Ciberpoetas y ciberlectores: arquitectos del ciberespacio

Cyber poets and cyber readers: architects of cyberspace

Celia Corral Cañas (Universidad de Salamanca)

Artículo recibido: 1-2-2012 | Artículo aceptado: 19-2-2012

ABSTRACT: The poetry that flourishes in the network involves creative innovations that affect the process of creation and reception. The opened publishing capabilities and potentially universal scope make feasible the emergence of unknown poets in the medium of the press whose work often comes directly from digital tools. This context generates an interaction between author and reader, creating an horizontal dialogue that problematizes the traditional concept of authorship for a collective or participatory creation.
RESUMEN: La poesía que florece en la red conlleva unas innovaciones en el ámbito creativo que afectan al proceso de creación y de recepción. La capacidad de publicación abierta y el alcance potencialmente universal viabilizan la emergencia de poetas desconocidos en el medio de la imprenta cuya obra bebe en muchos casos directamente de las herramientas digitales. Este contexto adecúa una interacción entre el autor y el lector, generando un diálogo horizontal que problematiza el concepto de autoría tradicional a favor de una creación colectiva o participativa.

KEYWORDS: cyberspace, authorship, wreader, wreading, interaction
PALABRAS CLAVE: ciberespacio, autoría, escrilector, lectoescritura, interacción

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 1.     Ciberpoetas: ante un nuevo paradigma de creación

“La puerta del ciberespacio está abierta, y creo que un número significativo de arquitectos con mentalidad poética y científica pueden atravesarla, ya que el ciberespacio requerirá de planeación y organización constantes. Las estructuras que proliferarán dentro de él requerirán diseño, y las personas que proyectarán estas estructuras serán llamadas arquitectos del ciberespacio”.

Michael Benedikt[1]

 

1.1.Quién es (o no) poeta en la Galaxia Internet

En un entorno de accesibilidad de emisión abierta para cualquier cibernauta se problematiza el concepto de escritor. En la Galaxia Gutenberg la definición de autor se rige por un criterio claro: la publicación, rasgo que conlleva un distintivo de profesionalidad:

Si el nacimiento de la función editorial en el siglo XIX había facilitado igualmente el nacimiento del escritor, en el sentido profesional del término, esto es, la existencia de una nueva clase de autores que vivían de sus escritos, también había establecido el hito fronterizo entre la formulación de “yo escribo” a la confirmación de “yo soy escritor”, el paso de un acto a una identidad. La publicación se convierte en la única objetivación susceptible de transformar la actividad de escritura en identidad de escritor (Cordón, Gómez y Alonso, 2011: 25-26).

Sin embargo, en el género poético la definición de autor cuenta con una mayor flexibilidad por su propio carácter oral. A pesar de que a partir del nacimiento de la imprenta la alfabetización y la lectura en silencio modificaron la concepción de la poesía, como acusaba McLuhan cuando afirmaba que “en la página impresa se reflejó por primera vez el divorcio entre la poesía y la música” (1998: 285); la poesía tiene otras particularidades en su idiosincrasia que transcienden la materialización del libro físico.

Intentar establecer una barrera para separar escritores de no escritores sería tan complejo, por la ausencia de leyes que establezcan criterios sólidos para delimitar qué es poesía, como absurdo, puesto que las publicaciones online crecen cada día y transitan caminos insospechados, por lo que es imposible acaparar todo un mundo en continua transmutación.

Ante la complejidad del universo no obstaculizado en que la figura del editor aún está ausente en la mayoría de los ciberespacios, tal vez la estrategia consista en un cambio de perspectiva: aprovechar la naturaleza de libertad de Internet y explorar el medio en todas sus posibilidades.

1.2. Poetas enredados

En Internet publica un amplio número de autores que pueden clasificarse en dos categorías: escritores con una carrera en el mundo editorial, que deciden abrirse a las nuevas tecnologías para publicitar su obra; y autores inéditos, que pretenden darse a conocer a través de la red. La mayor proliferación de creaciones en el ciberespacio se encuentra entre aquellos autores no consagrados, que son generalmente desconocidos y que entienden las herramientas tecnológicas como un recurso primario de  creación, inseparable al propio acto poético, de modo que se facilita el acceso a distintas áreas –textuales, icónicas, auditivas- y se enriquecen significativamente las posibilidades de hibridismo.

La persona que decide crear poesía en la red necesita sumergirse en un nuevo universo digital, donde rigen nuevas leyes en el proceso de creación y publicación, se redefinen los conceptos de espacio y tiempo, hay un alcance potencialmente universal y el papel del lector es decisivo para el resultado final de la obra. En este viaje literario también se modifica la figura del sujeto artístico, que no solo requiere un aprendizaje técnico –a veces mediante la ayuda o colaboración de un equipo de personas-, sino que exige principalmente un cambio de mentalidad creativa. El net-artista debe comprender el nuevo medio y sentir la voluntad de instaurar una pieza artística que se nutra de las cualidades del mundo virtual:

Sólo en el momento en el que el artista se cuestione los límites de la nueva textualidad, su composición gramotológica, posea el total de sus reglas compositivas, domine su sintaxis y ostente su semántica… será capaz de generar una obra a la altura del nuevo medio. El artista entonces y sólo entonces, se habrá planteado la naturaleza y el ser de su creación, puls(ion)ando su esencia, llegando al alma de su finalidad en plena postmodernidad; no otra cosa, por otra parte, es lo que ha hecho todo artista que se quisiera ambicioso en cualquiera de las épocas: para este momento será el nuevo Ulises de la era electrónica (Tortosa, 2008: 14).

El conocimiento del medio por parte del artista y su estado de inmersión en el entorno digital en el que compone su poema es decisivo especialmente en esta poesía que se sustenta tan directamente del canal en el que nace, crece, se reproduce y muere.

Las motivaciones que llevan a las personas a transmitir su obra poética en la red son diferentes, pero coinciden en una finalidad fundamental: la divulgación a través de un medio de gran alcance. El deseo de promoción literaria no ha de estar vinculado necesariamente a un interés por integrarse en el mercado, en algunos casos el autor no tiene intención de dedicarse profesionalmente a la poesía, sino simplemente de compartirla con personas desconocidas. Esta actitud se integra en el fenómeno de la “extimidad”[2] y de la “hipervisibilidad”[3], de la tendencia a la exteriorización al ágora pública mediática de los rincones interiores que tradicionalmente se han considerado íntimos y privados. La propensión a mostrar el lado personal junto al profesional supone una ambigüedad entre ambos terrenos que se percibe también en la literatura, en la cual los lectores cada vez tienen un acceso mayor a la habitación propia del autor. Este tipo de actos de desnudez voluntaria, de “pornografía del sentir”[4], afecta a la red por la localización que supone en el gran espacio desterritorializado por definición. Ernesto Castro explica al respecto:

Cada vez hay más pruebas que sugieren que Internet potencia la glocalización, esto es: la adopción de tecnologías globales para su uso local. Es más, se diría que se está produciendo una regresión a una suerte de materialidad audiovisual de los vínculos, a una suerte de regionalismo cibernético de las relaciones (2011: 39).

Y matiza: “[…] la famosa aldea global pronosticada por Marshall McLuhan siempre tuvo más de aldea que de cualquier otra cosa” (2011: 39). La expresión de lo real en los ciberespacios transitados por todo tipo de internautas anónimos fomenta la materialización en lo abstracto, la construcción de un cuerpo sólido en el espacio evanescente de las pantallas. Slavoj  Žižek se refiere a la misma percepción de lo real en lo virtual cuando afirma:

Estamos lejos, pues, de lamentar la pérdida de contacto con los otros “reales”, de carne y hueso, como consecuencia de nuestra entrada en el ciberespacio, donde no encontramos más que fantasmas digitales: nuestra idea es más bien que el ciberespacio no es lo bastante espectral (2006: 255).

A pesar de lo etéreo de Internet como sistema, en los lugares desarrollados y reproducidos por comunidades de usuarios se adivinan los tintes de los cibernautas que están detrás de las pantallas: sus arquitectos. En la literatura los creadores e intérpretes muestran una subjetividad específica, más o menos fiel a su realidad –bajo nombre real, pseudónimo o anónimo, con toda la libertad y desinhibición que el enmascaramiento supone-. Por consiguiente, a la cuestión tan atendida de la virtualización de la persona se le suma la de la humanización de la red, en un juego de compensación y equilibrio en la sinergia de esferas.

2.     Ciberlectores: hacia una recepción activa

El receptor, imprescindible en todo acto literario como componente elemental en el proceso de comunicación, en la literatura posmoderna acrecienta su papel, tanto por la complicidad que deposita en él el autor como por la tendencia a desacralizar la figura de este y, en contraposición, a otorgar un peso mayor a la interpretación del lector. La responsabilidad de dar un sentido a la lectura evanescente en la red recae sobre el observador que la asume de una manera determinada según su propia perspectiva, de modo que en la interpretación reside el significado último de la obra.

En la literatura hipertextual el lector tiene tanta importancia que incluso la propia historia depende de en qué enlace cliquee y en cuál se abstenga de cliquear. La persona que interactúa con un ciberpoema hipertextual no se limita a leer las palabras escritas y a desentrañar su significado, sino que debe tomar una serie de decisiones que delimitan la ruta de lectura creada y que desmarca otras posibilidades operativas. La sensación de libertad inaudita que aporta esta circunstancia al lector provocó en los años ochenta toda una serie de corrientes dentro del pensamiento tecnofílico-utópico que consideraban el hipertexto como el instrumento capaz de generar un cambio de propiedad del poder. Sin embargo, no podemos olvidar que, como afirma Susana Pajares, por una parte “el hipertexto nos ayuda a conectar textos, pero la democracia no es una cuestión de enlaces electrónicos” (2004: 59). Ni el hipertexto supone un cambio real más allá de la lectura ni ha despertado hasta el momento un interés acorde con las expectativas que levantó en sus orígenes. Aunque el papel del lector es cualitativamente más activo que en la lectura tradicional, convirtiéndose en lo que se conoce como “escrilector” o “lectoautor” –en inglés “wreader”, de la unión de writer y reader-; “el autor no desaparece en los hipertextos reales, sólo busca nuevas formas de ejercer su control” (Pajares, 2004: 49). El receptor puede escoger diferentes opciones que individualicen su lectura y, por tanto, el texto final, pero tras esta ilusión de libertad se esconde la vía esbozada por la imaginación inicial del autor.

Por otra parte, en la literatura digital no hipertextual e, incluso, la literatura digital impresa, la predominancia de la imagen –ya sea estática o en movimiento, física o virtual- transforma al lector habitual en lo que Vicente Luis Mora denomina “el lectoespectador”, receptor que surge en el contexto actual de la imagen donde la poesía “ya no se lee, sino que se visualiza por el lectoespectador” (2012: 226). Este cambio de actitud receptora supone una novedad literaria –si bien con antecedentes- que se ajusta al carácter visual de la actualidad.

En conclusión, la literatura electrónica, inmaterial en su canal de comunicación, provoca una mayor “liquidez” en la recepción, “liquidez” acorde con el entorno posmoderno (Bauman). Destaca también el dinamismo y la interacción, que generan una percepción distinta y una participación más alta por parte del destinatario, características que confluyen en el paradigma cultural de nuestro tiempo.

3.     Conclusión: de la autoría a la lectoescritura y creación colectiva

El nuevo medio requiere una redefinición del concepto de autor, tanto en poesía como en otros géneros, porque las novedades que supone no pueden de ser evaluadas desde los presupuestos de un campo previo a este fenómeno. La ausencia de exclusividad creadora por parte del autor coincide con la desacralización de la figura del poeta propia de la posmodernidad, de modo que la autoría en el presente, como señala Reinaldo Laddaga, “excede la del artista individual que realiza su trabajo en el retiro, en el espacio seccionado que es, en la fantasía moderna, el lugar propio de la composición artística” (2010: 208). Señala Rodríguez-Gaona que la única mitificación posible es: “la deconstrucción del proceso creativo” (2010: 33) y comenta:

La pérdida de auras y esencias, la exhibición crítica o irónica de la cocina poética, no sólo hace tangible un oficio antes lejano por secreto, sino que constituye una vía de conocimiento hacia la subjetividad escindida y problemática del autor y sus relaciones con el mundo. Por lo tanto, el propio contexto cultural propicia un acercamiento autor-lector (2010: 33).

 En el mundo gaseoso de la pantalla el autor puede ser cualquier persona que transmite una pieza literaria y el lector cualquier persona que recibe el mensaje poético, por lo general la comunicación está abierta y se viabiliza el diálogo directo en un mismo discurso poético. De esta comunicación sin filtraciones en la que existen intercambios de ideas y opiniones deriva la denominada “creación colectiva”, que Casacuberta destaca como el mayor logro de la simbiosis de literatura y tecnología digital (2003). A pesar de que la creación colectiva siempre ha existido, Internet tiene la facultad de ampliar los horizontes gracias al “espacio de los flujos” (Castells, 1995) que supera las distancias geográficas reales entre individuos. Esta nueva forma de creación oscila entre diversos grados de colaboración: desde las aportaciones del lector en la corrección para sucesivas mejoras de la obra hasta una auténtica pluralidad autorial que ahora es especialmente operable, rápida y eficaz gracias a la capacidad autocomunicativa de la red.

El fenómeno de compartir un objeto artístico con una comunidad de intérpretes que actúan sobre la obra y la revivifican según sus propias aportaciones se vincula con el concepto de postproducción que abarca todas las esferas del arte. Según la teoría de la postproducción de Nicolas Bourriaud (2009) la atmósfera cultural está tan sobrecargada que el artista no se plantea la innovación ex nihilo, sino la reformulación de itinerarios sobre las manifestaciones del pasado, con la consecuente contaminación de tiempos y de culturas, en una suerte de collage o de remix. Asimismo, el Dj, el web surfer y el artista de postproducción son los “semionautas que antes que nada producen recorridos originales entre los signos” (2009: 14). De esta forma: “la exposición ya no es el resultado de un proceso, su happy end (Parreno), sino un lugar de producción” (2009: 87). La exposición entendida como un espacio de creación y recreación, como un lugar de proceso antes que de efecto, alude al mismo cambio en el concepto de autoría, a la invención y reinvención a partir de distintas miradas y se aleja de la noción del artista único y profético. El paralelismo en el ámbito literario se visibiliza, por ejemplo, en la escritura en blogs, en los cuales el autor comparte sus textos y acepta sugerencias de variaciones provenientes de comentaristas amigos o anónimos, en analogía con esta tendencia artística. Bourriaud especifica que “el aura del arte ya no se sitúa en el mundo representado por la obra, ni en la forma misma, sino delante, en medio de la forma colectiva temporaria que produce al exponerse” (2008: 73). En la exhibición de la obra en espacios públicos donde la interactuación tiene una importancia clave para la propia obra, como acto performativo o en una página web permeable a la respuesta de sus visitantes, se encuentra la recuperación del aura. La interpretación se sitúa como un valor artístico que sublima la obra.

El procedimiento basado en aportaciones locales para generar un enriquecimiento global parece afín al espíritu humano de conservar las fuentes originales y reformarlas, en un movimiento heracliteano propio del lenguaje y de la comunicación. Ladagga define cómo se forma, desde una iniciativa particular, la creación plural, la “autoría compleja”:

Los artistas, al mismo tiempo que proponen formaciones de lenguaje, de imágenes, de acciones o sonidos que pueden abordarse por sí mismos, las presentan como las plataformas o los soportes sobre los cuales otros pueden montar sus propias producciones, que la pieza metabolizará hasta donde sea posible. […] la pieza es el foco para la organización de una forma de asociación, no importa cuán temporaria (2010: 208).

Este mecanismo de invención en cadena consiste en una creación continua, desde sujetos plurales que se transmiten progresos artísticos a seguir desarrollando, como peldaños de una escalera potencialmente infinita. También es posible que este work in progress artístico se produzca por un solo autor, cuya complejidad residiría en las diferentes subjetividades que actuarían en las distintas etapas de la obra: “los escritores y artistas tratan las cosas que encuentran en sus foros interiores como materiales a veces raros, susceptibles de interrogación y elaboración. […] conciben los trabajos que han realizado a solas como colaboraciones consigo mismos” (Ladagga, 2010: 208-209).

La nueva percepción de la noción de autoría deriva de un entorno cultural en el que se produce un diálogo artístico entre escritor y lector, cualidad que se magnifica en la red, donde ambos pueden interactuar en tiempo real, generando un nuevo paradigma de creación y recepción.

Bibliografía

Bauman, Zygmunt (2003).  La modernidad líquida. México: FCE.

Benedikt, Michael (ed.) (1993). Ciberespacio: los primeros pasos. México D.F.: Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Bourriaud, Nicolas (2009). Postproducción. La cultura como escenario: modos en que el arte reprograma el mundo contemporáneo. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora.

Casacuberta, David (2003). Creación colectiva. En Internet el creador es el público. Barcelona: Gedisa.

Castells, Manuel (1995). Tecnologías de la información, reestructuración económica y el proceso urbano-regional. Madrid: Alianza Editorial.

Castro, Ernesto (2011). “Mallas de protección. La codificación del yo en la Era Comunicativa”. VV. AA. Redacciones. Valladolid: Editorial Caslon. pp. 19-41.

Cordón, José Antonio, Raquel Gómez y Julio Alonso (2011). Gutenberg 2.0. La revolución de los libros electrónicos. Gijón: Trea.

Imbert, Gérard (2008). El transformismo televisivo. Postelevisión e imaginarios sociales. Madrid: Cátedra.

Imbert, Gérard (2010). La sociedad informe. Posmodernidad, ambivalencia y juego con los límites. Barcelona: Icaria.

Laddaga, Reinaldo (2010). Estética de laboratorio. Estrategias de las artes del presente. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora.

McLuhan, Marshall (1998). La Galaxia Gutenberg. Barcelona: Círculo de lectores.

Mora, Vicente Luis (2012). El lectoespectador. Barcelona: Seix Barral.

Pajares Tosca, Susana (2004). Literatura digital: el paradigma hipertextual. Cáceres: Universidad de Extremadura, Servicio de Publicaciones, DL.

Rodríguez-Gaona, Martín (2010). Mejorando lo presente. Poesía española última: posmodernidad, humanismo y redes. Barcelona: Caballo de Troya.

Romero, Dolores (2011). “La literatura digital en español: estado de la cuestión”. Texto Digital 7 (1) <http://www.periodicos.ufsc.br/index.php/textodigital/article/view/1807-9288.2011v7n1p38> pp. 38-66. (2-09-2011).

Sibilia, Paula (2008). La intimidad como espectáculo. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Tortosa, Virgilio (ed.) (2008). Escrituras digitales. Tecnologías de la creación en la era virtual. Alicante: Universidad de Alicante.

Žižek, Slavoj (2006). Lacrimae rerum. Ensayos sobre cine moderno y ciberespacio. Barcelona: Debate.


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Notas:    (↵ regresa al texto)
  1. Michael Benedikt (ed.) (1993). Ciberespacio: los primeros pasos, México D.F.: CONACYT.
  2. Término acuñado por el psicoanalista Jacques Lacan y tratado por la antropóloga Paula Sibilia (2008) como un fenómeno de actualidad especialmente manifestado en la actuación del ser humano occidental en los reality-shows y en los espacios virtuales.
  3. Término acuñado por Gérard Imbert que, según sus palabras, aparece “cuando las fronteras entre lo público y lo privado se difuminan e impera una mirada panescópica, en la que el dentro y el fuera se confunden” (2010: 18).
  4. La “pornografía del sentir” es una extensión de la pornografía corporal que deriva de la hipervisibilidad del sentimiento (Imbert, 2008: 29).

Caracteres. Estudios culturales y críticos de la esfera digital | ISSN: 2254-4496 | Salamanca