El SDK de la escritura

El mundo de la informática está habituado a manejar el concepto de SDK, un conjunto de herramientas creadas para facilitar el desarrollo de tareas específicas que, en este caso, redundarán en la composición de un programa informático cualquiera que funcionará sobre una o varias plataformas. ¿Debe abrazarse también en el terreno de la escritura?

SDK iOS
Imagen promocional del SDK para iOS

En realidad, llevamos años haciéndolo. Toda suite ofimática es, en última instancia, un paralelismo obvio al de un SDK. Recordemos, a través del campo conceptual de Caracteres, qué entendemos por esta siglas, cuya explicación reproduzco parcialmente para mayor facilidad en la lectura: «Siglas que provienen del inglés (Software Development Kit, kit de desarrollo de software). Se trata de un conjunto de herramientas diseñadas para que con ellas se puedan crear aplicaciones para sistemas concretos (por ejemplo, Windows), programas determinados, o múltiples plataformas, según la funcionalidad del SDK y los objetivos de los programadores que lo estén empleando».

La oposición fundamental a este método de trabajo es el de crear recursos ad hoc para cada producto de software que quiere desarrollarse. Los versados en la industria del videojuego saben bien que el método de producción más extendido en Occidente consiste en crear motores (es decir, los SDK) u obtener la cesión de derechos de exploración -conocidas como licencias– de otros (son populares sistemas de desarrollo como Unreal Engine o CryEngine). En Japón, aunque las compañías son cada vez más receptivas, hay una fuerte tendencia a la programación de funciones y elementos ex profeso que rara vez son reutilizables en otros proyectos: falta un marco común de creación que pueda amoldarse, reciclarse y ser mejorado.

Si pensamos en la experiencia de escritura, el kit de desarrollo no es sino el conjunto de programas que empleamos para llevar a cabo la tarea. Este conjunto de sistemas variará notablemente de un autor a otro, algo que yo mismo he podido constatar a través de una serie de encuestas que realicé durante el año 2010 y con las que obtuve resultados sustancialmente dispares en unos aspectos, y absolutamente comunes en otros. Resulta obvio, pero el elemento común ineludible era el procesador de textos (da igual que fuera uno gratuito o cualquiera de los comerciales) y el navegador para visitar diferentes páginas web: diccionarios, obras de consulta, etc.

CryEngine
El CryEngine de Crytek en funcionamiento

Ese es el kit del escritor actual. De los ejercicios creativos que desarrollo se podrá derivar el uso de multitud de elementos adicionales, sobre todo en la creación de obras hipermedia, donde podrían entrar compiladores de lenguajes informáticos para la creación de aplicaciones, editores de vídeo, imagen, audio, o web, y un extenso etcétera que podría llegar a comprender prácticamente cualquier tipo de recurso informático.

El resultado final, en muchos casos, sigue traduciéndose simplemente a un trasunto virtual de la hoja impresa en un texto que tiene un principio y un final definidos en la secuencia de lectura y que se sustenta ante todo en el uso de la palabra. Ese trasunto virtual, en multitud de ocasiones, es una maraña de bytes en un formato propietario y que hasta no hace tanto tiempo resultaba cerrado, pero que poco nos importaba porque quien no tenía esa suite previo pago por caja la tenía de otras maneras. Ahora hay formatos estandarizados abiertos e incluso algunos cerrados son igualmente estándares a fuerza de expandirse sin freno.

Si queremos publicar ese libro, sin embargo, ese no es el fin del camino, sino el principio. Será maquetado y reconvertido empleando programas en absoluto económicos de diseño para que sus hojas puedan pasar, finalmente, a imprenta. Ese trabajo lo hacen en la editorial después de que el autor haya cedido sus derechos de explotación a cambio de una cuota fijada, un porcentaje de los beneficios, o la promesa de gloria y fama, según el caso personal de cada uno. El trabajo realizado para llevarlo a la imprenta es propiedad de la editorial, incluso cuando el libro pueda mantener ideales abiertos como el uso de algunas licencias Creative Commons.

Entonces, si es práctica habitual en el sector editorial, ¿por qué tanto escándalo porque esa misma cesión sobre el trabajo de edición y maquetación se conceda a Apple si se ha realizado con su programa gratuito iBooks Author -un SDK de libros expandidos- para ser publicados en iPad a través de la App Store? Es el mismo comportamiento draconiano -pues así se ha tildado en estos días- de las editoriales. De todos modos, no es la única opción: se puede publicar un libro electrónico en ePub, maquetado con cualquier programa compatible, sin que se dé esta circunstancia. Pero para la herramienta de una compañía para crear libros que exploten el potencial de su propio producto sí se genera controversia. Positiva y generadora de debate, pero sin reparar en que se ve la paja en el ojo de la compañía de tecnología y no la viga en la editorial vetusta.

Icono de iBooks Author
La pluma sigue presidiendo el arte de escritura como vemos en el icono de iBooks Author.

Este programa, iBooks Author, es un SDK de escritura para un objetivo determinado, con unos términos de uso concretos, que está orientado a ofrecer resultados en un producto, el iPad, que es cerrado y que tiene una única vía de distribución oficial, la App Store. Otros kits de escritura generan documentos que podemos intercambiar y abrir gracias a que se ha aceptado su estandarización, pero fueron también cerrados. No olvidemos que muchos usuarios de Mac que emplean Pages deben escoger otro formato (sea RTF, o DOC, por ejemplo) para enviárselo a alguien que no tenga ni ese sistema operativo ni ese editor de textos. Los formatos abiertos están ahí, en las plataformas abiertas, y podemos usarlos. Incluso están en las plataformas cerradas.

Todo acto de escritura sobre una máquina requiere aceptar que estamos en un entorno de creación que se sustenta en varias herramientas, en ocasiones unificadas, para obtener un producto determinado que tendrá las posibilidades de publicación o distribución que se deriven de las funciones propias de esas herramientas. Para cada acto de escritura hay un kit: el poeta hipermedia se verá beneficiado de escribir sus versos en un editor web y no en un procesador de textos puro (como OmmWriter), algo que sí puede interesar al novelista que busca concentrarse en la tarea de escribir sin más. Igual que un maquetador deberá coger ese texto y darle forma, adaptarlo a las dimensiones, tipografía y requisitos adicionales que le sean impuestos para encuadrar esa masa de palabras en el soporte impreso de una colección concreta dentro de sea empresa.

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