Reseña: ¿Qué es la transferencia tecnológica?, de Ugo Finardi

Carlos Santos Carretero (Universidad de Salamanca)

Finardi, Ugo. ¿Qué es la transferencia tecnológica? Editorial Intangible[1]. 2012. 1,21 €.

La labor de Ugo Finadi como periodista científico y divulgador de los Estudios sobre Innovación se hace palpable en su última obra, de título ¿Qué es la transferencia tecnológica?, breve libro en el que el autor italiano pretende ilustrar a los autores neófitos y curiosos en general acerca del complejo campo de la Transferencia Tecnológica (Technology Transfer en inglés, y TT a partir de ahora). Todo ello a través de un lenguaje claro, con ejemplos y que aboga por los tecnicismos justos.

En definitiva, el conocimiento genera lo que se denomina técnicamente (en el lenguaje de los economistas)  “externalidades positivas”. Las externalidades positivas se generan por el uso de un bien externo a quien (persona o ente) lo posee, y en este caso se crean sin que haya una corresponsión por el uso del bien.

Queda perfectamente demostrado a lo largo de las primeras páginas que el conocimiento, en su sentido más amplio del término, puede ser poseído por varias personas a la vez y ser irrisoriamente reproducible (precisamente ahora mismo se está transmitiendo de manera muy sencilla el conocimiento que contiene de un libro), pese a que generarlo requiere un gran coste de producción.

Gracias a su carácter acumulable e ilimitado, el nuevo conocimiento va complementando al nuevo, lo cual genera, en términos económicos una vez más, “una bancarrota del mercado”.

El uso de este lenguaje comercial por parte de Finardi no es baladí, puesto que, una vez definido el conocimiento como elemento base de la problemática que le preocupa, se centra en un aspecto aún más fundamental: acercar la TT a la vida común, cosa que consigue al catalogar al conocimiento como bien duradero con el que es posible conseguir una compensación económica. No duda en ejemplificar todo esto mediante la figura del profesor, al que presenta como un ente que cede conocimiento a cambio de una retribución monetaria.

El punto que se pretende demostrar con esta relación entre conocimiento y comercio es demostrar que el segundo, junto con todos los bienes producidos por el hombre, dependen en gran medida del primero, especialmente en su vertiente tecnológica, bien fundamental e indispensable, capaz de crear economías que generen desarrollo y ocupación, y eso es algo que no se puede olvidar ni siquiera en estos tiempos de austeridad:

Los bienes producidos y en comercio resultan ser siempre en mayor medida bienes de “alta intensidad de conocimiento”, y de alto contenido tecnológico; para producirlos es necesario de hecho (y por tanto “contienen” en su interior siempre más) gran cantidad de conocimiento tecnológico, sin el cual no podrían ser realizados.

El esfuerzo que ha llevado generar los primeros apartados de la obra ve su recompensa llegado a este punto, puesto que finalmente el lector puede inferir una sencilla definición de TT. No es más que una aplicación práctica del conocimiento que permite obtener una compensación económica (o en especie), sufragando así los gastos que conlleva investigar. No obstante, seguidamente surgen nuevos interrogantes, como el desacuerdo entre los estudiosos de la economía a la hora de aplicar la TT y convertir el “conocimiento abstracto” en una innovación tecnológica. Debido al hecho de que tanta terminología comercial resulta abrumadora, el autor busca definirla de manera sencilla a través de unos cuantos ejemplos, para lo que en primer lugar destaca el papel de la publicación científica y la enseñanza como los instrumentos clásicos que transmiten el conocimiento y que se contraponen a la TT.

Dicha contraposición tiene su origen en un nuevo concepto, el de “patente”, medio que sirve para proteger el conocimiento, encerrándolo de manera que nadie lo pueda utilizar mientras dure su vigencia (generalmente veinte años).

Debido a que el amplio público al que está dirigida la obra puede no saber con exactitud los requisitos que se han de cumplir para que un objeto sea patentable, Finardi lo explica de una manera escueta y simple:

Un invento, para ser patentable, debe tener algunas características: novedad (debe de ser algo no inventado antes), actividad inventiva (obviamente, si no ¿que invento sería?) e industrialidad (es decir, debe de ser posible aplicarla en la práctica en un proceso productivo); además debe de ser lícita según la ley y estar descrita con suficiente precisión.

Esta definición de “patentable” es lo que choca con los ya citados instrumentos de transmisión de conocimiento: tan solo basta con que una invención sea mencionada en un artículo, ponencia o tesis para que no pueda ser patentable. Todo esto genera una problemática que ralentiza en ocasiones la difusión libre del conocimiento, ya que si alguien quiere patentar, entonces no se puede publicar.

Sin embargo, el autor recuerda con acierto que eso no significa que alguien no pueda ingeniárselas en producir una invención que evite el contenido de la patente y hacer la competencia. Aún así, se da un toque de atención a todos aquellos que piensan que patentar es una apuesta segura, puesto que esta decisión conlleva muchos costes, y en no pocas ocasiones se ha visto como una invención en la que se ha invertido muchos recursos económicos termina siendo un fracaso comercial al no haber encontrado al comprador o licenciador adecuado. Es en este punto donde un gran número de proyectos con patentes fracasan.

Otra de los problemáticas existentes entre patente e investigación son las de corte ético, como realizar patentes con dinero público, o que el objetivo de la investigación en sus fases tempranas difiera en gran medida del resultado final, operación que realizan empresas que solo buscan patentar y obtener conocimiento económico rápido, y no tanto descubrir cómo está hecha la naturaleza, afirmación que Finardi considera, de forma muy optimista, como la finalidad última de la investigación científica (2012).

Por eso mismo, recomienda hacer una buena investigación, con método y que pretenda descubrir algo nuevo. De esta manera se obtendrían mayores beneficios al patentar que si se realiza una mala investigación, carente de método o que copia a otros.

Llegados a este punto, resulta inevitable volver al ámbito de los tecnicismos, algo que Finardi explica con gran soltura al hablar del spin off académico. De manera análoga a las series de TV de gran éxito y que hacen surgir a otras con las que guardan personajes o situaciones comunes, se presentan pequeñas empresas o desarrollos tecnológicos que nacen a raíz de una investigación aún mayor. Por eso mismo, no es de extrañar que en ocasiones, un spin off tenga como base a una o varias patentes. Es más, esto es indispensable si se quiere que el conocimiento esté protegido y el spin off sea seguro.

Para mantenerlas con vida en sus primeros y difíciles pasos, universidades y entes investigadores crean Incubadores de empresas para poder comenzar su andadura comercial. Si logra mantener una cierta autonomía con el paso del tiempo, el spin off sobrevivirá por su propio pie. En caso contrario, habrá que cerrarlo. El lector puede preguntarse por qué surgen exactamente estas pequeñas empresas, a lo que el texto indica que su nacimiento responde más bien a una solicitación interna que a un mercado listo para acogerlas.

Estos spin off académicos, tienden a ir acompañados de lo que se conoce como Venture Capital y Bussiness Angels, conceptos más rígidos en los que no se puede ejemplificar como en el caso anterior. El primero de ellos (traducido como capital de riesgo) es una obra desarrollada por una entidad que arriesga un capital para sostener actividades que acaban de nacer. Por otra parte, los Business Angels son profesionales que se prestan a ayudar a los fundadores de estos spin off, y aunque no sean expertos en gestión empresarial o negocios, sí que deben ser profesionales en su campo de actuación. Ocurre lo mismo con las consultorías desarrolladas por los Departamentos e Institutos científicos, sin olvidar a las colaboraciones con empresas para desarrollar investigaciones con rápida aplicación comercial. Para Finardi este es un tema espinoso a nivel de definición, puesto que muchos de los conceptos aquí presentados aparecieron incluso antes de que el término TT hiciera acto de presencia. Una vez más se observa como la dificultad definitoria vuelve a hacer acto de presencia en la obra (2012).

Este conjunto de términos culmina con la introducción de technology scouting, antítesis del spin off académico, pues busca el conocimiento y la investigación desde dentro, algo en ocasiones poco recomendable, puesto que es un arduo proceso en el que muchas de las tecnologías planteadas inicialmente son rechazadas en favor de unas pocas.

Es normal que estos conceptos (y otras apreciaciones dejadas a propósito) puedan causar confusión ya no solo al lector que se acerca por primera vez a este campo, sino también a los que llevan tiempo en él. Pero la obra tranquiliza a todos al indicar que para solventar estos problemas de entendimiento, muchas universidades e instituciones han creado las oficinas dedicadas íntegramente al estudio de las TT.

Llegados a este punto del libro se desvela el propósito final de Finardi: establecer un nuevo modelo que complemente a los modelos clásicos de investigación y enseñanza, la llamada Tercera misión, tal y como se está dando a conocer entre los estudiosos de Gestión y Economía del conocimiento. Dicha propuesta podría definirse como “todo lo que permita transferir el conocimiento generado por los canales clásicos al exterior”, siendo su traducción inglesa Knowledge Transfer, término que en italiano y español es traducido de la misma manera que Technology Transfer (TT). Esto no hace sino añadir más relatividad y confusión al asunto, por lo que Finardi se apunta como reto conclusivo indicar las diferencias entre ambos conceptos, de la que se puede extraer finalmente que Knowledge Transfer es la organización de los canales del conocimiento, empleando para ello instrumentos como las propias actividades de investigación, convirtiéndose en un útil social más que inmediato. Por el contrario, TT es la aplicación del conocimiento en aras de obtener un beneficio frente a los gastos realizados, tal y como fue indicado previamente.

Toda esta búsqueda de la difusión del conocimiento se encuentra inmersa en un contexto de transición, en el que los avances son cada vez más rápidos y los costes mayores (eso sin tener en cuenta la competencia entre científicos, entidades y la sombra de la crisis económica). Por ello mismo, Finardi defiende el papel de la TT y la Tercera misión como tareas complementarias con las que extender la investigación científica y fomentar el crecimiento económico local. Todo ello con una claridad pasmosa.

Bibliografía

Finardi, Ugo (2012). ¿Qué es la Transferencia Tecnológica? Valencia: Editorial Intangible.

Caracteres vol.1 n.2

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Notas:    (↵ regresa al texto)
  1. 1 La editorial Intangible proporcionó una copia del libro para la realización de la reseña [nota de los editores].

Caracteres. Estudios culturales y críticos de la esfera digital | ISSN: 2254-4496 | Salamanca