Rese√Īa: La estrategia del simbionte, de Fernando Broncano

Daniel Escandell Montiel (Universidad de Salamanca)

Broncano, Fernando. La estrategia del simbionte. Delirio. 2012. 176 p√°g. 12 ‚ā¨.

La trayectoria de Fernando Broncano[1] ha estado vinculada muy profundamente a la influencia de la tecnología en el espectro de la vida humana con títulos tan destacados como Mundos artificiales. Filosofía del cambio tecnológico (Paidós, 2001) o La melancolía del ciborg (Herder, 2009), de manera que el que ahora nos ocupa, La estrategia del simbionte (Delirio, 2012) es un nuevo paso en una de sus líneas de pensamiento cultivadas a lo largo de una extensa trayectoria intelectual que le han situado como uno de los referentes en el terreno de los estudios de las Humanidades Digitales.

Este nuevo texto se presenta, tras su lectura, como un libro seminal que formaliza y abre caminos que todavía deben ser explorados desde la visión interdisciplinar de los diferentes estudios humanistas y que su autor identifica y plantea a través de las páginas del libro. No es, sin embargo, un ensayo accesible que pueda permitir una primera aproximación al curioso, al lego, pues su construcción reviste una complejidad evidente en torno a temas que resultan de cierta especialización: desde luego, hay otros muchos ensayos que están orientados a la tarea de acercar este terreno a los lectores inquietos; aquí Broncano profundiza en todas las cuestiones que otros textos presentan y, en ese proceso, nos lleva a otros terrenos desconocidos. Es de esa nueva exploración de la que nace, ante todo, el potencial evocador del libro para que el lector atento, experto, pueda reflexionar sobre las ventanas que se abren por la acción del simbionte que todo lo permea.

En la trayectoria de la construcción de esta visión simbiótica, Broncano apunta elocuentemente que:

Estamos construyendo una cultura (y una civilizaci√≥n, si es que lo nuestro merece ese nombre) de la divisi√≥n y la violencia, un paisaje lleno de muros y de fosas. En otro tiempo y lugar, un pa√≠s se levant√≥ contra un imperio y, tras a√Īos de lucha, logr√≥ independizarse y abrir el futuro a su libre voluntad. Entonces escribieron un nuevo contrato social que comenzaba con una ins√≥lita entrada: ¬ęnosotros, el pueblo,…¬Ľ. Aquella gente sigui√≥ una trayectoria que todos conocemos y que hay que mirar con la nostalgia con la que miramos a las posibilidades perdidas. (2012: 15)

Por supuesto, no se huye tampoco de la cuestión de los estudios digitales. Broncano retrata un mundo fragmentario, especializado hasta el extremo, alejado del humanismo clásico no por los cambios en los paradigmas tecnocientíficos, sino por el reduccionismo extremo de las áreas de conocimiento. Pero el mundo digital es un nuevo campo de convergencia que es heredero de los campos de convergencia frente a las parcelas incomunicadas:

Aquel espacio com√ļn se perdi√≥ en una suerte de especializaci√≥n de especialistas que olvidaron todo lo que de ut√≥pico y performativo ten√≠an los textos viejos, o se convirti√≥ en ornamento de una sociedad consumidora de novelas y ¬ęexperiencias¬Ľ hist√≥ricas pero incapaz de elaborar su experiencia. En este espacio olvidado pero a√ļn no perdido quedan lugares desde los que pensar e interpretar lo que nos pasa. No ya bajo el sue√Īo de una imposible Bildung que habr√≠amos de buscar en los textos del pasado, como si el destino hubiese sido escrito y archivado en lo que fue, sino como b√ļsqueda de sentido en la trama de signos de una sociedad tecnol√≥gica atravesada de miedos y deseos, ordenada por una inacabable taxonom√≠a de expertos que recuerda la insondable jerarqu√≠a de funcionarios de un imperio chino decadente. Nos manifestamos en este espacio simplemente para habitarlo ahora que se convierte en marginal, como si fu√©semos perroflautas de la cultura, para guardarlo de la √ļltima especulaci√≥n, para evitar que se venda al mejor postor y se divida en parcelas acad√©micas. (17)

Ese territorio perdido de las humanidades es el que abre el camino de la aplicaci√≥n de las tecnolog√≠as actuales y aporta las claves de desencriptaci√≥n de lo codificado bajo la t√©cnica. Es desde esta perspectiva cuando Broncano recupera en este libro su l√≠nea de trabajo sobre el amplio concepto de ciborg, entendido como un ser humano prot√©sico, s√≠, pero sustentado no solo sobre zapatos, muletas o una pr√≥tesis sustitutivas plenas, sino todo un aparato cultural: un complejo sistema prot√©sico inmaterial constituido sobre pilares que incluyen -pero no se limitan a- la lengua, la escritura o las matem√°ticas (Broncano, 2009: 20-29). No debe extra√Īarnos, por tanto, que hable ahora de un ¬ęviejo humanismo [que] se ve a s√≠ mismo como el resistente a los procesos de modernizaci√≥n, como el √°ngel de una tierra de desolaci√≥n a la que llegase para iluminar los √ļltimos restos de la civilizaci√≥n¬Ľ (2012: 33) frente un humanismo ciborg que no se limita al reduccionismo de situarse en sus ant√≠podas, sino como el nuevo humanismo que:

Entiende la producción como producción de algo diferente a la reproducción. La producción es producción de posibilidades nuevas. El humanismo ciborg habita en un espacio de posibilidades que él mismo está construyendo a través de la creación que transforma lo ocurrido. (33)

Su car√°cter, por tanto, no es simplemente el de abrazar la tecnolog√≠a, la novedad, y no cuestionarla: eso ser√≠a un error. El desarrollo de este concepto planteado por Broncano a lo largo de las p√°ginas reabre el debate del giro visual que ya apunt√≥ Rodr√≠guez de la Flor (2010, 2011), lo que le lleva a afirmar en estas p√°ginas que ¬ęel humanismo debe atender con cuidado a estas formas de iconoclasia o logoclasia. y levantar un proyecto cr√≠tico que ayude a entretejer las mallas de la cultura¬Ľ (2012: 34) e ir m√°s all√° de una simple sumisi√≥n a la disciplina y sus confines.

Todo el espectro se desarrolla mucho m√°s extensamente en la panor√°mica de las Humanidades que se desarrolla muy especialmente el cap√≠tulo ¬ęCultura material y humanidades¬Ľ (45-74), como confluencia de experiencias y el mundo material, un extenso recorrido por las teor√≠as del conocimiento humano en nuestra sociedad en el que se analizan las aportaciones de pensadores pero tambi√©n de artistas, de manera que confluyen las reflexiones de Debord, Rorty, Duchamp o Bal entre otros y son puestas al d√≠a desde la perspectiva que aporta Broncano. Todo ello en el acto de reivindaci√≥n del concepto:

Los conceptos forman la obra de f√°brica de la cultura contempor√°nea, una cultura que fue construida en el postromanticismo sobre pr√°cticas dirigidas al logro y garant√≠a de la objetividad. En esta cultura, los conceptos est√°n encargados de la objetivizaci√≥n y estructuraci√≥n de la informaci√≥n que ha de convertirse en juicios y afirmaciones. En los textos de la filosof√≠a antigua, barroca o ilustrada, hallaremos t√©rminos como ¬ępalabra¬Ľ, ¬ęsensaci√≥n¬Ľ e ¬ęidea¬Ľ, pero no a√ļn ¬ęconcepto¬Ľ en el sentido contempor√°neo. La noci√≥n de concepto es t√≠picamente rom√°ntica. (62)

De esa manera, se conecta con la filosof√≠a kantiana como eslab√≥n hacia la afirmaci√≥n en la que se indica que los conceptos ¬ępueden formar arquitecturas o estructuras conceptuales, pero son nodos relacionales muy ricos en lazos, no pueden ser pensados individualmente sino que tienen que ser concebidos en forma de sistemas¬Ľ (63), lo que culmina al decir que son ¬ęestructuras estructuras estables, objetivas, que modelan la informaci√≥n para hacerla √ļtil y convertirla en juicios intersubjetivos que, por su parte, habr√°n de contribuir a configurar conocimientos, a definir planes, a transformar la mente de otros, a establecer instituciones, a cambiar el mundo¬Ľ (63), pero esta presencia del concepto es inseparable del artefacto: ¬ęla atenci√≥n a los artefactos significa la atenci√≥n a la dimensi√≥n material de la cultura y la agencia¬Ľ (69). Precisamente, esa representaci√≥n material de lo conceptual es lo que permite la constataci√≥n de lo que han aportado como parte de una estructuraci√≥n en nodos, acaso rizom√°ticos, a trav√©s de los cuales ha ido constituy√©ndose esa arquitectura de lo conceptual.

Ese aparataje de artefactos es la constitución material de la cultura pero no se limitan solamente a lo instrumental, e incluso la experiencia inmaterial está vinculada a los artefactos de la materialidad, de la misma manera que la intangibilidad del mundo digital es totalmente dependiente de la muy tangible red de computadoras, cables y nodos que conforman la estructura física, el mapa geográfico, de la web inmaterial: un universo binario que, como hemos visto, se sustenta en los fuertes pilares de un mundo físico que no siempre percibimos (e incluso llegamos a olvidar con facilidad). O, como ejemplifica Broncano:

La experiencia de lo imaginario, que tanto debe al libro, objeto de cultura impresa que produce un modo de estar en mundos paralelos distinto al modo inducido por las imágenes; la experiencia estética que sólo es posible como experiencia mediada por el arte, forma de técnica destinada a lo bello y lo sublime; la experiencia científica, hija de la revolución industrial y de la tecnología, que forman la base sobre la que es posible esa forma especializada de extraer información del mundo que es la ciencia; la experiencia cotidiana, hecha ya de los lugares, paisajes, habitaciones, vestidos, cocinas, etc., que posibilitan la vida cotidiana. (70)

No debe extra√Īarnos, por tanto, que Broncano afirme que su ¬ęconvicci√≥n es que deber√≠amos situarnos m√°s all√° de las dicotom√≠as en las que se sit√ļan tanto los debates de la identidad personal (cuerpo/mente) como los debates de la identidad de los artefactos (estructura/funci√≥n)¬Ľ (75). Porque, y ah√≠ reside un aspecto fundamental, la oposici√≥n puede no ser tal.

Broncano afronta tambi√©n la cuesti√≥n de la materialidad de cultura desde un punto de vista amplio en el que bien merece la pena se√Īalar que en relaci√≥n al proceso de escritura el autor, la aportaci√≥n material del proceso intelectivo de transformar en lenguaje escrito el pensamiento este experimenta una transformaci√≥n representativa, una reconfiguraci√≥n del pensamiento a trav√©s de la expresi√≥n ling√ľ√≠stica escrita (90-93) y que, por tanto, va tambi√©n m√°s all√° de la visi√≥n instrumentalizada de la cultura materia. Se cierra, as√≠, el c√≠rculo prot√©sico:

De ser un mero nombre para la cultura en los estadios pre-humanos, adquiere la textura de un concepto interpretativo, de un modo de entender la condición de la acción humana en toda la riqueza de su expresión desde la ciencia al arte, desde la religión a la política. La idea consiste en que la cultura material no está compuesta de artefactos: está compuesta de artefactos que se han convertido en prótesis culturales de la agencia. (95)

Dicho de otra manera, y como el propio Broncano explica m√°s adelante, el ser humano no es el fruto de una evoluci√≥n en la naturaleza (no al menos en una naturaleza pura), sino de su intervenci√≥n sobre la misma, es decir, a trav√©s de sus propias acciones sobre el entorno en el que vive, formando ¬ęun entorno “culturalizado” que hizo posibles nuevas presiones evolutivas que, a su vez, transformaron su trayectoria de puramente biol√≥gica en biocultural¬Ľ (95).

El simbionte hace, entonces, acto de presencia: ¬ęuna estrategia simbi√≥tica es un modo de clarificar el contenido normativo de lo que antes consider√°bamos como el mejor de los cambios en situaciones mal entendidas y con los recursos disponibles¬Ľ (118). El largo recorrido durante las p√°ginas nos llevan hasta el punto en el que por fin se nos presenta esa estrategia del simbionte a la que hace referencia el t√≠tulo, pero aunque hemos dejado atr√°s ya buena parte del libro la l√≠nea de pensamiento que nos ha arrastrado hasta este punto ha sido la necesaria para trazar las trayectoria de todas las ideas que confluyen en este punto y que se desarrolla en todo el tramo final desde este punto.

El lector poco familiarizado con las fuentes a las que recurre Broncano en su libro puede sentirse en algunos momentos perdido, o tener la sensación de que el libro se aleja cada vez más de un objetivo que parecía bien definido en sus primeras páginas. La aparente inconcreción no es tal, pero lo cierto es que surge de que estamos ante un libro que resulta denso y que abarca, desde la visión del catedrático de Filosofía, multitud de ideas que, además, se nos presentan siempre desarrolladas y por extenso. Leer La estrategia del simbionte es, en una gran parte, andar un camino en el que a cada página nos asaltan nuevas preguntas, pues el libro nos demanda una atención y trabajo como lectores que el ensayo actual (descafeinado, como si las editoriales quisieran que leamos pensamiento también entre parada y parada del metro) muchas veces no contempla. Por eso la lectura puede ser compleja, sí, pero es -sin condicionales- esclarecedora y estimulante.

A lo largo de sus p√°ginas se ha constituido un muy esencial cuerpo reflexivo sobre las Humanidades en el que vemos ventanas abiertas a los nuevos paradigmas de investigaci√≥n que el mundo abre ante nosotros. La cultura material, el aparataje prot√©sico del ser humano, est√° en constante progreso y la digitalidad abre nuevas pr√≥tesis -virtuales, en muchas ocasiones- que redefinen los estudios humanistas. Debemos, por tanto, estar con y en el simbionte, no luchar contra √©l, pues su desarrollo actual es solo un paso m√°s en el mundo del ¬ęsimio t√©cnico¬Ľ que somos. Uno, por cierto, apasionante y que podremos definir mejor gracias a la obra de Broncano en el mismo momento en el que se afirma en sus p√°ginas que ¬ęel humanista es un int√©rprete¬Ľ (135): lo fue en su nacimiento, como descodificador de lo escrito, y sigue si√©ndolo hoy como descodificador o intermediador de lo digital. El t√©rmino descodificador que empleo aqu√≠, adem√°s, no es inocente: el descodificador es el ¬ędispositivo¬Ľ en s√≠ mismo (pues el DRAE nos lleva ya a ese significado concreto como sustantivo del mundo inform√°tico), y por tanto el humanista es el dispositivo mismo de apertura -y acaso filtraje- de los nuevos mecanismos socioculturales. Pero esto es posible solo cuando se supera la situaci√≥n de extra√Īamiento que gener√≥ el mundo tecnocient√≠fico entre los viejos humanistas (136): muchos de ellos pudieron entonces abrazar el neoludismo (entonces no tan neo) como sucede tambi√©n hoy, convirtiendo esa negaci√≥n del progreso en su v√≠a de escape (artificial).

Apunta Broncano que esta es una expulsi√≥n del para√≠so para el humanista, pero a partir de una concepci√≥n err√≥nea autocreada, unas atribuciones idealistas de un paradigma inamovible en un mundo en cambio constante. Un error de consideraci√≥n si tenemos en cuenta que lo que interpretan los humanistas, su descodificaci√≥n, ¬ęno es otra cosa que las necesidades y posibilidades humanas¬Ľ (136-137), tanto en direcci√≥n al pasado como hacia el futuro, un horizonte de posibilidades sin distinci√≥n entre lo tecnocient√≠fico y lo art√≠stico-cultural.  Lejos del para√≠so, el simbionte pierde la protecci√≥n emp√≠rea que hab√≠a construido para s√≠ mismo en un camino hacia la extimidad como negaci√≥n de la intimidad -que concibe Broncano como una ¬ęcreaci√≥n de la cultura material moderna¬Ľ (155)-, lo que se vincula con los trabajos de Zafra[2] y se enfrenta, definitivamente, a un mundo que aporta cambios sustanciales: su estrategia se redefine y estas p√°ginas nos dan las claves fundamentales para comprender los procesos.

Bibliografía

Broncano, Fernando (2009). La melancolía del ciborg. Barcelona: Herder.

Broncano, Fernando (2012). La estrategia del simbionte. Salamanca: Delirio.

Sibilia, Paula (2008). La intimidad como espectáculo. México: F.C.E.

Rodríguez de la Flor, Fernando (2010). Imago. Madrid: Abada.

Rodríguez de la Flor, Fernando (2011). Giro visual. Salamanca: Delirio.

Zafra, Remedios (2010). Un cuarto propio (conectado). (Ciber)eespacio y (auto)gestión del yo. Madrid: Fórcola.

 


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Notas:    (↵ regresa al texto)
  1. Fernando Broncano es miembro del consejo editorial de la revista Caracteres. El libro ha sido publicado por Delirio, colaboradora de esta publicación [nota de los editores].
  2. Fernando Broncano refiere, acertadamente, el libro Un cuarto propio (conectado). (Ciber)eespacio y (auto)gestión del yo (Fórcola, 2010), aunque serían también interesantes trabajos como los de Paula Sibilia en torno al concepto mismo de extimidad, con especial atención a La intimidad como espectáculo (F.C.E., 2008).

Caracteres. Estudios culturales y críticos de la esfera digital | ISSN: 2254-4496 | Salamanca