Rese帽a: El intelectual melanc贸lico. Un panfleto, de Jordi Gracia

Juan Carlos Cruz Su谩rez (Aarhus Universitet)

Gracia, Jordi. El intelectual melanc贸lico. Un panfleto Anagrama. 2011. 104 p谩gs. 12,50鈧.

Desafiante, as铆, de inicio, asoma la melancol铆a en este nuevo 鈥搊 menos nuevo de lo que parece鈥 entorno cultural y social abierto tras la sacudida tecnol贸gica de los 煤ltimos a帽os. Pero el desaf铆o lanzado, lejos de pretender instaurar una lectura positiva de los cambios acontecidos y a煤n en marcha, convoca una suerte de trasnochada pasividad que bloquea al sujeto melanc贸lico en un espacio de operabilidad cero, locus amoenus dise帽ado a medida en el que surge la po茅tica de un ego sometido al peso de una autoridad 鈥搊tra entelequia de conocimiento posible, Arcadia rec贸ndita, arcana y, s铆, por ello mismo, facilona y necesariamente prostituible鈥 y a las estrictas reglas que el dictado de una asumida o pretendida superioridad intelectual le otorga. Dif铆cil, entonces, abrir una negociaci贸n en ese espacio cultural por conquistar. El lock-out desestabiliza el gui贸n de una dial茅ctica conveniente, a fin de sumar a lo nuevo el discurso medido y templado de una experiencia sin duda apreciable. Frente a esta posibilidad, en cambio, florece el cierre de filas, el bloqueo melanc贸lico que imposibilita tal dial茅ctica del entendimiento y favorece, as铆, las denominaciones de bloque, enclaustradas, separadas de cualquier atisbo de integraci贸n. Estamos, con ello, ante un rebrote melanc贸lico, no nuevo, me temo, en el que el sujeto afectado no vendr铆a a sumar un lugar positivo en la cartograf铆a de una melancol铆a global para los estados del alma, esa que bien han sabido clasificar, ubicar, definir o relacionar Klibansky, Panofsky y Saxl[1]; al contrario, se trata de un sujeto desestabilizador por lo que, parad贸jicamente, tiene de inactivo. Es esa desidia frente a los cambios lo que lo hace peligroso, pues en su desatada pasividad se niega la f贸rmula fundamental de la verdadera actividad intelectual. El paso del tiempo, su aceleraci贸n 鈥搒iguiendo a Koselleck鈥 abre un abismo entre ese sujeto petrificado y el desplazamiento imparable de la sociedad. La marca de tiempo, as铆, cobra la fisionom铆a de amenaza constante que desequilibra la capacidad de asimilaci贸n del propio cambio puesto en marcha. De esa manera 鈥搚 de otras鈥 solo un tipo de repliegue podr谩 garantizar la subsistencia del sujeto desvinculado o auto-excluido del movimiento temporal iniciado. Se produce una suerte de exilio interior 鈥揹e alguna manera cercano al estudiado por Paul Illie鈥 en donde el melanc贸lico marginado habilita un discurso nada ingenuo contra un tiempo que cre铆a suyo 鈥揳l que de hecho pertenece鈥 y que ahora rechaza. Se intenta, as铆, sobreponer o imponer una demolici贸n del proceso de cambio, una imposible reestructuraci贸n temporal en la que su discurso opere como 煤nico garante o medida de todas las cosas. El fracaso de tal operaci贸n sentencia finalmente al melanc贸lico, quien con una dignidad teatral previamente ensayada inicia el camino hacia el cementerio de elefantes.

Este circunloquio, posiblemente evitable debido al l铆mite exigido por el contexto de una rese帽a, responde a una declaraci贸n que pretende dar la bienvenida 鈥揹esde el acuerdo de ideas y valoraci贸n muy positiva del contenido鈥 a la obra de Jordi Gracia El intelectual melanc贸lico. Este ensayo, que 茅l mismo autor subtitula como 鈥減anfleto鈥, recorre con especial atenci贸n, rigor e incluso cierta indignaci贸n el perfil de un sujeto que habita en el abismo de un pensamiento regido por una nostalgia intelectual impropia de lo que, a mi modo de ver, deber铆a ser una aut茅ntica conciencia intelectual. Frente a una actitud despierta, avisada en lo nuevo, tolerante y abierta frente a los modos y usos de los 煤ltimos a帽os, sobreviene un ego apesadumbrado y hosco que atribuye a ciertas novedades el poder de provocar una suerte de apocalipsis de la cultura humanista y del pensamiento intelectual. No es de extra帽ar que este, llamar茅 ahora, ensayo necesario y vitalista 鈥搚 a esta nomenclatura volver茅 al final鈥 se inicie activando la validez de su condici贸n de panfleto 鈥揾aci茅ndolo as铆 reivindicativo鈥, operaci贸n que el mismo autor justifica desde una asumida indignaci贸n:

Pero sobre todo le revienta [al autor] la particular deformaci贸n intelectual que proyecta sobre la realidad un estado de 谩nimo de etiolog铆a estrictamente privada y llamativamente sencilla: la frustraci贸n en el l铆mite de la edad productiva, el desenga帽o frente a las mutaciones sociales imprevistas, la herida abierta de una vanidad nunca estabilizada. (11-12)

Se avisa en esta declaraci贸n inicial una perspectiva cr铆tica 鈥搒in duda justificada鈥 en la que se establece un primer alcance o caracterizaci贸n del sujeto melanc贸lico objeto de escarnio a lo largo del ensayo. En determinados momentos hay en el tono de Jordi Gracia una pulsi贸n vindicadora, una necesidad de hablar claro y alto de la solidificaci贸n en el espacio intelectual espa帽ol de una suerte de enfermedad progresiva que enquista y obstaculiza la integraci贸n y asimilaci贸n equilibrada de los cambios sociales y culturales provenientes de la democratizaci贸n de la educaci贸n y de la evoluci贸n tecnol贸gica. En ese magma intelectual, en muchos casos vinculado al 谩mbito acad茅mico, habita ese ente nost谩lgico y melanc贸lico que ha configurado en torno a su persona un avatar que act煤a crey茅ndose en posesi贸n de la inexistente verdad absoluta.

Para poder esbozar el principio de esa mitificaci贸n avat谩rica, habr谩, con ello, que erigir un espacio en el cual ejecutar la performance de un suplicio o tormento selectivamente escogido. De ah铆 una po茅tica espacial 鈥搒铆, a la manera en la que Bachelard poetiza espacios鈥 en la que se sugieren las particularidades del habit谩culo en el que el melanc贸lico perpetra o planea sus ataques contra una realidad esquiva, que lo elude o neutraliza, sin saber 鈥搊 sabi茅ndolo perfectamente鈥 que deviene as铆 en recluso de su tiempo. Hay en ello un tipo de imaginario consensuado en el que el reo melanc贸lico encuentra albergue, pues cada pliego sobre la mesa, cada tintero comprado en un mercado de viejo, cada mota de polvo o cada lomo de libro que sobre sale de la estanter铆a se manifiestan en sentido esc茅nico, una, por qu茅 no, cierta ret贸rica de la imagen, met谩fora o alegor铆a final de la felicidad del sabio melanc贸lico que se poetiza en su integraci贸n total con ese espacio de culto en el que se reconoce intocable, invencible. Ese espacio cercano tiene como eco otros lugares mitificados hasta la saciedad que 鈥渟on una secreta memoria fabulada porque en ella leyeron el artificio de la melancol铆a cuando todav铆a no eran melanc贸licos鈥 (19-20), haciendo de ellos, ahora, un icono representativo de algo que se considera mejor. No cabe en esa falsa nostalgia lugar para el reconocimiento de una actividad y unas motivaciones antes que les hac铆a arriesgarse, aceptar la realidad conforme a sus cambios, su mutabilidad. No, al contrario, el lugar simb贸lico deviene en c贸digo de valores insalvable desde el que se juzga y mira a la sociedad que rechazan. S铆, el olvido del v茅rtigo, la castraci贸n de una suerte de apasionamiento por lo nuevo, son s铆ntomas inequ铆vocos del padecimiento melanc贸lico.

El trabajo de Jordi Gracia, adem谩s, constituye una s贸lida y aguda reflexi贸n sobre el estado de las humanidades en Europa (22). No cabe duda de que en los 煤ltimos a帽os se han cometido errores fundamentales en cuanto al desarrollo de estos estudios. Una fuerte tendencia materialista y utilitarista ha socavado o desprestigiado el papel de unas disciplinas que, lejos de adaptarse o integrarse a las nuevas tendencias sociales y culturales, han venido manifestando en muchos casos un anquilosamiento u oxidaci贸n en cuanto a los avances que deber铆a manifestar como laboratorio de pensamiento en activo. El peso de la autoridad y de la tradici贸n favorece el desguace de las humanidades, pues el mercantilismo afincado en el 谩mbito acad茅mico lo usa como excusa para arrinconarlo, depurarlo, someterlo a las l贸gicas de la productividad y, con ello, hacer que sucumba, pues su proyecto 鈥揺nfermo de melancol铆a鈥 no convence a los futuros compradores. Tr谩gico. De ah铆 la pertinencia de la pregunta lanzada por el autor de este panfleto:

驴C贸mo ha llegado a convertirse lo que deber铆a ser sabidur铆a sobre la condici贸n humana en munici贸n contra la evoluci贸n de las cosas y de los nuevos gustos y los nuevos fetiches, que no son nada m谩s que las expresiones actuales de la misma agitaci贸n de siempre? (28)

En esta cuesti贸n ret贸rica, cercana a煤n en el fondo al estado de las humanidades en Europa, sobresalen dos ideas que merecen ser recalcadas. Por un lado, aparece la cr铆tica directa a un sistema de pensamiento que, agotado, dispara contra s铆 mismo. El fracaso del sabio se produce cuando precisamente da todo por sabido, dejando de lado lo nuevo, por considerarlo innecesario, banal, sin pedigr铆 intelectual o muy por debajo de la altura de un conocimiento anterior que 茅l s铆 ha sabido procesar. Parece que estamos aqu铆 ante un pensamiento de tipo apod铆ctico y esencialista, una suerte de dogma con el que comulgan aquellos melanc贸licos involucionistas o paralizados por el p谩nico que en realidad les produce su desconocimiento o inadaptabilidad a los tiempos. Por otro lado, de forma latente se sugiere que los nuevos est铆mulos, cambios o movimientos no responden, en realidad, a una revoluci贸n irreverente que aspira a condenar el pasado. Cualquier ensalzamiento enconado del cambio puede hacer de ese mismo proceso un nuevo escenario de mitificado, otro discurso apod铆ctico condenado al conservadurismo y a la melancol铆a. Es precisamente la cl谩usula 鈥渘o son nada m谩s que las expresiones actuales de la misma agitaci贸n de siempre鈥 la que desmantela el proceso de mitificaci贸n del cambio y, con ello, se帽ala una medida equilibrada en la que se neutraliza la polaridad discursiva que emerge en la hoja de ruta de melanc贸licos y adeptos de lo nuevo.

El melanc贸lico ha depositado en su expresi贸n un rictus solemne (28), una suerte de disfraz con el que interact煤a sin pasar desapercibido. Con esa apariencia, adem谩s, adquiere los atributos de juez que determina la axiolog铆a a trav茅s de la cual se ha de examinar, por ejemplo, el arte. Lo nuevo, otra vez, es rechazado: 鈥 (鈥) para el educado en lo sagrado como presencia real, e incapaz de desatarse de esa educaci贸n, evidentemente la obra de arte actual est谩 devaluada, aguada, desnutrida por falta de sustancia divina (33). Hay en esa mitificaci贸n de su rol social un halo de cierta divinidad, como sugiere Jordi Gracia, con la que se auto enviste. La unci贸n de esta p谩tina divina se exhibe a la hora de dictaminar o juzgar las calidades de las nuevas representaciones. El filtro divino no permitir谩 los excesos modernos, las desviaciones inoportunas o molestas, la ruptura con determinados modos o c谩nones, pues todo ello consiente una profanaci贸n del templo en el que se han forjado las reglas que desde su credo particular ejecuta. Ese discurso no debe mostrar fisuras, pues con la solidez argumental seudoteol贸gica que manifiesta, afianzar谩 鈥搊 pretender谩 hacerlo鈥 una posici贸n de poder. En todo caso, tal maquinaria discursiva se ve abocada al desenga帽o y a la oxidaci贸n, generando as铆 el perfil de un 鈥(鈥) adulto resentido por el fracaso de su utop铆a menor pero sobre todo porque el cambio social ha tomado una direcci贸n para la que no tiene mapa ni br煤jula鈥 (35).

De igual manera, el ensayo acierta a la hora de situarnos frente a la 鈥渋magen de lo real鈥 que se establece desde coordenadas actuales (53). La convergencia de distintos medios y formatos de expresi贸n y la transferencia de lo real genera un panorama que aborta cualquier univocidad o definici贸n integradora dentro de un solo par谩metro o una sola posibilidad de manifestaci贸n. La verdad y la realidad 鈥揷onceptos, sobre todo el primero, originados en construcciones discursivas dirigidas鈥 se ven as铆 afectadas o contaminadas por la disparidad de opciones que se abren a la hora de configurar una imagen efectiva de ellas. Esta liberaci贸n de una prefigurada y tradicional v铆a de acceso a la realidad, a su representaci贸n o ingenier铆a, como es obvio, resultar谩 una condena para el intelectual melanc贸lico, quien permanecer谩 perplejo ante la maquinaria inventiva que acompa帽a dicha elaboraci贸n contempor谩nea de una realidad incompleta y fragmentaria.

Por otra parte, el ensayo introduce un espacio de reflexi贸n dirigido a comentar el miedo fingido que el intelectual melanc贸lico siente hacia Internet. Comienza as铆 este apartado:

Cualquier analista responsable sabe por puro sentido com煤n que la comprensi贸n de movimientos colectivos de fondo necesita un per铆odo extenso de observaci贸n y sobre todo una dosis equilibrada de informaci贸n que permita trazar el mapa del sistema completo y no s贸lo del comportamiento de uno de sus ingredientes. (66)

Una vez m谩s aparece un tono integrador que apunta hacia una sensatez y mesura de fondo, alejado de la exotizaci贸n o el desmedido apasionamiento hacia la novedad. A mi modo de ver, es esa neutralidad lo que hace eficaz el discurso empleado, pues sit煤a en el marco de la reflexi贸n profunda un asunto de tanta importancia como este. Se apela al sentido com煤n a la hora de enfrentarse intelectualmente a los procesos de cambio social, movimientos en los que se inserta la revoluci贸n tecnol贸gica 鈥搚 con ello el desarrollo de Internet鈥 producido en los 煤ltimos a帽os. Lejos de una fascinaci贸n por dicha evoluci贸n, el tono de Jordi Gracia permanece asido al an谩lisis y valoraci贸n del fen贸meno en s铆, haciendo v谩lidas sus propias palabras cuando reclama una observaci贸n detenida del proceso de cambio. No cabe duda, en todo caso, de que el cambio tecnol贸gico ha afectado de forma determinante a la manera en la que procesamos, transferimos o recibimos informaci贸n y conocimiento. Este proceso debe conllevar una correspondiente asimilaci贸n o integraci贸n del fen贸meno por parte de las humanidades y de la sociedad en general. Solo una integraci贸n equilibrada del fen贸meno evita la fobia o rechazo que muchos esgrimen. Un cierto fatalismo o el anuncio de un 鈥渞etroceso 茅tico鈥 es apuntado por el sujeto melanc贸lico que no da por buena la integraci贸n de las novedades tecnol贸gicas en la vida diaria. Quiz谩 ese discurso se vea alimentado por una suerte de extra帽a fascinaci贸n ante lo que simplemente es una herramienta de trabajo; fascinaci贸n que responde, a la postre, a las mismas pulsiones teol贸gicas que alimenta el discurso del melanc贸lico.

Resulta muy valiosa, desde la atingencia establecida entre los cambios sociales y tecnol贸gicos y el desarrollo de las humanidades, una serie de referencias que Jordi Gracia introduce haciendo un gui帽o a problemas actuales que nos son hartamente conocidos:

(鈥) la protecci贸n del espacio p煤blico frente a la rapi帽a financiera, el fortalecimiento de la garant铆a comunitaria frente al inter茅s privado, el descr茅dito del lucro como fin absoluto, la desactivaci贸n de la fantas铆a del 茅xito medi谩tico como 茅xito de alg煤n tipo, la reeducaci贸n civil de un ciudadano que desde chico conecta telep谩ticamente con todo el mundo sin saber absolutamente nada de ese lado del mundo, la reivindicaci贸n de la 茅tica human铆stica sin complejos y basada en cl谩sicos remotos y cl谩sicos totalmente vivos (鈥) (82)

Tras una declaraci贸n como esta, en la que el autor nos recuerda 鈥揺n un tiempo como el actual, donde el deterioro de ciertas instituciones p煤blicas y la sospecha permanente hacia el sector financiero se han estabilizado como discurso colectivo鈥 que los valores de una 鈥溍﹖ica human铆stica鈥 se sobreponen 鈥搊 debiera hacerlo鈥 al darwinismo social imperante, parece pertinente la menci贸n que poco m谩s adelante realiza de la obra de Francisco Rico El sue帽o del Humanismo (87). La referencia a este per铆odo no se enmarca dentro del terreno de una nostalgia fatigosa, otro gui帽o melanc贸lico, sino todo lo contrario. Se trata de reactivar una forma de pensamiento incapaz de paralizarse con respecto a la movilidad y transitoriedad del tiempo. El humanismo, entendido en esta direcci贸n, act煤a de argamasa que une en torno al concepto de ciudadan铆a a los hombres y las mujeres formados en sociedad. He ah铆 el sentido de la reeducaci贸n a la que Jordi Gracia hace referencia. No se trata de un proceso sumergido de melancol铆a latente. Al contrario, es una vindicaci贸n clara. La cr铆tica de ciertos aspectos sociales de la actualidad no se perfila dentro de los l铆mites de una melancol铆a no reconocida, sino que constituye un derecho a activar un discurso equilibrado que permite la cr铆tica desde la posici贸n del intelectual comprometido con tu tiempo. En ese espacio de reflexi贸n se encuentra el valor humanista de un panfleto anti-nost谩lgico, moderno tambi茅n en cuanto a su actitud cr铆tica sin afectaci贸n frente a lo nuevo, pero, eso s铆, indignada y dirigida contra la melancol铆a de aquellos que al negar los valores del cambio hunden a煤n m谩s cualquier posibilidad de equilibrar un discurso de conocimiento habilitado para absorber los propios procesos de cambio en los movimientos socioculturales de siempre.

No cabe duda, siguiendo en esto tambi茅n a Jordi Gracia, que estamos ante una sociedad 鈥搇a europea, para ser m谩s precisos鈥 que en el siglo XXI ha asentado en su seno un espacio de respeto absoluto y relativo en relaci贸n al saber, al conocimiento atesorado por unas minor铆as (98). No parece que ese tratamiento o esa aceptaci贸n lleve aparejado el mismo respeto que una parte de las 茅lites intelectuales procesa con respecto a una floreciente cultura de masas, cultura nada despreciable en cuanto a que proviene de procesos de democratizaci贸n cultural o, si se prefiere, de la amplificaci贸n o expansi贸n de la educaci贸n general -aunque dicha expansi贸n para algunos suponga la p茅rdida de prestigio del propio sistema educativo. Por ello mismo, desde el eje melanc贸lico se argumenta a favor de lo minoritario, de lo exclusivo, para dejar as铆 un espacio sin conquistar por el vulgo, una esfera reservada solo a aquella aristocracia melanc贸lica que no puede resistir la 鈥渇r铆vola鈥 democratizaci贸n de la cultura. A煤n as铆, como tambi茅n sugiere Jordi Gracia (99), habr谩 que prestar atenci贸n a los da帽os que una medida y controlada banalizaci贸n de la cultura pudiera producir en el 谩mbito de la sociedad europea. La emergencia de sujetos anestesiados por la subrepticia dosificaci贸n de 鈥渄rogas medi谩ticas鈥 masivas que atienden a intereses comerciales de dise帽o capitalista y a su inter茅s, tambi茅n soterrado, de domesticar ciudadanos constituye una de las operaciones de demolici贸n de los principios de una verdadera actitud c铆vica. La expansi贸n educativa y cultural no deber铆a, as铆, confundirse con el proceso de manipulaci贸n medi谩tica que responde a intereses particulares que previamente han sido ajustados e interiorizados en los nuevos canales de difusi贸n.

Para concluir, har茅 alusi贸n a la caracterizaci贸n de este panfleto como necesario y vitalista. Unas l铆neas poco despu茅s de haber iniciado la lectura del texto, el autor apunta a que quiz谩 este trabajo suyo constituya una forma de ant铆doto frente a la melancol铆a que posiblemente 茅l mismo sufra 鈥搊 pueda sufrir鈥; este gesto no se resuelve en lo vac铆o de una mera excusatio, justificaci贸n o captatio benevolentia. Se trata, en cambio, de la honesta afirmaci贸n de quien reconoce sus propia posici贸n intelectual, su compromiso con un oficio que en este ensayo vuelve a traslucir como firme, sin hacer concesiones, ajust谩ndose a lo que en definitiva constituye un esfuerzo intelectual por seguir adelantado par谩metros que nos permitan adaptar el conocimiento 鈥搒u flujo鈥 a los tiempos en los que se construye y contextualiza. Es por ello, no la voz de una posible o potencial melancol铆a intelectual, sino el trabajo de un pensador comprometido, activo, vitalista y atento a su tiempo. Su necesidad, la del panfleto, es incuestionable, pues conviene ahora m谩s que nunca convocar una cr铆tica que se ajuste a las realidades que nos envuelven y que se aproximan. Sin estas visiones, sin estas pausas para tomar aire y pensar con calma, la enfermedad melanc贸lica seguir谩 obstaculizando el desarrollo de sociedades futuras: otra utop铆a, al fin y al cabo, pues solo es eso, enfermedad terminal y actitud de pose bastante banal, que nada, absolutamente nada, puede hacer contra el cambio social ya iniciado.

Bibliograf铆a

Gracia, Jordi (2011). El intelectual melanc贸lico. Un panfleto. Barcelona: Anagrama.

Klibansky, R. y E. Panofsky (2006). Saturno y la melancol铆a. Estudios de historia de la filosof铆a, la religi贸n y el arte, Madrid, Alianza.

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  1. Hago referencia a su reconocida obra Saturno y la melancol铆a (Klibansky y Panofsky, 2006).

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