El fracaso del Kindle, o el pronóstico fallido

Leía hace unos días a través que existe un maravilloso libro de 9 páginas, editado para Kindle y todavía hoy a la venta que se publicó allá por 2007 pronosticando el batacazo que, justamente, el Kindle se iba a dar en nada menos que cinco años. La prognosis como error es algo a lo que estamos todos expuestos, y más si nos movemos en las siempre movedizas tierras de las Humanidades Digitales; movedizas no por su peligro mortal, sino por su continuada mutabilidad. Eso es, también, lo excitante del campo de estudio.

El descubrimiento llegaba desde La viga en mi ojo, donde Javier Ríos comentaba la jugada a través de una publicación de Microsiervos. A un precio a todas luces abusivo de 3,54 dólares -y ni idea de cuánto en euros- (porque las cosas con precios bajos pueden ser también abusivas), la verdad es que mi lectura de este se limita a la versión de muestra. Cuidado, no es una lectura superficial, aunque pueda parecerlo: es toda una página y, por tanto, una lectura equivalente a -aproximadamente- el 11% del total del libro.

Why the Kindle Will Fail
El libro Why the Kindle Will Fail publicado para Kindle

Las conclusiones que saco son… bueno, ninguna. Lo cierto es que el Kindle ha hecho cosas bien cuando ha conseguido cabrear a buena parte del sector editorial de medio planeta, pero no es menos cierto que parte del cabreo que tienen está más bien justificado porque aunque empresarialmente todo tiene mucho sentido para Amazon, no siempre lo tiene desde la visión de las editoriales (o, más bien, desde sus divisiones de distribución) y -lo que es peor- desde el punto de vista del consumidor.

Ese cabreo puede traducirse (y, de hecho, está sucediendo ya) en reacciones desde la industria editorial que buscan reducir el poder que el Kindle ha ido acumulando. En parte esto se debe a que, al fin y al cabo, no ha optado por utilizar un formato relativamente estandarizado como el ePub ni un DRM conflictivo pero abrazado por otros soportes como el de Adobe. Juega en su propia liga, algo que le ha dado buenos resultados a otras compañías en el pasado, y que también le ha salido bien a Amazon.

Es difícil saber hasta qué punto el dispositivo habría funcionado bien para Amazon sin las decisiones de formato de archivo, DRM y demás cuestiones técnicas que se tomaron en su momento, pero si la presión sobre la compañía logra que el dispositivo se abra a más posibilidades de lectura, algo bueno saldrá de ello. El ejemplo más cercano que se me ocurre es el de Apple, aunque la compañía tiene diferentes políticas (en ocasiones muy enfrentadas), no solo entre diferentes dispositivos, sino incluso dentro de uno mismo.

Por ejemplo, Apple nos obliga (podemos saltarnos esas protecciones, claro, pero se trata de lo que la compañía nos da, no de lo que modificamos nosotros saliéndonos del redil) a descargar las aplicaciones de iPhone o iPad desde la App Store: da igual lo que sean, o si son gratis o de pago; deben descargarse desde la App Store. Esto mismo no sucede en su sistema operativo para ordenadores, aunque Mountain Lion ofrecerá la opción de dar “más seguridad” al usuario para restringir la instalación de programas a la Mac App Store (hay que insistir en que es una configuración optativa).

Apple nos vende música y vídeo (películas, series…) según la región a través de su tienda de iTunes, pero podemos reproducir los archivos multimedia que deseemos con independencia de dónde los hayamos comprado, descargado o convertido a un formato compatible sin necesidad de pasar obligatoriamente por su tienda. Esto, visto así, sin más consideraciones, muestra una incongruencia entre el tratamiento que se da al software y a los objetos de consumo multimedia. Claro que las implicaciones de lo que puede hacer un software con intenciones malignas son terribles, y algo de control desde el gran hermano puede estar justificado.

Los libros se pueden cargar en la aplicación iBooks en ePub que hayamos comprado en iTunes o bien que hayamos adquirido por cualquier otro medio. No sucede lo mismo con los libros específicos hechos con iBooks Author (que, además, solo funcionan en iPad y dejan de lado iPhone y iPod). Esto es algo más cercano a un modelo que podría abrazar Amazon con más facilidades: conseguir que ceda algo de control estricto sobre los libros de Kindle para permitirnos leer también formatos ePub (con o sin DRM; y dada mi oposición al DRM prefiero que no sea compatible… y sí, soy consciente de que los libros que Amazon vende tienen su buena protección digital incrustada de serie) sin tantas complicaciones ni majaderías. Quizás perderían algo de ventas en su tienda al abrir el mercado, y hay que tener en cuenta también que su modelo se basa en vender el hardware a precio ajustadísimo (quizá incluso con pérdidas) para que compremos contenidos, que es de donde salen sus ganancias reales, pero si esto tiene como resultado una mejor relación con las editoriales, igual hasta les viene bien. En cualquier caos, seguro que a los usuarios nos vendría bien.

El problema es que las relaciones empresariales no son así de sencillas, y hay montones de intereses en juego, cuando no simples cuestiones de lucha de poder y punto. Sea como fuere, han pasado los cinco años que el autor de ese libro de 9 páginas le daba al Kindle antes de estrellarse y estamos, precisamente, en su momento más dulce. No sabemos lo que pasará en unos años; quién sabe, a lo mejor su prognosis ha errado en la fecha y en realidad se va a cumplir porque va a la deriva y nosotros todavía no nos hemos dado cuenta. El fracaso del Kindle es, sí, un pronóstico fallido… hasta el momento.

5 pensamientos sobre “El fracaso del Kindle, o el pronóstico fallido”

  1. A ver si siguiéndote logro hacerme con el vocabulario que me ayude a acceder a los textos que escribes a carta cabal y no me pierdo y así ePub…, pues eso, que no sé qué es. Poco a poco, es mucha la fortaleza y, por tanto, la paciencia… Te seguiré en twitter y así me llego por aquí de vez en cuando.
    Gracias.

  2. Perdona, ya que estoy por aquí… De comprar un e-reader… aconsejas… ¿cuál? Y en caso de no ser ese… ¿qué otro?

    Perdona mi desparpajo y toma de posición y confianza (hay realidades que o se toman o se pierden).
    Gracias.

    1. Hola, Antonio. En cuanto al vocabulario no sé si te servirá en todos los casos, pero en la revista hay un campo conceptual (http://revistacaracteres.net/campoconceptual/). En este caso, no está incluido epub, pero es uno de los diferentes formatos de publicación en libro digital.

      En cuanto al lector, supongo que depende de lo que busques. Yo estoy contento con el Kindle, pero si el plan no es comprar libros en su tienda y sí hacerlo en otras, supongo que otros modelos son más recomendables. La gente que conozco con lectores de Sony está satisfecha y tienen modelos interesantes. Es cuestión de ver el catálogo.

      El Kindle igual es difícil verlo físicamente en una tienda, pero para los otros modelos en las grandes superficies suelen tener varios. Deberías mirar si te resulta fácil de manejar (menús, botones…) y si la pantalla tiene suficiente tamaño y calidad como para permitirte leer bien sin tener que poner un tamaño de letra enorme.

      Espero que te sirva de ayuda.

  3. Muy interesante el artículo Daniel. Efectivamente de donde Amazon pretende sacar beneficio es de la venta de contenidos, precisamente el tema de licenciar estos contenidos fuera de EE.UU. es lo que está retrasando la llegada de Kindle Fire.
    Para mí el ejemplo a seguir es el de la editorial O’Reilly, que vende sus libros electrónicos en PDF, Mobi (kindle) y Epub sin DRM y en “bundle” libro en papel + ebook y creo que les va muy bien. Digo que es un ejemplo porque dan al lector la posibilidad de elegir sin tener que pensar en convertir el archivo o en si su dispositivo de lectura es compatible, etc.
    Un saludo

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