Una arqueología de los sentidos

En estos momentos me he topado con una lectura, que no por inesperada deja de ser realmente fascinante. Digo inesperada porque se trata de un libro de arqueología que trata el tema del signo desde una perspectiva inusual para el que firma y que me ha ofrecido un punto de vista que parece acotar aspectos del signo que tenía olvidados y que no me daban quebraderos de cabeza por haberlos omitido, pero que afortunadamente ha conseguido poner otra vez en la picota provocándome un montón de bienvenidos problemas teóricos y metodológicos que me han hecho replantearme conceptos e ideas que había fijado en mi imaginario sin planteármelas siquiera con un poco de profundidad. Y como suele ser poco habitual encontrar una lectura que abra los sentidos de esta forma, tenía que contarlo.

Esta obra se titula Archaeology and the Senses. Human Experience, Memory, and Affect y es producto de la sensibilidad de Yannis Hamilakis (2014), y de eso precisamente trata, de la importancia de os sentidos en la arqueología y en la propia vida. En opinión del autor, la ciencia occidental ha ido postergando unos sentidos en favor de otros, como la vista, que han ido creando una ciencia aséptica lejos de la exuberancia de otros tiempos. El autor por supuesto, no niega la ciencia actual, más bien propone que hagamos un esfuerzo intelectual que nos ofrecerá paladear la experiencia cognitiva de otra forma, inusual, pero igual de sugerente.

Arque

Una de las razones por las que me ha enganchado la lectura de este libro es que da una vuelta de tuerca sobre una de las teorías (y una de las realidades) más asentadas en el Humanismo actual, la de que el ser humano de nuestros días es en realidad un Homo videns, citando a Giovanni Sartori y su Homo Videns: Televisione e Post-Pensiero (1997). En tiempos donde parece que las nuevas Humanidades Digitales se centran sobre todo en la imagen, fija o en movimiento, que ha propiciado la aparición de internet y de las nuevas pantallas, resulta poderosamente subversivo e inteligente un ensayo de estas características, que en el fondo dice verdades como puños, sobre lo que deberíamos tener en cuenta: no adormezcamos nuestros sentidos, usémoslos y seremos mejores científicos, y no solo eso, sino que empatizaremos mucho más con lo que ha sido la comunidad humana desde tiempos inmemoriales, algo que al fin y al cabo tendría que ser uno de los propósitos de la ciencia en general y de las humanidades en particular.

Esta  obra, además cuenta con un estilo de ensayo poderoso y propio, en el que la propuesta del autor intenta ser coherente con su ideario.homo

Hay que escribir ciencia pero sin olvidar que somos lectores, que debemos empatizar con lo que leemos, no solo con la idea de ciencia y de escritura esterilizada en pro de la mal llamada objetividad, perdiendo en el camino muchas connotaciones importantes, abandonando el resultado a estadísticas y estudios fríos y alejados del objeto de estudio, algo que es necesario sin duda, pero con lo que se puede lidiar, de manera que haya pasajes más humanizados y pasajes más atractivos que acerquen al lector a la obra y a seguir trabajando en un tema. No hagamos como ocurre en algunos congresos, donde uno habla y el resto está en otro mundo, escuchando solo a su voz interior y esperando a su turno para hablar. Eso no es compartir ciencia, es posible que no esté seguro de muchas cosas, pero de esto no tengo ninguna duda.


 

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