina, es temible cuando se vuelve humano, ‚Äúreflejo‚ÄĚ de su creador, que teme el emerger de su Mr. Hide, de un alter Ego feroz, quiz√°s de un alter Ello. ¬ŅUna nueva bofetada al yo tras las de Cop√©rnico, Darwin, Marx y Freud? (El inicialmente apocado protagonista de EXistenz se sorprende al ser hablado por su yo -avatar, personaje- virtual, se extra√Īa de o√≠r en su propia boca palabras que no dir√≠a normalmente). Pero si el objeto creado es mejor que el yo creador, m√°s r√°pido, m√°s inteligente, m√°s fuerte, ¬Ņdeja de necesitar al humano o lo subordina a s√≠, esclaviz√°ndolo, y si finalmente es, por qu√© no, ‚Äúinmortal‚ÄĚ?

Cabe interrogarse acerca de qu√© clase de interferencia genera este tipo de discurso frente al discurso darwinista, es decir, determinar si se est√° postulando que la tecnosfera sustituir√° a la biosfera como medio configurador de las mutaciones evolutivas y las fantas√≠as dist√≥picas o euf√≥ricas que este imaginario pueda conllevar. Virilio se√Īala que, en estos discursos, en torno a la superaci√≥n del cuerpo como l√≠mite, √©ste es considerado

un traje demasiado estrecho que tira de sus costuras [masa, volumen, envergadura…], un traje demasiado pesado para quien est√° condenado a usarlo, a moverlo. Como si existiera una incompatibilidad radical entre las dimensiones de la envoltura de carne que viste al sujeto y el espacio/tiempo sin comienzo ni fin conocidos de su ser en el mundo. (Virilio, 1996: 91)

En el platonismo el alma habitaba, lamentablemente, un cuerpo con fecha de caducidad. Vivencia nada ajena a la tradición católica donde la carne, terrenal, parece oponerse a aquellas sublimes cabezas de El Greco ascendentes al cielo.

Recordamos que en Metr√≥polis (Fritz Lang, 1927), la m√°quina (adem√°s de esa mujer esquem√°tica, santa devenida bruja) es sobre todo, el sistema de funcionamiento ‚Äúla m√°quina coraz√≥n‚ÄĚ, el sistema productivo capitalista que requiere un pacto mediador para ‚Äúhumanizarse‚ÄĚ. Seg√ļn la insistente moraleja de la obra: la mano de obra (esa caricaturesca masa obrera del filme) necesita para conectarse con el cerebro (el patr√≥n) la mediaci√≥n del coraz√≥n que, singularmente es el hijo del patr√≥n, conmovido por la explotaci√≥n extrema del obrero convertido en engranaje de una m√°quina. Pero la ‚Äúm√°quina‚ÄĚ productiva capitalista no debe en ning√ļn caso ser destruida (eso provocar√≠a la muerte de todos) sino conservada, conciliadoramente.

4. Conclusiones

Libertad comunicativa sin límites, libertad en general, sobrehumana, para volar como pájaros, democratización absoluta, empoderamiento individual y salto evolutivo humano son los cimientos del edificio discursivo que dos gigantes de Sillicon Valley como Twitter y Google han construido para presentarse y legitimarse ante nosotros. Es decir, se da una apropiación de diversos elementos del imaginario de la ciencia ficción hacia ciertos discursos empresariales. Literatura y cine de ciencia ficción son en buena parte el cemento y los ladrillos de ese mismo edificio que se hace creíble acudiendo al molde de la ficción, para defender, curiosamente a una ciencia casi divinizada, erigida en discurso social hegemónico, capaz de funcionar con mecanismos de consagración, curias y excomuniones de forma similar a la profesión de autos de fe que nos exigen ciertas religiones, de hecho decimos que las pruebas experimentales, son fe-hacientes y la empresa Google expresa sus directrices en forma de mandamientos, de auténticas verdades reveladas aunque, curiosamente, cambiantes. Todo ello singularmente envuelto en una cierta magia, la del saber total, la del oráculo. Máquinas que sobrehumanizan, fuerte condensación del saber-poder. Cuestionamiento también de las fronteras corporales.

Pensamos que la ausencia de l√≠mites es un elemento discursivo apetecible a un capitalismo que continua esgrimiendo la utop√≠a del crecimiento ilimitado en un planeta con recursos limitados. Esta es la transcodificaci√≥n en la estructura social que proponemos para ese signo. El capitalismo experimenta sus l√≠mites, tal vez su propio final y acude a representaciones en las que se da una superaci√≥n de los l√≠mites de lo humano hacia un universo de milagros mesi√°nicos tecnol√≥gicos, donde se acude a la denominaci√≥n posthumano para ensordinar la enso√Īaci√≥n de un post-capitalismo capaz de sobrevivir a los ep√≠gonos del tardocapitalismo que se hace tecnol√≥gico porque cree hallar en una utop√≠a tecnol√≥gica, m√°s bien inspirada en la ficci√≥n literaria y f√≠lmica, la resoluci√≥n de sus conflictos y limitaciones. Morozov (2012) ha llamado solucionismo a esta ideolog√≠a crucial para los gigantes de Silicon Valley, seg√ļn la cual la soluci√≥n a los problemas de la humanidad en general se halla en la tecnolog√≠a. El capitalismo es un silencio discursivo, est√° desplazado por el discurso de la ciencia ficci√≥n y de la ciencia como factor de progreso en general.

Al mismo tiempo que Twitter es acogido por el Vaticano como herramienta evangelizadora, los países occidentales alimentan la idea de que la eliminación de ciertas barreras de la comunicación social serán herramientas de la exportación a todo el mundo de los modelos de democracia representativa occidentales. Sobre la creencia de que la facilidad en la circulación de la información lleva a la democracia directamente, obviándose los usos totalitarios de las mismas tecnologías.

No faltan, dentro de la cultura popular y las artes referencias a lo que podr√≠amos llamar, apelando al propio imaginario reivindicado, una especie de cuerpo posthumano. Tenemos as√≠ a Neil Harbisson, es el primer humano sobre el cual circula un discurso seg√ļn el cual est√° reconocido por un gobierno como c√≠borg; tambi√©n est√° el caso del artista australiano Stelarc, que predicaba la obsolescencia del cuerpo y el final de la piel como l√≠mite con lo exterior. No est√°n por consiguiente los discursos de Google y de Twitter aislados, desconectados de todo contexto, sino que forman parte de una tendencia de pensamiento mayor.

Se√Īala Catal√† (2010) que la concepci√≥n de los instrumentos t√©cnicos como prolongaciones de nuestros sentidos y por tanto de nuestro cuerpo, est√° √≠ntimamente relacionada con la metaf√≠sica de la presencia de la que hablaba Derrida (2010: 166). As√≠ entre el interior y el exterior del ser humano existe una simetr√≠a que constituye la esencia de lo humano. El interior subjetivo y el exterior t√©cnico. La t√©cnica, el espacio exterior se subjetiva de la misma manera que el sujeto se tecnifica (2010: 173). Catal√† est√° de acuerdo en que hay establecido un circuito entre el cerebro y el exocerebro. Pero no se conectan directamente sino a trav√©s de espacios denominados interfaces. (2010: 182). Seg√ļn √©l nuestras funciones cognitivas se han tecnificado y la tecnolog√≠a se ha mentalizado. Se puede pensar como Mcluhan en la t√©cnica como extensi√≥n de los sentidos, un instrumento que ampl√≠a funciones espec√≠ficamente humanas e intr√≠nsecamente separadas de los procesos de razonamiento. La t√©cnica en esta visi√≥n tiene poco que ver con el proceso mental en s√≠. Catal√† considera esta visi√≥n ingenua porque preserva el sujeto cartesiano.

Es interesante recordar que Freud (1919) ve lo ominoso en el aut√≥mata, en el objeto que cobra vida (¬Ņno es lo conflictivo del monstruo de Frankenstein o del Golem su deseo de humanidad?), aqu√≠ ese objeto ser√≠a el objeto tecnol√≥gico, cibern√©tico, algor√≠tmico. Pero cabe preguntarse, si esta mitolog√≠a que inocula algo terrible y amenazante en el objeto animado no es una realizaci√≥n de esa otra del zombi, que ha proliferado exponencialmente en las producciones de cine, televisi√≥n, literatura y videojuegos superventas recientes. Freud tambi√©n se√Īala entre otras la indiferenciaci√≥n entre lo org√°nico y lo inorg√°nico, entre lo humano y lo inhumano.

Pensamos, por otra parte, tambi√©n en la aparici√≥n de conceptos nada d√©biles como transhumano y posthumano y en su sentido en torno a la idea de la superaci√≥n de los l√≠mites de lo humano (dir√≠amos del cuerpo humano) a trav√©s del control tecnol√≥gico suministrado por ejemplo por la biotecnolog√≠a, representando la idea de que una Raz√≥n con may√ļsculas, la del siglo de las luces, la que alumbra la ciencia autoconcebida como el techo de la evoluci√≥n humana, no puede imaginar nada despu√©s de ese humano razonador, luminoso, que no sea post-humano. Parece que los l√≠mites de lo humano, entre ellos el m√°s innegable de todos, la muerte, no casan bien en este imaginario. Y los miramos al mismo tiempo que esa concepci√≥n animista que se√Īala Freud (1919) acerca de lo ominoso:

El an√°lisis de los casos de lo ominoso nos ha reconducido a la antigua concepci√≥n del mundo del animismo, que se caracterizaba por llenar el universo con esp√≠ritus humanos, por la sobrestimaci√≥n narcisista de los propios procesos an√≠micos, la omnipotencia del pensamiento y la t√©cnica de la magia basada en ella, la atribuci√≥n de virtudes ensalmadoras ‚Äźdentro de una gradaci√≥n cuidadosamente establecida‚Äź a personas ajenas y cosas (mana), as√≠ como por todas las creaciones con que el narcisismo irrestricto de aquel per√≠odo evolutivo se pon√≠a en guardia frente al inequ√≠voco veto de la realidad. (Freud, 1919: 10)

¬ŅNo es este acaso el mundo de los llamados objetos inteligentes?

Los inventores de Google nos hablan expl√≠citamente de la creaci√≥n de inteligencia artificial y al mismo tiempo enuncian el hecho de traspasar ciertos l√≠mites de lo humano. Estas revelaciones tienen, c√≥mo no, sus propios profetas. Pensemos en el transhumanista Ray Kurzweil y su concepto denominado Singularidad, seg√ļn el cual ‚Äúno son los ordenadores los que est√°n tomando el poder sobre los hombres, sino los humanos los que cada vez est√°n m√°s pr√≥ximos a devenir maquinas pensantes‚ÄĚ (Kyrou, 2013: 195). Se trata de multiplicar y superar el potencial de las neuronas humanas hacia una nueva inteligencia. Google es uno de los motores de esta nueva inteligencia que ‚Äúpermitir√° desembarazarse al hombre de su envoltorio corporal, tan limitado, en beneficio de un cuerpo integralmente mec√°nico‚ÄĚ (Kyrou, 2013: 196).

Recordemos que el concepto inteligencia artificial proviene de 1956, ‚Äúsu hip√≥tesis fuerte es que no habr√≠a diferencia entre una verdadera conciencia y una maquina simulando una conciencia‚ÄĚ (Kyrou, 2013: 201), cuesti√≥n verificable mediante el test de Turing. He aqu√≠ como en este discurso inteligencia se confunde con conciencia. No hablamos pues de inteligencia artificial sino de una m√≠tica conciencia artificial, confusi√≥n permanente en diversos contextos.

Figura 3: Evoluci√≥n seg√ļn el transhumanismo. Fuente:<http://es.wikipedia.org/wiki/Transhumanismo>(12-11-13).

Kuzweil (que, no lo olvidemos, es un empleado de Google, en 2009 inaugur√≥ en Silicon Valley la llamada Universidad de la Singularidad) predice que un ordenador pasar√° el test de Turing en 2029. La singularidad es un trasvase al √°mbito de la tecnolog√≠a del concepto singularidad espacio temporal de los agujeros negros, es decir se refiere a los l√≠mites de las leyes de la f√≠sica, el espacio tiempo en que estas dejan de funcionar. No es nuevo este trasvase, ya se jug√≥ con esta idea acerca de la naturaleza mesi√°nica de la tecnolog√≠a en los a√Īos 50 y en los 80, tal vez tambi√©n en otros momentos de la historia.

Otro elemento que hay que rese√Īar es el de la velocidad, la instantaneidad, presentes tanto en los discursos de Twitter como de Google. Aqu√©l en su referencia a la rapidez de la comunicaci√≥n, como un valor indiscutible, √©ste en cuanto a la instantaneidad de la obtenci√≥n de resultados de la b√ļsqueda, consecuencia de la eliminaci√≥n del factor tiempo de su algoritmo.

El prodigio visible de Google, lo que lo lleva al terreno de la magia, es la inmediatez en la obtenci√≥n de los resultados de la b√ļsqueda. Para una b√ļsqueda profunda hace falta, entre otras cosas, tiempo, pero Google opta por prescindir de esta variable, prescinde del tiempo para que el resultado sea inmediato. En esa decisi√≥n, altamente significativa, se sacrifica nada menos que la profundidad de la b√ļsqueda (la llamada Internet profunda o invisible, que representa el 95% de la informaci√≥n encontrable en la red) a cambio de algo que se considera mucho m√°s valioso como es la velocidad en la presentaci√≥n de los resultados. No es un tema menor. Siguiendo a Virilio (1996:134), esto llevar√≠a al borrado de los l√≠mites del cuerpo, a la indiferenciaci√≥n entre el interior y el exterior, tan querido en la mitolog√≠a de ciencia ‚Äďficci√≥n.

Adem√°s de la supresi√≥n del tiempo necesario para una b√ļsqueda verdaderamente profunda, el algoritmo se basa desde su origen en trasladar el principio acad√©mico de la evaluaci√≥n entre pares (peer-review) de las publicaciones cient√≠ficas a la pertinencia de las p√°ginas web. Cada enlace a una p√°gina es una cita, una evaluaci√≥n favorable a la misma, lo cual determina su pertinencia, que a su vez condiciona su orden de aparici√≥n en la lista de resultados, conllevando la diferencia entre obtener o no, en el caso de que medien intereses econ√≥micos, ganancias millonarias.

Para los fundadores de Google ‚Äúlas ecuaciones matem√°ticas tienen un doble sentido universal: representan a la vez la base de un conocimiento objetivo y el carburante de una intervenci√≥n subjetiva sobre la sociedad‚ÄĚ (Kyrou, 2013: 40). Pero esta ecuaci√≥n an√°loga a la de la de la evaluaci√≥n acad√©mica por pares no es una ecuaci√≥n cualquiera, porque al buscador la calidad o el contenido de la b√ļsqueda no le incumbe, tan solo deduce la pertinencia de una analog√≠a, dif√≠cil de aceptar en su literalidad, sobre el mundo acad√©mico con centro en Stanford, que es a su vez objeto posible de cuestionamiento, como cualquier otra opci√≥n en √ļltima instancia, ideol√≥gica.

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Caracteres vol.2 n2

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Notas:    (↵ regresa al texto)
  1. El concepto c√≠borg fue acu√Īado en 1960 por Manfred Clynes y Nathan S. Kline.
  2. Adaptaci√≥n, recordemos, de la novela de 1968 de Philip K. Dick: ¬ŅSue√Īan los androides con ovejas el√©ctricas?

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