Reseña: Literatura más allá de la nación, de Francisca Noguerol (et al.)

Vega Sánchez Aparicio (Universidad de Salamanca)

Noguerol, Francisca, María Ángeles Pérez López, Ángel Esteban y Jesús Montoya Juárez (eds.). Literatura más allá de la nación. De lo centrípeto y lo centrífugo en la narrativa hispanoamericana del siglo XXI. Iberoamericana-Vervuert. 2011. 213 pág. 24 €.

En abril de 2009 se celebró en la Universidad de Salamanca el “I Congreso Internacional: Última narrativa latinoamericana”, entre cuyos participantes destacaron algunos de los críticos y escritores mejor considerados en el panorama actual. Así, bajo la dirección de Francisca Noguerol, las aulas salmantinas se llenaron de las ideas y creaciones de autores como Alfonso de Toro, Jorge Volpi, Fernando Aínsa, Diamela Eltit, Fernando Iwasaki o Andrés Neuman. El éxito del encuentro aparece reflejado en Narrativas latinoamericanas para el siglo XXI: nuevos enfoques y territorios, volumen que reúne las ponencias y aportaciones que se dieron cita en esos tres días. Sin embargo, el desarrollo de este importante congreso para el ámbito de la literatura en América Latina, y la consiguiente aparición de sus actas, formaron parte de un proyecto llevado a cabo por un grupo de investigadores que, desde abril de 2007, han convertido los seminarios sobre últimas narrativas latinoamericanas en una “cita obligada”.

El manual que presentamos[1]es la prueba vigente de que la narrativa en América Latina se encuentra en una continua metamorfosis, en una adaptación imparable a una sociedad globalizada y a sus diferentes formas de vida. Los autores participan de los cambios de un mundo en constante movimiento y renuevan con sus creaciones el contexto del individuo actual. Literatura más allá de la nación[2]es el resultado del tercero de los encuentros, celebrado en Granada en abril de 2009, cuyas discusiones giraron en torno a la literatura y su dimensión transnacional. Así, los trabajos presentan cuestiones como el problema de una identidad que cruza las fronteras territoriales, lingüísticas y formales ya que, muchos de los autores citados, huyen de la asignación a una pertenencia concreta.

Este es el caso, por ejemplo, de los narradores puertorriqueños nacidos a partir de los años sesenta, cuyas poéticas se desvinculan, en palabras de María Caballero Wangüemert, de sus predecesores que “incidieron en la ocupación yanqui y sus consecuencias, entre ellas la presencia de una lengua extraña en su propio territorio” (Caballero, 2011: 19). Estos autores asumen su condición híbrida, como señala la doctora citando a De Toro, que rompe con las categorías genéricas y afianza la posibilidad del nomadismo y la transnacionalidad. Sin embargo este no-lugar del que habla Caballero no tiene que ver únicamente con su situación geográfica –señalemos, a propósito de esta idea, que la mayoría de ellos se mueve fuera de los límites de Puerto Rico–, sino que alcanza también las fronteras culturales y les proporciona soltura para manejarse en cualquiera de los territorios.

Los autores puertorriqueños presentados en el estudio de María Caballero comparten entre sí, además de esta conciencia extraterritorial, la atracción por los aspectos de una cultura digital y globalizada. De este modo, en los ejemplos que destaca la autora del artículo, los narradores abandonan el realismo social por uno virtual, más cercano a un lector que ya no puede concebir un mundo sin la presencia de Internet o las nuevas tecnologías. Así, Caballero señala en su esclarecedora lección la existencia de nuevos enfoques –como la novela gráfica, la de ciencia ficción de tendencia distópica o el realismo sucio– y formatos, ya que los autores proponen, además de la continuidad de sus exitosos talleres literarios, la apertura a otros espacios de creación, como los blogs.

En el ámbito de literatura fronteriza se sitúa también el trabajo de la profesora Ana Marco González acerca de las narraciones en el Norte de México. La autora, siguiendo los estudios teóricos de Néstor García Canclini o Martín Barbero, entre otros, y las aportaciones de narradores como Jorge Volpi o Fernando Iwasaki, recupera la idea de la “fractura de los Estados nacionales” (Marco González, 2011: 103) como marca definitoria de estos autores, cuyas tentativas se sitúan, según Marco González, en una “sociedad red globalizada”, una amplia estructura que abarca no sólo los referentes propios del país de origen, sino también los compartidos en este traspaso de líneas divisorias territoriales. En el caso concreto del Norte de México, la autora presenta la condición de marginalidad de la frontera, con respecto al Distrito Federal y a los Estados Unidos, y las circunstancias políticas, económicas y sociales que han determinado las características de este espacio geográfico estigmatizado por la violencia y el narcotráfico. De este modo, la exposición de Ana Marco González recupera los testimonios de autores a ambos lados de la Línea, dispuestos a presentar la frontera como un signo de “identidad escindida” (Marco González, 2011: 115), de multiplicidad lingüística o de una realidad cultural guiada, en muchos de los narradores, por la libertad del ciberespacio

Pero la transnacionalidad no es un aspecto únicamente característico de los autores originarios de estos territorios complejos, como la frontera Norte de México o Puerto Rico. El autor venezolano Juan Carlos Méndez Guédez, en un magnífico ensayo que desmantela la defensa de una cultura nacional que lo identifique, analiza dos novelas de los compatriotas Israel Centeno y Doménico Chiappe y otra del colombiano Pedro Badrán, para mostrar cómo es posible la idea de una dimensión múltiple desde la que leer o escribir, un “espacio líquido que todo lo contiene” (Méndez Guédez, 2011: 170). Las obras presentadas por el autor venezolano comparten la visión de un entorno cultural determinado por la tecnología y sus nuevas posibilidades. Así, estos autores ofrecen el cine, la comunicación instantánea de la videoconferencia y el email o la memoria reconstruida en las fotografías, a un individuo que, situado en la era de la revolución tecnológica, ha dejado de creer en conceptos canónicos para incluir nuevos modelos culturales.

De este modo, el profesor francés Karim Benmiloud, en un brillante análisis sobre la obra Los vivos y los muertos de Edmundo Paz Soldán, destaca la utilización de una cultura popular norteamericana, caracterizada por “la falta de referentes culturales tradicionales” (Benmiloud, 2011: 134), que propone un ejemplo de cultura basado en el celuloide, el deporte, los cuentos infantiles y el folclore, todo ello regido por la comunicación de los chats y la red social MySpace –precursora de la actualmente popular Twitter–. Así, para Benmiloud, Edmundo Paz Soldán escribe sobre una realidad Norteamericana, alejada en espacio de su Bolivia natal, y traspasa la frontera territorial para apostar por una literatura de referencias compartidas. En este mismo sentido de presencias massmediáticas, surge el estudio de Luis Manuel García Méndez sobre la novela La maravillosa vida breve de Oscar Wao, del dominicano Junot Díaz, quien realiza una combinación de los dos patrones culturales entre los que fluctúa –el dominicano y el estadounidense– y “lee en clave de cultura popular norteamericana”(García Méndez, 2011: 183). En el artículo de García Méndez además, con respecto a Livadia del cubano José Manuel Prieto, resulta interesante destacar la imagen que ofrece del viajero cosmopolita como paradigma que “resume la ciudadanía como flujo” (García Méndez, 2011: 184), ya que su condición nómada lo convierte en un “observador de paso, en todos los lugares”

Sin embargo, esta característica de autores que se mueven entre espacios y que presentan en su narrativa las cuestiones de ambas realidades no es un rasgo de las últimas generaciones únicamente. Ángel Esteban, en una inteligente demostración del cosmopolitismo de Guillermo Cabrera Infante, constata que el autor cubano, siempre adelantado a sus descendientes, supo combinar en su narrativa los aspectos de una sociedad y culturas globalizadas e integrar las particularidades locales que las constituyen.

Como puede comprobarse a lo largo de los trabajos que componen Literatura más allá de la nación, la transnacionalidad caracteriza no sólo a los autores cuyos orígenes se insertan en espacios híbridos, sino también a aquellos que optan por el exilio o el viaje como proyecto de vida. Partiendo de esta última percepción, el investigador Jesús Montoya analiza la novela de Gabriel Peveroni, El exilio según Nicolás, que, situada en el espacio apocalíptico de un Uruguay asolado por la peste, recupera la idea del autoexilio como vía de evasión del personaje principal. Montoya añade, por tanto, un matiz distinto al concepto de la desterritorialización, ya que realiza una lectura del no-lugar desde una clave tecnológica y posmoderna. Para Jesús Montoya, el individuo se siente desarraigado de su contexto presente, algo que lo fuerza a confiar y a conectarse a la red más amplia. Internet se convierte, así, para el protagonista, no sólo en un método de evasión, sino también en un territorio donde puede, en palabras del crítico, deslocalizarse mientras su cuerpo permanece estancado en un “espacio bio-geográfico (…) detenido en un interior (…) que en realidad reside en el interior de otro ente, una ciudad, una nación, un continente, devorados por la peste” (Montoya, 2011: 49). Montoya señala, además, cómo Peveroni introduce las posibilidades comunicativas de Internet como vínculo del personaje con su situación geográfica real. Este aspecto del uso de los foros o del correo electrónico aporta visibilidad al ámbito de las nuevas tecnologías en una novela previa a la revolución de las redes sociales como Facebook o Twitter. Además, Jesús Montoya indica cómo esta relación simbiótica con la computadora convierte a Nicolás, el sujeto protagonista, en un poshumano, que utiliza la máquina para combatir contra el hastío. El regreso de este personaje a la vida uruguaya constata, según Montoya, que tanto el desexilio virtual como el clásico conducen a la desazón del individuo. En esta misma línea apocalíptica o anti-apocalíptica, en este caso, Erika Martínez Cabrera presenta la novela Plop, del argentino Rafael Pinedo. En la obra de Pinedo, según la autora del trabajo, se niega la posibilidad de una salvación porque en el apocalipsis tras el cambio se promete la llegada de un mañana, pero Plop “toda ella es una negación del mañana prometido” (Martínez Cabrera, 2011: 85). Por tanto, después de la hecatombe no habrá otra vida, en Plop no hay salida.

Con relación a la utilidad de las nuevas tecnologías, el profesor Reinaldo Laddaga elabora una reflexión del empleo de estas en el ámbito de la literatura. En su trabajo, parte de la idea de la crisis creativa del escritor como tema generalizado en las tramas de la última narrativa en español. Laddaga plantea, en primer lugar, la crisis de las casas editoriales y la explica basándose en las teorías del editor norteamericano Joseph Epstein, quien señala, por un lado, la “modificación de estrategias en las casas editoriales” (Laddaga, 2011: 97) y, por otro, el fenómeno de la digitalización. Sin embargo, Reinaldo Laddaga indica cómo esta posibilidad de lectura y comunicación digital también puede ser un beneficio para los escritores, ya que facilita el contacto con los lectores. Laddaga, además, habla del cambio de perspectiva frente a la cultura de masas, ya que en los últimos años “hemos estado presenciando el paso de un régimen de consumo cultural de masas […] a un régimen de producción cultural de masas” (Laddaga, 2011: 98). De este modo, el profesor subraya cómo la sociedad se encuentra ante un espacio en el que la información rebosa, donde cualquier ciudadano puede hacer públicos sus pensamientos gracias a la presencia de las redes sociales. Por tanto, Laddaga justifica, al final de su ensayo, la falta de motivación creativa de los personajes de esta narrativa actual como un proceso de incredulidad en las instituciones; de manera similar que la crisis de la ciencia, los autores no sólo han perdido la confianza en el “sistema de ideas” (Laddaga, 2011: 100), sino también en una forma de vida. Así, culmina su exposición con una sentencia: “no hay correspondencia entre los principios que se sostienen y lo que efectivamente se hace”.

Sobre esta situación de la pérdida de las utopías se presenta el artículo de la doctora Francisca Noguerol. En su magnífico ensayo, analiza las propuestas de Bolaño ante la quiebra de los sistemas utópicos. De este modo, el narrador chileno plantea en sus obras, en palabras de la autora, “la recuperación del hedonismo […]; la escritura nómada […]; y, finalmente, la salvación a través de la imaginación y del arte” (Noguerol, 2011b: 62). Para sostener los planteamientos de Bolaño, Noguerol realiza un recorrido más que lúcido por los teóricos que han desarrollado, en primer lugar, la frustración de los proyectos utópicos, como Emilie Cioran, Paul Ricoeur o José Saramago –quien se mostró en los últimos años reacio al propio concepto– y por aquellos que han propuesto una recuperación de la esperanza basada en la búsqueda de nuevos sistemas en los que creer, alejados de los totalitarismos modernos. En esta línea Francisca Noguerol señala las teorías de Eduardo Grüner o Michael Foulcault –quien, tras defender el consuelo proporcionado por las utopías, ha suscitado los ataques de sus detractores–; además de quienes pretenden recuperar el concepto pero aplicándole un carácter menos dogmático, más crítico y desligado de fanatismos como los promotores del nuevo utopismo. En segundo lugar, Noguerol reflexiona sobre la presencia de las distopías y las contrautopías en la narrativa latinoamericana posterior a los ochenta, para demostrar que “el deseo de cambiar la realidad no desapareció en los años sesenta del pasado siglo” (Noguerol, 2011b: 64), así, la autora transita las obras de la chilena Diamela Eltit o del mexicano Jorge Volpi quienes, en sus novelas, han desmantelado con propuestas contrautópicas la validez de las promesas de los sistemas de poder. Finalmente, tras este explicativo análisis, la autora alcanza el concepto de las utopías intersticiales formulado por el sociólogo Michael Maffesoli, quien destaca la saturación de valores ante la que se encuentra la sociedad actual, motivo por el que propone la búsqueda de pequeños deseos más personales y basados en las emociones, “microutopías” (Noguerol, 2011b: 68), que Noguerol relaciona sabiamente con la intención de Roberto Bolaño. De este modo, Francisca Noguerol señala la obra de los autores cubanos como Leonardo Padura o Ronaldo Menéndez, entre otros, y del boliviano Edmundo Paz Soldán como reflejo de ese hedonismo, también defendido por Maffesoli, que recupera “el cuerpo, el juego, la vida improductiva y el carpe diem” (Noguerol, 2011b: 68) . Otra de las propuestas del escritor chileno, que la autora vincula con el sociólogo francés, se basa en la imposibilidad del individuo de permanecer unido a un único lugar que lo defina; el nuevo hombre de Maffesoli se mueve por mundos reales y virtuales, combate lo cotidiano y, como expone Noguerol, rompe “los límites entre realidad y ficción” (Noguerol, 2011b: 70), de ahí el interés por la escritura fragmentaria, múltiple y nómada. En último lugar, la autora presenta la “salvación por la escritura” (Noguerol, 2011b: 71), que Bolaño plantea en su espectacular Estrella distante, para la que Francisca Noguerol destaca la obra Cielos de la tierra de Carmen Boullosa, con quien termina su excelente exposición afianzando el desengaño de los proyectos utópicos y la fuerza de la palabra.

La recuperación de la vida cotidiana, de la anécdota y de las emociones se ha convertido, así, en los indicios del universalismo donde que se inscriben las nuevas tendencias de los narradores, como expone la profesora Adélaïde de Chatellus. En su trabajo, en primer lugar, realiza una defensa de la incorporación del fragmento en el último enfoque de la novela y del cuento. De este modo, De Chatellus señala, siguiendo a Milagros Ezquerro, que cuando este formato deja de considerarse incompleto tiene lugar la recuperación posmoderna de una forma clásica, manejada por narradores como Andrés Neuman, Juan Carlos Méndez Guédez, Fernando Iwasaki o Vicente Luis Mora en muchos de sus experimentos narrativos. Así, la profesora francesa llega al cuestionamiento genérico para optar por una denominación más justa como “formas breves” (De Chatellus, 2011: 158), además de la justificación del híbrido, como carácter más exacto que la pureza formal. Por otro lado, la profesora francesa señala cómo estos autores evitan identificar sus creaciones con un lugar concreto, de este modo, Jorge Volpi, por ejemplo, hablará sobre el fracaso de las ideologías del siglo XX insertando sus novelas en un ámbito universal. Por último Adélaïde de Chatellus presenta la universalidad semiótica de estos autores –promotores, además, de la estimulación imaginativa del lector– y sus obras, ya que optan por un ritmo narrativo basado en las experiencias vitales del individuo.

En cuanto a Andrés Neuman, referente incuestionable de estas nuevas perspectivas narrativas, el profesor Álvaro Salvador realiza un análisis sobre la poética de su ficción breve. Álvaro Salvador señala, en la misma tónica que De Chatellus, el retorno, por parte de Neuman, a la implicación del lector en el relato, a su “participación activa” (Salvador, 2011: 142). De este modo, el carácter híbrido o multigenérico de sus obras, aporta la posibilidad del juego, del sinsentido y del final misterioso. Además, para Álvaro Salvador, Andrés Neuman elige la velocidad, la tensión narrativa y el lirismo como aportes fundamentales en su teoría del cuento. De este modo, Salvador ofrece una perspectiva completa acerca de la obra de Neuman, que se presenta como posible método para la creación de la ficción breve, multigénero tan actual y base comunicativa de la red social Twitter. Por su parte, Andrés Neuman, en un excelente texto, a caballo entre la teoría y la creación artística, actúa de colofón y realiza una defensa más que convincente de la transnacionalidad, del tránsito, de la no pertenencia o del no-lugar, como emblemas. El autor señala, cómo el conflicto del espacio, para aquellos que, por su situación política, acompañaron a quienes abandonaron el país de origen, se ha convertido en la cuestión sobre dónde situarse en el momento de la escritura. Así, Neuman opta por una creación nómada, sin lugar, y una la literatura como “madre apátrida”. De este modo rompe con las pertenencias, con la búsqueda de una tradición literaria y defiende, de manera sublime, el valor de una ficción en tránsito, sin fronteras de patria. Por tanto, y para concluir, las palabras de Neuman, sus “10 fragmentos hacia ninguna parte”, podrían condensarse en esta maravillosa línea, de nuevo entre la teoría y la práctica: “lo leído forma parte de nuestra memoria tanto como lo vivido, lo deseado, lo imaginado o lo soñado” (Neuman, 2011: 205).

En definitiva, los artículos compilados en el presente volumen son una aportación clave para los últimos estudios en narrativa latinoamericana pues, partiendo de la idea de la transnacionalidad, consiguen abrir una visión más completa del término. Esta selección inteligente, por parte de los editores, confirma que las actuales formas de vida y comunicación abordan no sólo los espacios sociales y culturales, sino que también aportan matices más precisos a los nuevos métodos artísticos. Así, y para concluir esta reseña, aludiremos al comienzo: a la importancia de este proceso de investigación llevado a cabo por los autores del volumen. En el “I Congreso Internacional: Última narrativa latinoamericana” celebrado en Salamanca, Joaquín Guerrero-Casasola, uno de los ponentes del encuentro, reflexionó acerca de la importancia del ciberespacio tanto en la creación como en el acceso a las diferentes propuestas creativas. El escritor mexicano analizó los pros y contras de esta nueva herramienta que hoy día se ha convertido, como hemos comprobado a lo largo de esta obra, en un síntoma también de transnacionalidad.

Bibliografía

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Benmiloud, Karim (2011). “Los signos del Mal y la cultura popular en Los vivos y los muertos de Edmundo Paz Soldán”. Ed. Francisca Noguerol (et al.). Literatura más allá de la nación. Madrid: Iberoamericana-Vervuert. pp. 125-138.

De Chatellus, Adélaïde (2011). “Del cuento hispanoamericano a las formas breves en lengua castellana: hacia lo universal”. Ed. Francisca Noguerol (et al.). Literatura más allá de la nación. Madrid: Iberoamericana-Vervuert. pp. 155-166.

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Neuman, Andrés (2011). “Pasaporte de frontera (10 fragmentos hacia ninguna parte). Ed. Francisca Noguerol (et al.). Literatura más allá de la nación. Madrid: Iberoamericana-Vervuert. pp. 199-208.

Noguerol Jiménez, Francisca (et al.) (eds.) (2011a). Literatura más allá de la nación. Madrid: Iberoamericana-Vervuert.

Noguerol Jiménez, Francisca (2011b). “Utopías intersticiales: la batalla contra el desencanto en la última narrativa latinoamericana”. Ed. Francisca Noguerol (et al.). Literatura más allá de la nación. Madrid: Iberoamericana-Vervuert. pp. 61-76.

Salvador, Álvaro (2011). “Andrés Neuman en las distancias cortas”. Ed. Francisca Noguerol (et al.). Literatura más allá de la nación. Madrid: Iberoamericana-Vervuert. pp. 139-154

 


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Notas:    (↵ regresa al texto)
  1. En la reseña que presentamos a continuación nos referiremos más concretamente a los artículos que aportan una teoría o práctica aplicables a las cuestiones creativas en el ámbito de las nuevas tecnologías.
  2. La editorial Iberoamericana-Vervuert proporcionó una copia del libro para la realización de la reseña [nota de los editores].

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